• Lunes, 20 de Noviembre de 2017

ENTREVISTA A TERESA MARTÍNEZ, EXPERTA EN EL MODELO ACP

"La ACP se centra en las capacidades, en el valor singular, las preferencias y los deseos de los residentes"

El modelo de atención centrada en la persona, ACP, se está imponiendo como camino a seguir en la atención residencial. La experta Teresa Martínez nos explica sus características esenciales.

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¿Qué es en lo esencial el modelo de atención centrado en la persona, ACP?

Es un enfoque que pretende orientar los servicios de atención a las personas mayores que precisan cuidados, permitiendo que éstas tengan control real sobre su vida cotidiana, favoreciendo así su bienestar y su calidad de vida.

La ACP supone una nueva mirada a la calidad de los servicios. No solo se fija en las carencias y necesidades de las personas, sino también en sus capacidades, en su valor singular, en sus preferencias y deseos. Parte del reconocimiento de la dignidad de cada persona y de su derecho a seguir siendo dueña de su vida. Algo que muchos de los servicios actuales no han contemplado suficientemente, muy centrados en objetivos clínico/terapéuticos o en objetivos de una buena gestión económica.

Hasta la aparición de este modelo ¿los cuidados a personas mayores en centros residenciales no se centraban en la persona?

Pensaban en las personas mayores pero desde una visión sesgada. Desde una mirada vinculada al déficit y a las patologías, lo que dificulta ver al ser singular, diferente y valioso que cada persona somos, sobre todo cuando tenemos muchos años y hemos recorrido toda una vida. Podríamos decir que los cuidados se han concebido, y todavía se conciben, desde una posición muy paternalista, desde una perspectiva asistencial, donde el profesional y la institución u organización deciden por el bien del otro (para que mejore, para que no lo pase nada…) ignorando lo que cada persona siente y piensa que es importante para seguir disfrutando de una vida con sentido. Algo esencial para ser feliz también en la vejez.

¿Qué beneficios ofrece el modelo al residente?

En las dos últimas décadas se han publicado estudios, la mayor parte realizados en países desarrollados que hace ya años han apostado por este cambio de paradigma en salud y en cuidados de larga duración, que nos muestran mejoras en la calidad de vida cuando se aplica la ACP. Existe evidencia científica especialmente en personas con demencia. Estos modelos e intervenciones reducen significativamente la agitación de estas personas y sus alteraciones de conducta, que en muchos casos no son otra cosa que expresiones emocionales de malestar ante un entorno que no cubre sus necesidades.

Además, los estudios señalan resultados beneficiosos también para las familias (mayor satisfacción con la atención recibida y mayor implicación en el cuidado), para los profesionales (mayor satisfacción labor y reducción del estrés) y para las organizaciones (se reducen conflictos, se disminuye el abandono laboral y aumenta la ocupación del servicio). Esto son datos muy importantes que no deben ser ignorados y que nos indican que no hay que seguir haciendo “más de lo mismo”.

¿Es un modelo aplicable a grandes dependientes?

Rotundamente sí. De hecho las evidencias muestran que las personas que mayores beneficios obtienen son las personas con una demencia avanzada. Estas tienden a quedar aisladas en los servicios, recibiendo una atención meramente de custodia. A los profesionales y a los familiares les resulta difícil conectar con ellas. La ACP ofrece un marco y técnicas que les ayudan a verlas de otra manera, a reconocerlas y a comunicarse con ellas. Los modelos residenciales para estas personas proponen espacios reducidos, hogareños y significativos que, junto con otra forma de organizar y dispensar la atención, permiten a las personas con gran dependencia una mayor implicación en su entorno y una mayor calidad de vida.

Una de las confusiones más frecuentes es pensar que la ACP solo se puede aplicar a personas con buen estado cognitivo. Precisamente este enfoque surgió en gerontología en el ámbito de las demencias (Kitwood y grupo de Bradford) hace ya varias décadas. Las personas con demencia, con apoyos, pueden seguir tomando decisiones en muchas cuestiones de su día a día. Para ello precisamos de entornos positivos que lo permitan. Cuando la demencia está en una fase avanzada, el ejercicio de la autodeterminación se realiza de forma indirecta, a través de los demás, pero siempre desde la perspectiva de la persona, teniendo en cuenta su vida previa, sus valores, su modo de vida, y observando en la actualidad lo que ésta expresa y siente.

