• Miércoles, 22 de Agosto de 2018

MÁS DE 130 VOLUNTARIOS ESCUCHA ATIENDEN CADA AÑO A PERSONAS CON DOLOR AFECTIVO

Centros de Escucha, tablas de salvación cuando el dolor te supera

Los Centros Escucha nacieron en el 2009 de la mano del director asistencial de `Los Camilos´, Juan Carlos Bermejo, para atender a una mujer rota de dolor tras el fallecimiento de su hijo. Un proceso, el del duelo, que puede llevar hasta dos años aceptarlo y superarlo. Cuando no podemos hacerlo de manera natural y personal, lo mejor es pedir ayuda.

Atención Individual en el Centro de Escucha.
Atención Individual en el Centro de Escucha.

Rosa (55 años) es voluntaria del Centro de Escucha San Camilo, el primero de estas características que se abrió en España. Licenciada en Filología inglesa, abandonó la enseñanza tras fallecer su hijo Javier con 27 años. Aquel accidente mortal de hace cuatro años cambió todo, no solo para Rosa, sino también para su marido y sus otros dos hijos Laura (18 años) y Carlos (22 años).

 “Al principio estaba en un estado de negación, de profunda tristeza y de rabia. Me parecía muy injusto lo que había pasado y pensaba cosas como ¿Por qué hay asesinos que viven y mi hijo, que era un ser maravilloso, tiene que fallecer? Fue mi marido quien tomo la decisión de que de alguna manera tenía que salir de ahí, tenía que recibir ayuda y acabé haciendo terapia de grupo en el Centro de Escucha de San Camilo. Al principio era muy reacia a ir, de hecho en el primer contacto que tuve con mi terapeuta Valentín, le dije ¿Qué voy a solucionar viniendo yo aquí, si mi hijo no va a volver a la vida? No aceptaba la perdida de mi hijo, y ellos me ayudaron a hacerlo, especialmente me ayudó el compartir como me sentía y lo que pensaba con personas que estaban en mi misma situación. Poco a poco empecé a “mejorar”, aunque el duelo es para siempre, y más cuando se pierde un hijo”.

Tras aquella primera visita al Centro, vinieron muchas más que despertaron en Rosa la idea de poder ayudar a otras personas a superar el duelo. Realizó un master en Couselling y después un curso para ser `terapeuta escucha´, siendo actualmente voluntaria `escucha´ del centro donde atiende a personas que han sufrido distintas pérdidas.

“El duelo tiene un poder curativo siempre y cuando sepas entenderlo, manejarlo y darle sentido”

 

“Creo que el haber vivido la pérdida de mi hijo, me hace tener bastante empatía con personas que están en circunstancias similares a la mía. Además, esto me ayuda a mí también, porque es una forma de gestionar mi resilencia, en una fase donde ya he aceptado lo que me ha ocurrido y en la que intento fortalecerme con lo que me ha pasado, sacando fuerzas e intentando vivir”, añade Rosa.

SONY DSCGrupo de` voluntarios escucha´ durante una de las sesiones de debate y formación.

Y es que el duelo en algunos casos tiene un poder curativo, “siempre y cuando sepas entenderlo y manejarlo y darle sentido -señala Marisa Magaña, directora y counsellor del Centro de Escucha San Camilo- porque también hay gente que se engancha en ese sufrimiento, y entra en una espiral de victimismo, del “yo lo tenía que haber evitado”, o se ensañan en esos últimos momentos con los médicos en las situaciones mas difíciles y de ahí no salen. Podríamos decir que hay dos tipos de sufrimiento, uno que te ayuda a ir evolucionando, creciendo, a salir de ahí, y otro que te hunde que te lleva a la ansiedad y a la depresión. Nosotros trabajamos para que ese dolor evolucione positivamente”, explica Marisa.

El Centro de Escucha de `Los Camilos´ surgió en el año 2009 precisamente como respuesta a la necesidad de tratar el dolor afectivo de una conocida del director del centro asistencial San Camilo, Juan Carlos Bermejo, que al igual que Rosa había perdido en un accidente a su hijo, y que tuvo que hacer un largo periplo para poder recibir una mínima ayuda y superar la tristeza que le invadía. Ni Servicios Sociales, ni la familia, ni los allegados estaban preparados para ayudarla, y fue entonces cuando se dieron cuenta de que no había un tratamiento para ese dolor, que este tema era invisible y que no todas las personas viven el duelo de la misma manera.

El Centro de Escucha fue el primero de España en ofrecer atención para tratar el dolor afectivo

 

Así surgió el primer Centro de Escucha de España, centrado en una ayuda muy humanista, de empatía, de escucha activa, donde estas personas pudieran desahogarse, encontrar consuelo, recibir unas orientaciones que les permitieran superar la dureza de ese momento.

El Centro cuenta hoy con dos sedes en Madrid, mas de 130 voluntarios `escuchas´ como Rosa, que atienden a cerca de mil personas al año que viven o han vivido un duelo por una pérdida a veces traumática, o situaciones de crisis como conflictos familiares (entre parejas, padres e hijos,…), de enfermedad, o de abandono de pareja. Y más de 30 centros hermanados en toda España, además de en Argentina, Chile, o Perú de los que forman parte profesionales con formación específica como cousellor, o sobre duelo e intervención en pérdidas. Además cuenta con una Unidad Móvil de Intervención en Crisis y Duelo, UMI, preparada para atender en situaciones traumáticas, cuando los servicios de emergencia se retiran.

