• Sábado, 24 de Febrero de 2018

LOS VECINOS PRESENTAN UN PLAN ESTRATÉGICO PARA SALVARLO DEL ABANDONO

`Todos a una para salvar Vellosillo´

La asociación de vecinos y amigos del pueblo segoviano de Vellosillo ha elaborado un Plan Estratégico para salvarlo del abandono. Sus 170 miembros han creado un fondo de 200.000 euros para desarrollar un plan a 10 años que incluye la mejora de las infraestructuras, la construcción de viviendas sostenibles; declarar reserva ecológica al territorio y atraer talento que permita crear riqueza.

Los vecinos han aportado 200.000 euros para salvar Vellosillo del abandono.
Los vecinos han aportado 200.000 euros para salvar Vellosillo del abandono.

Requijada, Arahuetes, La Velilla, Tejadilla, Valleruela de Pedraza, La Matilla, Valdesanz, Aldeacorbo, Sepúlveda, así dejo a mi paso cerca de una quincena de pueblos segovianos, por los que paso hasta llegar a Vellosillo. Apenas me cruzo con un par de coches en esta mañana invernal desde que abandono la Nacional-110 y tomo la comarcal SG-P-2322.

Cuarenta kilómetros en los que no veo un alma, dejando a mi paso la hermosa ermita románica de Ntra. Sra. de las Vegas (La Requijada), campos sin trabajar, y sin rastro de aquellos grandes rebaños de ovejas que tanta fama dieron a la provincia allá por el s.XV, y que atravesaban las cercanas Cañadas Reales. Las calles están vacías, y las casas cerradas a cal y canto, muchas de ellas a la espera de que lleguen los días de verano para volver a abrirse, y otras dejándolas morir.

Estoy en la Extremadura segoviana, un lugar prácticamente desierto hasta la Reconquista, cuando de la mano de Alfonso VIII (1158-1214) se produjo la repoblación de los territorios ganados a los musulmanes. Hasta aquí llegaron asturianos, cántabros, gallegos, vascos… que se asentaron masivamente en estas tierras hasta entonces desiertas.

Por entonces, surgieron aldeas por doquier, que se organizaron en concejos para el control de las comarcas (Tierra), y cuya cabeza será la población más importante (Villa), constituyendo así una división territorial que se conoce hasta nuestros días, como `Comunidad de Villa y Tierra´.

                               Iglesia del pueblo construida por los vecinos.

Mi destino es Vellosillo, pero me pierdo y acabo en Sepúlveda. Cabecera de comarca, esta mañana de jueves adopta una actividad muy distinta de la de cualquier fin de semana, durante la que `es invadida´ por numerosos turistas atraídos por la fama de su cordero y por la proximidad de las rutas del Duratón. Allí hay algo más de actividad, y en la plaza Mayor me señalan una pequeña calle que debo tomar, y que desemboca en el camino hasta Vellosillo.

Lo primero que veo al llegar es su iglesia, que empezó a construirse por los vecinos del pueblo allá por los años 30 del pasado siglo. La Guerra Civil les pilló terminando de levantar la espadaña, pero acabado el conflicto, se terminó también el templo.

No sería la primera ni la ultima vez que los vecinos trabajaran juntos por el pueblo, ya que gracias a `las hacenderas´ a las que convoca el regidor, todos los vecinos se afanan en limpiar campos, caminos, arreglar calles, e incluso realizan enterramientos. El último precisamente hace pocos días, según nos cuenta Jorge Juan García, miembro de la Asociación de Vecinos y Amigos de Vellosillo.

La Asociación creada hace 50 años, mantiene vivo ese trabajo comunitario con el que ha logrado en los últimos años reconstruir un palomar, crear un huerto comunitario y lo más importante, cerrar cinco vertederos ilegales que se habían creado en el municipio.

Pese a que la asociación la forman 170 personas, solo tres viven de forma permanente en el pueblo, el resto acude los fines de semana, muchas veces convocados por la regidora a `hacenderas´, y en vacaciones cuando llega a haber hasta 200 habitantes.

Precisamente este pasado verano, aprovechando la presencia mayoritaria de sus socios, se planteó dar un paso adelante para mantener `abierto´ el pueblo. “Después de vivir una situación bastante dura en el 2017, sin agua potable durante 50 días y sin alumbrado público, vimos que no era viable vivir en el pueblo, siendo como es un pueblo mantenido y con las casas arregladas”, señala García.

                               Jorge Juan García en la laguna que ha construido.

Jorge Juan García, es uno de los tres habitantes que reside desde hace cinco años permanentemente en el pueblo. Economista de profesión, creador de varias startups de éxito, sigue ejerciendo, pese a encontrarse a una hora en coche del centro financiero del país. Durante este tiempo levantó una casa de consumo eficiente y una pequeña granja con caballos, ovejas, ocas y algún cerdo para matanza, y un pequeño lago de 3 metros de profundidad que le ha devuelto la vida a la zona, lo que le permite vivir casi a consumo cero.