¿Es más caro este modelo?

Depende del punto de partida del servicio, centro u organización. La formación de los profesionales y su acompañamiento es imprescindible. Hay casos que, además, pueden requerir una inversión inicial, por ejemplo reforzando la ratio de profesionales o haciendo cambios ambientales. Pero esto no pasa en todos los casos. Sin embargo, a medio y largo plazo esta inversión inicial revierte. Como he señalado los servicios son más demandados y tienen una ocupación alta. 

¿Necesita más recursos?

Con escasos recursos será difícil aplicar estos modelos de atención. Pero la  ratio de profesionales, por sí sola, no es una condición suficiente para avanzar hacia la ACP, esto también hay que decirlo alto y claro. Se requieren de otras condiciones organizativas que se derivan de esta forma diferente de ver a las personas. Por ejemplo, los gerocultores, deben tener asignación estable (no rotar por plantas o unidades o domicilios, atendiendo unos días a unas personas y otros a otras). Solo así se puede llegar a conocer bien a las personas, crear vínculos afectivos y relaciones de confianza. Cuidar no es solo ofrecer servicios técnicos, es acompañar, comunicarse y lograr que la persona se sienta comprendida, valorada y apoyada. Si no es así, la atención queda corta, queda en algo mecánico (asear, curar una úlcera, dar de comer, vestir, ofrecer una actividad de entretenimiento o terapia…).

Por su parte, los profesionales más cualificados, integrados habitualmente en equipos técnicos, siguen siendo muy necesarios, pasando a tener un rol más consultor, apoyando a otros profesionales, sin por ello perder sus competencias en asuntos que requieren una especialización, obviamente.

¿Qué es necesario para implantarlo correctamente?

Lo primero, un claro compromiso y liderazgo por parte de los responsables. La ACP no es solo cosa de los profesionales. Si no hay compromiso al más alto nivel, el proyecto suele quedar en buenas prácticas bien intencionadas conducidas por profesionales, pero aisladas. Se necesita informar y comunicar bien del cambio a todos los implicados (familias, personas mayores, profesionales, sindicatos). Hay que buscar aliados e implicarlos en un cambio que debe ser participativo. Es imprescindible la formación y el apoyo a los profesionales. Una formación que debe partir de la reflexión sobre la visión de las personas mayores, el cuidado y que ha de concretarse en cambios en los modos de estar y hacer. La planificación de lo que yo he denominado “una ruta propia” es indispensable, no vale aplicar un protocolo hecho por una consultora o pensar que con aplicar un instrumento o intervención a la ACP ya es suficiente. Todo ello requiere, en la mayor parte de los casos de cambios organizativos en los servicios. Finalmente quiero apuntar la necesidad de evaluar para conocer los resultados y así guiar correctamente el proceso.

¿Quién y dónde deben formarse los profesionales?

Hay diversos másteres que ya incluyen la ACP en sus títulos o contenidos. El primero que se puso en marcha, de gran calidad, es el que organiza anualmente la Universidad de Vic en colaboración con Fundación Pilares. Lleva ya varias ediciones, se dirige tanto al ámbito del envejecimiento como al de las personas con discapacidad, integración que resulta muy enriquecedora.

En las formaciones regladas, tanto de módulos como de grados, cada vez es más frecuente que se incluyan contenidos relacionados con la atención centrada en la persona.

¿Qué nivel de implantación tiene ahora en España?

Existe un alto interés, sin embargo estamos en un estado de desarrollo inicial. Hay iniciativas pioneras muy interesantes, como es el caso de Fundación Matía, la Junta de Castilla y León o los centros de día del Ayuntamiento de Madrid. También centros privados, empresas y entidades sin ánimo de lucro, que están haciendo esfuerzos en esta línea.

Algunos centros y equipos afirman que “esto ya lo hacemos”. Yo suelo recomendar llevar a cabo una revisión participativa analizando los procesos de atención cotidiana. Cuando esto se hace, se tiene la oportunidad de constatar tanto las prácticas afines como las distancias, que no suelen ser pocas. En el año 2013 diseñé el método Avanzar, una herramienta que permite la revisión participativa de residencias y centros de día. Es un instrumento de acceso libre en mi web www.acp.gerontologia.com que según la evaluación realizada a muchos centros les ha resultado de  gran utilidad.

