• Martes, 21 de Noviembre de 2017

SIETE PLAYAS DE ESPAÑA QUE JUSTIFICAN POR SÍ SOLAS UN VIAJE

Este otoño escápate a la playa

El cambio climático trae otoños más suaves y playas sin aglomeraciones. Pero por si el tiempo no acompaña, te mostramos siete destinos playeros con plan alternativo.

Viajar fuera de temporada es un privilegio al alcance de pocos. Las playas siguen ahí, con todos los alicientes que empujan a cientos de miles de personas a disfrutarlas durante el verano, pero sin tanta gente. Y además, ahora el tiempo acompaña. En esta selección hemos escogido 10 destinos donde la playa justifique por sí sola un viaje. Pero además, por si el tiempo nos juega una mala pasada, se encuentran en entornos que ofrecen otras alternativas para disfrutar.

 

1. Playa de Rodas, Islas Cíes, Pontevedra, Galicia

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La Playa de Rodas fue escogida como la mejor playa del mundo por el diario Británico The Guardian que en 2007 la describía así: "Los vecinos la llaman 'la playa caribeña'. El agua es lo bastante turquesa y la arena suficientemente blanca como para creerse la comparación... hasta que metes el dedo del pie en el agua". Y sí, el agua está fría, y llena de vida. A las Cíes se llega en barco, desde Vigo, Cangas o Bayona. Los billetes cuestan 16 euros (18,50 euros en julio y agosto). 

La playa tiene un kilómetro de largo y enfrente se avistan espectaculares panorámicas del litoral de la Ría de Vigo. En la zona se puede visitar Bayona, La Guardia, hacer un recorrido por las Rías Bajas, o acercarse a Santiago de Compostela.

Las Cíes son un paraíso para descubrir sin prisas. Eso sí, no pierdas el barco de vuelta. 

 

2. Playa de Torimbia, Llanes, Asturias

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Se encuentra en el concejo de Llanes. Hay que llegar a Niembro y luego un pequeño paseo a pie te deja en esta playa, de 500 metros de largo y 100 de ancho, en forma de concha, de arena fina y blanca y de aguas transparentes. Es una playa nudista donde también acuden personas que no practican el nudismo. Los días claros, desde el aparcamiento se tienen vistas espectaculares de la costa asturiana y de la montaña.

Muy cerca se encuentran las playas de Gulpiyuri y Cuevas del Mar, otras joyas naturales que no te puedes perder. Llanes está a mitad de camino entre Santander y Gijón, y en la zona puedes visitar lugares preciosos como Ribadesella, Cangas de Onís, Villaviciosa o hacer un recorrido de alta montaña por los picos de Europa, disfrutando de su gastronomía y de un abundante y bien conservado patrimonio cultural.

 

3 Playa del Sardinero, Santander, Cantabria

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La playa del Sardinero es una de las playas urbanas más bonitas de España. De arena fina y dorada, durante la bajamar podemos recorrer el arenal y disfrutar de las vistas de la ciudad y de la bahía. Al estar en el centro de la ciudad podemos aprovechar todos los servicios que tiene. Y si el día viene nublado, Santander y su bahía nos ofrecen multitud de opciones de ocio y culturales. 

Desde las pasarelas del Centro Botín se obtienen estupendas vistas de la Bahía y del paseo marítimo, y en un corto paseo puedes visitar el Museo de la Prehistoria, un museo moderno, divertido y muy interesante, que muestra piezas de gran valor arqueológico y recorre la prehistoria y los primeros pasos de la humanidad a través de importantes hallazgos realizados en las cuevas Cántabras y otras de España y Francia principalmente.

Y si te gustan las cuevas, en 100 kilómetros a la redonda puedes ver un montón de cuevas con pinturas prehistóricas y con formaciones geológicas que representan la mayor concentración de estas maravillas culturales y naturales existente en Europa.

 

4 Playa de La Concha, San Sebastián, País Vasco

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La Concha de San Sebastián es la playa urbana más bonita del norte de España, con permiso de El Sardinero. La ciudad se articula entorno a la playa y a la bahía, y en ella se dan cita los donostiarras de toda la vida y con los turistas que visitan la ciudad. De la misma bahía se forma la playa de Ondarreta, más familiar, y cerca está la de Zurriola, de ambiente más joven y surfero.

A lo largo del paseo de la Concha encontramos varios elementos con personalidad propia y reconocidos fuera de la ciudad: su barandilla, uno de los iconos más universales de la ciudad, inconfundible gracias a sus formas ornamentales; las farolas, que sirven de premio en el Festival de Cine; la zona de “los relojes”, acceso principal a la playa; la zona de La Perla, con sus distintas ofertas de talasoterapia, hostelería, asociaciones deportivas…. Todos estos elementos hacen que los paseos por la Concha (por la playa o por el paseo urbano) sean una actividad ineludible para turistas y donostiarras. El paseo alrededor de la bahía puede continuarse rodeando el Monte Urgull por el paseo Nuevo, y llegando hasta el final de la Playa de la Zurriola, en la zona de Sagüés, en lo que constituye un espectacular paseo urbano de alrededor de 6 kilómetros.

El otro elemento principal de la bahía es la Isla de Santa Clara. Se puede disfrutar de su pequeña playa, de los paseos hasta el singular edificio del faro, de los senderos con sus merenderos o los cafés en la terraza del bar, y su cercanía respecto a las playas de la bahía también hacen posible el acceso a nado durante todo el año.