Una forma de vida por la que creen pasa el futuro del pueblo. De hecho, la construcción de viviendas de consumo eficiente a través de una cooperativa creada por la Asociación del pueblo es una de las medidas contempladas en el Plan Estratégico Sostenible para el pueblo elaborado tras aquella acalorada asamblea estival y en busca de un futuro para el lugar.

En el Plan de 85 páginas se hace un análisis de la situación actual del pueblo (nada optimista) y se formula en base a una pregunta ¿Qué falta en el pueblo para que todas aquellas personas que han manifestado su intención de vivir en el, no den el paso?

A partir de ahí se desarrollan distintas medidas alrededor de cuatro Áreas, la primera y fundamental, lograr unas infraestructuras públicas que funcionen. Para ello cada miembro de la Asociación ha aportado a un fondo alrededor de 1.000 euros, logrando un montante de 200.000 euros para un proyecto de inversión a 10 años. Parte de este fondo se destinará a la mejora de las infraestructuras, aunque también esperan firmar un Convenio entre el Ayuntamiento de Sepúlveda (del que dependen) y la Diputación de Segovia para que el 50% de los tributos que paga el pueblo se destinen a invertir en esas infraestructuras.

Este punto es fundamental para que el resto del Plan funcione ya que “los pueblos solo seremos capaces de sobrevivir, si competimos en atractivo con la ciudad. Mientras tengas más de todo en la ciudad, el futuro del pueblo estará en entredicho”, apunta Jorge Juan.

                               Huerto comunal.

El siguiente punto que aborda el Plan es el de la Vivienda, un problema que no es exclusivo de Vellosillo, sino de todos los pueblos, donde las casas se cierran todo el año para, en el mejor de los casos, abrirlas 15 días en verano, mientras en el mercado no se encuentran ni viviendas, ni terrenos para construirlas, ni en alquiler ni en venta. Para solucionar este tema proponen, por un lado, crear una bolsa de viviendas en alquiler y venta, similar a la startup Airbn; y por otro formar una cooperativa que ofrezca viviendas sostenibles y a buen precio.

García cree que si logran asentar estos dos pilares: por un lado crear buenas infraestructuras y un mercado inmobiliario atractivo con buena calidad/precio, podrán atraer talento.

Y ahí es donde radica el futuro del pueblo, en su capacidad de generar riqueza. “Aquí no se regala ni vivienda, ni se da trabajo. Aquí el que venga tiene que venir con un proyecto que le entusiasme y con ganas de trabajar. Muchos de nosotros tenemos experiencia en startups y en negocios, y podemos orientar y hacer labor de coaching. Hasta ahora, muchas de las iniciativas que ha habido para repoblar los pueblos carecían de un modelo de futuro que convenciera a un mínimo grupo de gente que participara colectivamente en ese proyecto”.

El objetivo es diversificar la economía de los pueblos, ya que en su gran mayoría dependen de las pensiones de jubilación de sus habitantes, situación que se repite a lo largo de todo el territorio conocido como la Laponia española, de la que junto a Segovia forman parte, las provincias de Teruel, Zaragoza, Cuenca, Guadalajara y Soria; así como algunas gallegas, debido a la alta proporción de personas mayores que viven allí y al despoblamiento.

El Plan de esta Asociación prevé aumentar el tejido productivo de tal forma, que sólo un tercio provenga de las jubilaciones; mientras que el resto dividido a partes iguales provenga de la sociedad de conocimiento, atrayendo como ya hemos dicho talento y profesionales liberales que puedan trabajar desde sus casas; y de la economía real y productiva.

                               El palomar reconstruido por todos los vecinos. El trabajo en comunidad esencial para sacar adelante el Plan.

Otro de los puntos importantes del Plan es declarar con el tiempo Reserva Ecológica a todo el territorio del pueblo, con el objetivo, entre otros, de evitar situaciones vividas recientemente, con la creación de vertederos ilegales. Para ello harán una apuesta clara por el cultivo y la elaboración de productos orgánicos, tan de moda en las grandes ciudades; recuperarán los terrenos (quemados muchos de ellos por el cultivo intensivo de maíz); el mantenimiento de los bosques y haciendo rentables las explotaciones ganaderas.

Con todo ello, la Asociación espera que en 10 años, el pueblo vuelva a tener 150 habitantes (¡no más!) para lograr vivir de forma sostenible y equilibrada, sin olvidar el trabajo en comunidad que les ha permitido sobrevivir hasta ahora.

De vuelta, continúo la estrecha carretera y calle principal de Vellosillo, hasta Perorrubio donde llego al cruce que me conduce al intenso tráfico de la A-1 o hacia carreteras secundarias. Elijo de nuevo esto último, para desandar el camino que me trajo hasta aquí. Recorro de nuevo las calles vacías de los pueblos, sus columpios olvidados, sus casas cerradas con tablones de madera apalancando las puertas, a la espera de que alguien las vuelva a ventilar, y pienso en los 170 socios de Vellosillo, y en que siempre hay, quien está dispuesto a abrir esas ventanas.

Suerte a Vellosillo. Si ellos lo logran, podrá ser una nueva oportunidad para otros.