¿Qué opinan los directivos de los centros residenciales sobre este modelo? ¿Qué acogida está teniendo por los empresarios?

En el 2015 presenté mi tesis doctoral (Universidad de Oviedo) sobre Modelos de atención y evaluación de ACP analizando una amplia muestra en residencias y centros de día. Fue el primer estudio realizado en España sobre estos modelos de atención. Los directores, muy receptivos a este enfoque, señalaban sin embargo la necesidad de formación y también de incremento de recursos, especialmente en gerocultores. Los empresarios tienen interés, pero les preocupa, lógicamente, el tema del coste y la financiación. Tienen claro, creo yo, que es el futuro, porque es el desarrollo que ha tenido en otros países y es lo que vamos a exigir las nuevas generaciones. Los empresarios que no se centran sólo en la ganancia a corto plazo están ya en ello. Lo importante es que las apuestas sean auténticas y no se queden en lo declarativo o lo anecdótico.

¿Están las administraciones apoyando la implantación del modelo? ¿Dónde?

Cada vez hay mayor sensibilidad e interés. Vamos tomado consciencia de que lo que tenemos, sin negar las mejoras que en los últimos 30 años se han producido en cuanto a las condiciones materiales de los centros y a la profesionalización, es francamente mejorable, que es necesario un giro que ponga a las personas realmente en el centro de la organización y de las decisiones. La calidad no está solo en los metros cuadrados, en los protocolos y en la ratio de profesionales. Estas condiciones deben estar inequívocamente vinculadas a un modelo de atención y gestión que ofrezca a las personas vidas significativas y control sobre sus cuidados.

Hay que destacar la iniciativa legislativa llevada a cabo en Castilla y León donde se ha aprobado una nueva normativa de autorización y acreditación en residencias y centros de días para apoyar estos modelos, impulsando el modelo residencial que se organiza en pequeñas unidades de convivencia. También, el Gobierno Vasco y el Ayuntamiento de Madrid están abordando cambios normativos y en las condiciones de concertación de servicios. Otros gobiernos autonómicos ahora están en fase de elaboración de normativas inspiradas en este enfoque de atención. Algo importantísimo para impulsar estos nuevos modelos y que a mi juicio es una responsabilidad pública ineludible para eliminar barreras y apoyar este necesario cambio en los modelos de cuidados a las personas en situación de dependencia.

¿Podría mencionarnos algunas buenas prácticas que se estén aplicando?

Fundación Matía (País Vasco) ha sido pionera del cambio del modelo en sus residencias y centros de día. Una iniciativa que reconvierte las residencias tradicionales en unidades de convivencia, proceso que se ha realizado con autenticidad y rigor. Sin duda un ejemplo.

Los centros de mayores en Castilla y León, apoyadas por la administración pública, van también en este camino. La experiencia en el centro Los Royales (Soria) es otro ejemplo a destacar.

Quiero también poner en valor la gran labor que viene realizando la fundación Pilares para la autonomía personal en la conceptualización y difusión de este enfoque, así como su labor de acompañamiento que realizan. Les recomiendo que visiten su web y especialmente que conozcan su red de  buenas prácticas “Modelo y ambiente” donde se pueden consultar experiencias españolas y latinoamericanas afines a este enfoque de atención.

Para finalizar ¿qué proyectos, como experta en ACP le ocupan en la actualidad?

En la actualidad, en cuanto a investigación, me ocupan dos proyectos. El primero, la evaluación de la aplicación que ha tenido el método Avanzar al que me referí antes. Seguramente de ello se derivará una segunda versión revisada. En segundo lugar, en colaboración con el Grupo de investigación de evaluación psicométrica (departamento de Psicología de la Universidad de Oviedo) estamos validando un modelo de evaluación de centros desde la ACP. Permitirá medir el grado de aplicación de este modelo en los centros combinando la opinión subjetiva de los implicados en el cuidado (personas mayores, familias, profesionales y directores) con una evaluación externa realizada por expertos.

Teresa Martínez. Doctora en ciencias de la salud por la Universidad de Oviedo. Licenciada en psicología por la Universidad Complutense. Diplomada en gerontologia social por la Sociedad Española de Geriatría y Gerontologia. Experta en modelos de atención y evaluación de atención Centrada en la persona. Creadora de la web acpgerontologia y del blob, la ACP un camino por recorrer.