• Viernes, 23 de Febrero de 2018

ESTUDIO DE CAMPO DE TRES UNIVERSIDADES ESPAÑOLAS

10 estrategias de motivación para hacer deporte

Este trabajo ofrece 10 estrategias motivacionales para ser incluidas en programas de entrenamiento de la fuerza muscular en personas mayores, las cuales ayudan a los participantes a conseguir una mayor satisfacción de las necesidades psicológicas básicas de autonomía, competencia y relaciones sociales.

Un estudio realizado por la URJC, en colaboración con la Universidad de Alicante y la Universidad Católica San Antonio de Murcia (UCAM), ha analizado el efecto de un programa de entrenamiento de la fuerza en el que se incluyeron una serie de estrategias motivacionales. Uno de los objetivos ha sido analizar qué factores son determinantes para conseguir una adhesión a la práctica regular de actividades físicas y deportivas.

El artículo hace referencia al destacado papel que pueden llegar a tener los educadores físico-deportivos en la utilización de diferentes estrategias motivacionales durante los entrenamientos con personas mayores. Su labor puede ayudarles a adherirse, dentro de sus hábitos diarios, a la práctica regula de ejercicio físico y conseguir mejoras a nivel físico, psicológico y social.

Los investigadores sugieren que los educadores físico-deportivos diseñen programas de entrenamiento de la fuerza en los que se incluyan estrategias motivacionales adecuadas para adherirse a la práctica habitual de ejercicio físico.

Las 10 estrategias propuestas

  1. Informar a los participantes sobre los beneficios del ejercicio y la necesidad de aumentar el nivel de actividad física para controlar el peso a largo plazo. Por ejemplo, el entrenamiento de resistencia puede ayudar a preservar la masa libre de grasa durante la pérdida de peso; entrenamiento de resistencia aumenta el gasto de energía. La cantidad de gasto de energía depende de la intensidad, la duración de la actividad y la participación del grupo muscular. El aumento en el consumo de energía asociado con la actividad ocurre principalmente durante la actividad en sí misma, pero también hay un aumento de la tasa metabólica después del ejercicio de corta duración. Además, se puede lograr el mantenimiento del peso con actividad programada o de estilo de vida. El aumento de las actividades diarias de estilo de vida es tan efectivo como un programa de ejercicio estructurado para mantener la pérdida de peso a largo plazo.
  2. Explicar el propósito del programa de entrenamiento de resistencia. De esta manera, se incrementa la percepción positiva de la actividad, así como el compromiso y sentido de autonomía del participante. Se explican los objetivos de la sesión de entrenamiento de resistencia y los objetivos específicos (por ejemplo, qué grupos musculares están involucrados en cada ejercicio).
  3. Fomentar la percepción de competencia por parte del participante. Haga que los participantes se centren en mejorar su propia tarea, evitando las presiones externas que pueden causar estrés (por ej., El instructor orienta a los participantes a enfocarse solo en mejorar sus propias tareas, mientras proporciona retroalimentación positiva como "Buen trabajo, estás bien").
  4. Establecer objetivos moderadamente difíciles, incidir en la importancia de la progresión y establecer objetivos realistas. Esta estrategia puede ayudar a extender el tiempo de práctica y servir como un estímulo para iniciar y/o mantener las intenciones de ser físicamente activo (por ejemplo, enseñar a los participantes a progresar hacia la percepción del esfuerzo y el aumento de cargas; es necesario explicarles a los participantes que su cuerpo necesitará una serie de ajustes antes de que los efectos de la hipertrofia puedan ser visibles. Para ello, es necesario realizar ejercicios de fortalecimiento muscular y aumentar progresivamente la carga y las repeticiones).
  5. Tener en cuenta la información proporcionada por el médico durante el programa de entrenamiento de resistencia. Esta información se obtendrá durante y después de las sesiones, y los participantes compartirán sus puntos de vista con el instructor que los toma en cuenta para interacciones futuras (por ejemplo, el instructor debe monitorear los sentimientos del practicante y conocer su evolución con cargas de entrenamiento, para realizar adecuadamente las tareas y evitar lesiones).
  6. Transmitir un ambiente de tarea adecuado. Se debe priorizar el esfuerzo y la mejora personal, evitando la comparación. De esta manera, es más probable que los participantes continúen asistiendo a las sesiones. Además, se recomienda comentar los valores de la tarea que se realiza, mediante la aplicación de técnicas de entrenamiento psicológico, como la auto instrucción, la realización mental de la tarea y la relajación. Estos aspectos se correlacionan con un entorno de tareas positivas, haciendo que el participante tome conciencia de los beneficios de la actividad física para la salud física, psicológica y social.
  7. Aliente a los participantes enfatizando que la actividad puede mejorarse a través de la práctica. Esto consiste en redirigir las emociones negativas (es decir, no puedo hacer esto, no tengo resistencia, no puedo aumentar la carga) hacia las positivas (si practicas lo suficiente, mejorará, todos tienen su propio ritmo, sin prisa, si practicas verás que no es tan difícil, si no lo intentas, no sabrás de lo que eres capaz, etcétera).
  8. Ofrezca retroalimentación clara. Los instructores deben informar a los participantes de los ejercicios que han realizado correctamente, así como los errores que cometieron. Los instructores siempre deben tener una actitud positiva de aliento, centrándose en cómo el participante puede mejorar a través de la práctica (por ejemplo, reconocer el progreso y la mejora del individuo, garantizar la igualdad de oportunidades para todos los participantes, enfocarse en el autodesarrollo, felicitarlos al mejorar).
  9. Fomentar la relación entre los participantes. Uno de los aspectos más temidos del envejecimiento es la soledad. Con este fin, las sesiones de capacitación se centran en fomentar las relaciones sociales, que se dividen en dos fases para mejorar la cohesión grupal y la participación en las actividades. La primera fase implica la actividad en sí misma (cohesión de la tarea), donde los instructores pueden alentar a un participante que está descansando para motivar a un compañero, o hacer que los participantes tomen decisiones conjuntas. La segunda fase se produce después de la sesión (cohesión social) fomentando otras actividades (por ejemplo, proponer mini-eventos, ir juntos para un desayuno saludable después de la sesión de capacitación, asistir a eventos deportivos, etcétera).
  10. Haga que los participantes disfruten de las actividades. los participantes estarán más motivados si realmente disfrutan de lo que están haciendo. Los instructores deben tener conocimiento previo de los miembros del grupo, sus inquietudes y requisitos, a fin de lograr los objetivos mientras disfrutan de las actividades (por ejemplo, usar la música para motivar a los participantes y realizar actividades divertidas de entrenamiento de resistencia).

En resumen, estas 10 estrategias, basadas en estudios previamente publicados, aumentan la adherencia y el disfrute del programa de entrenamiento de la fuerza. De esta manera, es menos probable que los participantes abandonen el programa de capacitación debido a la falta de motivación, aburrimiento o desconocimiento de los beneficios que el ejercicio de resistencia tiene para su salud.