• Sábado, 24 de Febrero de 2018

EXISTEN DESIGUALDADES EN LA ESPERANZA DE VIDA SEGÚN EL NIVEL DE ESTUDIOS Y EL SEXO

Los mayores con estudios superiores viven más y mejor

Si el aumento de la esperanza de vida ha supuesto una justificación para el retraso en la edad de jubilación, ¿deberían influir estas desigualdades a la hora de implementar una edad de jubilación diferente según el sexo o el nivel de estudios?

En pleno debate sobre la reforma del sistema de pensiones, un interesante estudio publicado en Gaceta Sanitaria realizado por Grupo de Investigación en Determinantes Sociales de la Salud y Cambio Demográfico de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) junto con Centre d’Estudis Demogràfics de la UAB ayade nuevos elementos en este debate. Tras analizar los datos de la población española mayor de 65 años en 2012, han comprobado que existen desigualdades sociales en la esperanza de vida según el nivel de estudios y el sexo. Las personas de mayor nivel de estudios viven más años, más años en buena salud y menos con un peor estado de salud que las personas de menor nivel de estudios. 

De esta manera, los resultados revelan que la esperanza de vida de la población española mayor de 65 años aumenta a medida que lo hace su nivel de estudios, pasando de los 18,2 años en los hombres y los 22,4 en las mujeres con estudios primarios a los 20,4 años en los hombres y los 24,7 en las mujeres con estudios universitarios.  

Pero vivir más años no implica vivir mejor. El estudio también ha querido analizar la calidad de la esperanza de vida de las personas mayores en España y nuevamente ha constatado la existencia de desigualdades sociales. De media, los hombres con estudios superiores viven 4,5 años más con buena salud (12,53 años) que los que cuentan con estudios primarios o inferiores (7,97 años). Una diferencia todavía más amplia en el caso de las mujeres, ya que las que tienen estudios universitarios viven el doble de años con buena salud (13,54 años) que las que tienen estudios primarios o inferiores (6,73 años).  

Por el contrario, la situación se invierte tras analizar los años de vida con mala salud tras la edad actual de jubilación. Si los hombres mayores de 65 años con estudios universitarios viven de media 7,87 años con mala salud, la cifra aumenta a 10,20 años en aquellos con estudios primarios o inferiores. La situación es más preocupante en el caso de las mujeres, ya que aunque cuentan con una mayor esperanza de vida, esperan vivir más años con mala salud. También en su caso influye el nivel de estudios, ya que las mujeres con estudios superiores viven 11,19 años con mala salud, 4,5 años menos que las mujeres con estudios primarios o inferiores (15,69 años).  

De esta manera, si el aumento de la esperanza de vida ha supuesto una justificación para el retraso en la edad de jubilación, ¿deberían influir estas desigualdades en la mortalidad a la hora de implementar una edad de jubilación diferente según el sexo o el nivel de estudios? “Estos resultados aportan un conocimiento importante para poder introducir la perspectiva de la equidad en el debate en torno al incremento de la edad de jubilación”, advierten los autores de este estudio. “El retraso de la jubilación puede estar ya generando desigualdades y favoreciendo a las personas de mayor nivel socioeconómico, que disfrutarán de un mayor número de años de vida totales y con buena salud tras su jubilación, suponiendo, por tanto, una presión proporcionalmente mayor al sistema de pensiones que los grupos más desfavorecidos. En este sentido, si el aumento de la esperanza de vida ha justificado el retraso en la edad de jubilación, cabe preguntarse si 6 años de diferencia entre niveles de estudios en la esperanza de vida con buena salud, justificarían que la edad de jubilación pasara a calcularse en función del nivel educativo, la clase social o incluso el sexo. Se trata, sin duda, de un fenómeno con importantes implicaciones que deberían ser consideradas en el actual debate sobre la modificación del sistema de pensiones, en el que la salud pública debe realizar una labor de abogacía imprescindible", concluyen.