Santa Clara cuenta además con su propia playa, que es una experta en el arte de aparecer y desaparecer. Su pequeña superficie, que no supera los 30 metros de longitud, la deja a merced de las mareas, pero también le ha proporcionado su exquisito encanto. Ser pequeña no le ha supuesto estar desierta, todo lo contrario. La playa de la isla dispone de todo tipo de servicios, desde bar con terraza hasta puesto de socorro, incluso puede presumir de contar con una “piscina natural“ de agua de mar. Se dice que con las mareas vivas de otoño hay quien ha logrado llegar a pie con la bajamar, desde el Peine del Viento otro de sus emblemas.

 

5 Calblanque, Murcia

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Hay quien dice que Calblanque es el último reducto salvaje de la costa murciana, y existe un debate abierto entre los que piensan que es mejor no darlo a conocer para preservar su naturaleza, y los que opinan que su conocimiento ayudará a su conservación. Más allá de este debate, nosotros apelamos a la responsabilidad y a la libertad de los individuos.

Por otra parte, en otoño no existen problemas de masificación, y el visitante puede transportarse a un pasado no muy lejano donde el litoral mediterráneo ofrecía maravillas como ésta. Todo un modelo de ecosistema mediterráneo sin contaminar. Arenas brillantes, acantilados oscuros y dunas fósiles de gran interés geológico a un paso del Cabo de Palos.

Muy cerca está Cartagena, donde se puede visitar el magnífico Teatro Romano, el interesante Museo Nacional de Arqueología Subacuática y ver el auténtico submarino de Isaac Peral en el Museo Naval. A media hora en coche por la A 30 llegamos a Murcia donde nos sorprenderá La Catedral y el Palacio Episcopal, las Calles de la Trapería y Platería, la Plaza de Santo Domingo, el Teatro Romea y Real Casino de Murcia, el Museo de Salzillo o el Parque de Floridablanca y el Jardín Malecón.

 

6 Playa de Bolonia, Cádiz

BOLONIA

En la franja costera que baja desde Cádiz a Tarifa se encuentran algunos de los más extensos y mejor conservados arenales que quedan en España. la Victoria, Camposoto, Sancti Petri, La Barrosa, El Palmar, Zahara de los Atunes, Bolonia, Valdevaqueros y Los Lances, nos llevan de playa en playa desde la ciudad de Cádiz hasta el punto más cercano a África, Tarifa, desde donde se observa con claridad las montañas de la costa africana. 

Todos son enclaves maravillosos que merece la pena descubrir o volver de vez en cuando, y de Cádiz a Tarifa hay poco más de 100 kilómetros. Bolonia es un lugar apartado y mágico, con su famosa duna gigante y sus aguas turquesas. Allí está el yacimiento romano de Baelo Claudia, que conserva bien las trazas de la ciudad y lo que fue la más importante factoría de garum, una especie de pasta de pescado muy popular en el mundo romano, que desde aquí se exportaba a todo el mundo.  

Toda la zona está expuesta al viento, que si sopla de levante puede ser molesto, así que si no hace para disfrutar de las playas uno puede refugiarse en lugares como Tarifa, y perderse por su trazado medieval de casas blancas y calles estrechas llenas de comercios y tiendas de todo tipo. O en Vejer de la Frontera, que blanco y azul se encarama en una montaña rezumando en cada rincón aromas de su pasado árabe.

Mención aparte merece la ciudad de Cádiz, esa Habana con más salero que cantaba Carlos Cano, y que se muestra ahora esplendorosa y llena de atractivos. Perderse por sus calles y llegar a la Catedral, subir al campanario, o a la Torre Tavira, y ver desde allí los tejados extenderse hasta la bahía. La Caleta, el barrio de La Viña, la plaza del Mentidero, el parque del Genovés... A Cádiz hay que descubrirla a pie, y disfrutar de sus gentes, sus bares, sus terrazas, su calor y su sabor.

 

7 Calas de Macarella y Macarelleta, Menorca

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Son dos calas preciosas que conservan la esencia de Menorca, arenas blancas, aguas turquesas y acantilados tamizados de pinos que llegan hasta la orilla. Las paredes verticales alcanzan los 30 metros de altura y albergan pequeñas cuevas que se han utilizado desde antiguo como refugios ocasionales.

A cala Macarelleta se accede por un camino picado que serpentea por los acantilados. Se trata de una cala virgen y muy apreciada por quienes practican el nudismo. 

Muy cerca se encuentra la Cala Turqueta, que compite con Macarella por su espectacular belleza. Se puede ir andando por el Camí de Cavalls. La distancia es de 2,8 kilómetros. El Camí de Cavalls recorre un sendero histórico de 185 km que da la vuelta a Menorca por el litoral. Pasa por barrancos, roquedales, valles, torrentes, humedales y zonas de cultivo; conecta antiguas atalayas o torres de vigía, faros y trincheras, y conduce a gran parte de las calas de la isla. Es, sin lugar a dudas, la mejor forma de descubrir la gran riqueza natural y patrimonial de la isla.

Ambas calas se encuentran a 15 minutos en coche de la Ciudadela de Menorca. donde puedes recorrer las calles estrechas del casco histórico, pasear por el puerto hasta el Castillo de San Nicolás, hacer un alto en el camino y tomar una cerveza en la Plaza del Borne o en la Plaza de Ses Voltes, y ver la catedral construida entre los siglos XIII y XIV sobre una antigua mezquita, y que constituye el edificio gótico más importante de Menorca.