“Una formación necesaria, pero que hasta ahora no se abordaba ni se estudiaba en la carrera de Psicología. Cada vez se va imponiendo más la cultura de que no todas las personas tienen la capacidad de salir adelante por sí mismas en un duelo, pero hay veces que se complica por distintas circunstancias y necesitan una ayuda profesional”, apunta la directora del Centro de Escucha.

Superar el fallecimiento de un ser querido puede llevar hasta dos años

 

El duelo, apunta Marisa Magaña “necesita su tiempo. Hay un desconocimiento del proceso, del tiempo y del ritmo que lleva la resolución de un duelo. Como una orientación, porque hay muchas diferencias puntuales y distintas circunstancias que hacen que una persona evolucione de una manera o de otra. Podríamos decir que dependiendo de la perdida, entre un año y dos es el tiempo en el que una persona ha de empezar a ir regulando sus emociones, a ir teniendo ciertas ganas de salir con amigos, de ir a tomar algo; en fin, de volver al mundo social que le devuelva la estabilidad emocional y de reenganchar y rehacer su vida, pero no antes. Porque efectivamente el precio que se paga por perder a un ser querido, por romper ese vínculo tan importante, no se sana ni en dos, ni en cuatro, ni en seis meses".

mayor_actual_Marisa_MagañaMarisa Magaña es Psicóloga, consellor y directora del Centro de Escucha `Los Camilos´.

"Hablamos de un primer año en el que hay personas que sobre todo en los primeros seis meses lloran a diario, y los primeros tres o cuatro meses unos días son malos y otros peores, y eso es importante que lo sepamos. Primero para que nosotros mismos nos respetemos en ese momento difícil y nos permitamos el duelo, sin tener que estar activos, que estar fuertes. Y luego también hay que ayudar a los demás para que sepan como pueden ayudarte a salir adelante”, cuenta Marisa.

Un tiempo que hay que darse también a la hora de deshacerse de las cosas de la persona fallecida “muchas personas lo hacen de forma casi inmediata, vaciando armarios, recolocando o regalando objetos. Pero en esos primeros meses, no hay que forzar nada. Si la habitación está intacta y la persona no tiene capacidad para entrar, recolocar las cosas, o de tirar, y regalar ¡que no lo haga!, no hay prisa. Hay que dejar un poco al ritmo de la persona”.

Un duelo además, se dice que no se acaba nunca, hay lo que se llama `los picos de duelo´, que coinciden con aniversarios, el verano, las navidades, un montón de momentos que te vuelven a recordar mucho a la persona y que produce ese pico, en el que nuevamente caes en esa melancolía, en esa tristeza, aunque poco a poco vas saliendo y dura mucho menos que al principio, pero sí se renueva ese sentimiento de tristeza y eso puede durar mucho tiempo, incluso toda la vida.

Si el llanto, y la pena no ceden y la persona se aísla, quizá necesite atención profesional

 

Este proceso de superación del duelo hay veces que se complica, y la frecuencia y la intensidad del llanto y de la pena, no ceden, y la persona empieza a abandonarse y aislarse, es entonces cuando deben saltar las alertas y pedir ayuda profesional, como le sucedió a Rosa. Si además tiene pensamientos suicidas, se siente angustiada o tiene una rabia profunda, deberían hacernos saltar las alarmas antes.

En estos casos algunas personas son tratadas con antidepresivos, pero tal y como recuerda Marisa Magaña “el duelo, así por definición, no es un trastorno, no es una enfermedad, con lo cual inicialmente no requeriría medicación, excepto en circunstancias extremas y no por estar muy triste, porque desgraciadamente es lo que toca en un duelo. Esa tristeza tiene una capacidad adaptativa, y por eso es bueno no evitarla, forma parte de mí en ese momento de mi vida y entiendo porqué estoy así y poco a poco siguiendo este camino, la expreso y se terminará yendo. Esto es un camino que hay que atravesar, antes o después”.

La atención es gratuita para todas las personas, independientemente de sus creencias

 

El trabajo en los grupos del Centro de Escucha consiste precisamente en aprender a aceptar y superar el duelo, trabajando el recuerdo y lo vivido con la persona fallecida, pero lejos de la resignación “trabajamos para que la persona entienda que la resignación, el buscar el sufrimiento, el redimir a través del dolor no es sano, y son mensajes mal entendidos”.

La asistencia al duelo que ofrecen estos Centros es gratuita y las personas que acuden, bien lo hacen por su cuenta, o van derivados de Servicios Sociales, sanitarios, etcétera. El 70% son mujeres “no porque los hombres no vivan esa perdida de manera intensa, sino porque la mujer busca de manera casi mas instintiva el desahogo, el consuelo; mientras que el hombre en términos generales lo evita más, y busca el distraer la mente para no dar vueltas a lo mismo, y justo venir a un sitio a buscar el desahogo y a hablar de ello va en contra de ese sentimiento mas pragmático de tirar para adelante”, concluye Magaña.

Hoy Rosa puede continuar con su vida, además de su labor como voluntaria `escucha´ canta en un coro, ha vuelto a pintar y de vez en cuando da clases de apoyo de inglés, “todo me ayuda en la elaboración del duelo y para seguir mi vida como resilente”, concluye.

Para más información: Centro de Escucha de San Camilo. Teléfono 91 803 40 00