• Miércoles, 20 de Junio de 2018

INFORME DEL OBSERVATORIO SOCIAL DE LA CAIXA

El 20% de los mayores vive en situación de vulnerabilidad residencial extrema

El Observatorio Social de La Caixa acaba de publicar un último informe que trata de averiguar si las viviendas que habitan los más mayores favorecen realmente un envejecimiento de calidad.

Según la autora del estudio, Irene Lebrusán, profesora asociada en Universidad Carlos III de Madrid, en las ciudades medias hay un mayor porcentaje de personas mayores que sufren vulnerabilidad residencial extrema. A efectos de la calidad de la vivienda, es mejor envejecer en municipios muy pequeños o en ciudades muy grandes.

El estudio constata que en las localidades medianas, de entre 20.000 a 100.000 habitantes, es más probable encontrar personas mayores en situación de alta vulnerabilidad. Al contrario, los pueblos más pequeños, o bien en una ciudad de más de 500.000 habitantes son los lugares que ofrecen una mayor protección a las personas mayores.

"Sufren menos vulnerabilidad los mayores que habitan en municipios muy pequeños o muy grandes"

 

Según el INE, el 94% de las personas mayores prefieren vivir en sus casas mientras les sea posible. Esta decisión se ha mostrado más saludable para los mayores y más barata para el Estado, pero surge la necesidad de estudiar si todas las viviendas están en las mejores condiciones para mantener la calidad de vida deseable entre esta población.

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El estudio considera tres parámetros para determinar qué domicilios se encuentran en situación vulnerable: la necesidad objetiva, la normativa urbanística y la generalización del disfrute de ese bien en la sociedad.  Así por ejemplo, el agua corriente es un bien necesario, es obligatorio tener agua corriente para obtener la cédula de habitabilidad en la vivienda y, además, casi la totalidad de la población dispone de este bien, lo que indica su importancia relativa en la sociedad. Por lo tanto, a esta carencia se le asigna un valor alto. Además de los tres criterios citados, se ha recurrido a la validación por parte de arquitectos, expertos y personas mayores afectadas por esas carencias.

"Los problemas de vivienda más comunes son la falta de accesibilidad y la falta de calefacción"

 

Según los datos recogidos en el estudio, las personas mayores que viven en ciudades medias (de 10.000 a 100.000 habitantes) estarían experimentando un “envejecimiento de segunda”, de inferior calidad, respecto de las personas mayores que viven en agrupaciones urbanas de otros tamaños.

Estas diferencias se deben, por un lado, a que las ciudades de gran tamaño se han visto beneficiadas por medidas dirigidas a erradicar la infravivienda y por un mayor control sobre los parámetros constructivos. Y en los municipios más pequeños, las viviendas están en mejores condiciones por el abanico mayor de formas solidarias de acceso a la vivienda (traspasos, herencias), que han permitido la resolución de problemas de mayor gravedad, gracias a una autoconstrucción de relativa calidad y a la importancia de la herencia de terrenos y el consiguiente ahorro destinado a la calidad de la vivienda.

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En este sentido, las ciudades de tamaño medio no se han podido beneficiar ni de las medidas solidarias de los municipios rurales, ni de las medidas de control y los recursos públicos para luchar contra la infravivienda de los municipios de mayor tamaño. 

El estudio concluye afirmando que existe una elevada proporción de personas mayores que viven en casas que no reúnen los requisitos para permitir una vejez de calidad. Con esta constatación no se afirma la necesidad de un cambio en el comportamiento de las personas mayores ni se defienden formas de vivienda alternativas, sino que se reclama una mayor atención hacia estas situaciones que indican la existencia de infraviviendas.

"Una vejez autónoma y de calidad comienza por la cobertura de necesidades básicas en las viviendas"

 

Las viviendas con condiciones deficientes de habitabilidad no permiten el bienestar, independientemente de la edad de sus ocupantes. Sin embargo, los problemas detectados  afectan especialmente a personas de edad avanzada, que pueden ver acelerada la vulnerabilidad generalmente asociada a la vejez por las malas condiciones o carencias de su vivienda.

Se trata de carencias que no solo impiden las actividades básicas de la vida diaria; combinadas, aun cuando no afecten a cuestiones básicas como el aseo o la seguridad física, impiden la participación de las personas mayores en sociedad. Para una correcta participación social es necesaria la cobertura de necesidades tan básicas como el aseo personal, la intimidad en la vivienda, o simplemente, la accesibilidad en la salida a la calle para poder establecer y mantener relaciones sociales. En definitiva, una vejez autónoma y de calidad, pero sobre todo integrada en sociedad, comienza por la cobertura de necesidades básicas en las viviendas.

Para finalizar, la autora del estudio insta a corregir estos graves problemas lo que debiera ser una prioridad para los diferentes sistemas de intervención (residencial, social). Solo así se podrá hablar verdaderamente de un envejecimiento de calidad y, sobre todo, cumplir con los objetivos de integración e igualdad a lo largo de todo el ciclo vital.