• Martes, 17 de Julio de 2018

RECOMENDACIONES DEL CONSEJO DE ÓPTICOS Y OPTOMETRISTAS

Este verano ¡ojo a tus gafas de sol!

Una jornada en la playa sin gafas de sol, puede dar lugar a graves problemas oculares. Para evitarlo, las gafas de sol, utilizadas en todo momento, deben convertirse en compañeras inseparables.

El verano, con altas temperaturas, es sin duda la época del año en la que debemos extremar las precauciones no solo con la protección de nuestra piel, sino también con la de nuestros ojos. Durante este periodo se ven multiplicados los riesgos para la salud visual en forma de radiación solar y los problemas relacionados con los baños en el mar, en ríos, piscinas, lagos, pantanos, etcétera.Por eso, hay que tomar medidas de protección adecuadas, para evitar graves consecuencias en nuestra salud visual y ocular.

Radiación solar

Existe una relación directa entre la radiación solar: visible, ultravioleta e infrarroja, y distintos problemas visuales y oculares, como por ejemplo cataratas, queratitis o conjuntivitis. “Aunque la mayoría de las radiaciones solares son eficazmente filtradas por los ojos, la exposición crónica a las mismas o una alta y selectiva cantidad de ellas en un corto periodo de tiempo, como una jornada en la playa sin gafas de sol, puede dar lugar a graves problemas oculares”, explica Juan Carlos Martínez Moral, presidente del Consejo General de Colegios de Ópticos-Optometristas (CGCOO).

Las gafas de sol, utilizadas en todo momento, deben convertirse en compañeras inseparables; eso sí, siempre homologadas, con cristales y filtros solares de calidad, y de colores ni muy oscuros ni demasiado claros (preferiblemente marrones, grises o verdes).

"El tiempo de exposición al sol sin protección para que puedan llegar a producirse lesiones oculares en playas o piscinas es de tres a cuatro horas, sobre todo al mediodía. Sólo las gafas de sol adquiridas en establecimientos sanitarios de óptica pueden garantizar la total protección frente a las radiaciones solares nocivas", destaca el presidente del CGCOO. Además, el asesoramiento de un profesional de la visión óptico-optometrista también garantiza que las gafas de sol proporcionen una protección personalizada en función de nuestras necesidades, actividades cotidianas y de ocio o estilo de vida.

Sal y cloro… irritantes

El cloro además es un irritante que altera de forma significativa la superficie de nuestros ojos, por lo que hay que intentar evitar, en la medida de lo posible, el contacto directo de nuestros ojos con el agua de las piscinas utilizando gafas de natación adecuadas.

Por otro lado, la sequedad propia del verano en ambientes lejanos al mar, sobre todo en la montaña, provoca una mayor evaporación de la lágrima, aumentando la sensación de ojo seco. Si esto sucede de forma continuada, es conveniente acudir a un especialista para que nos ofrezca posibles soluciones.

Pautas para adquirir unas gafas de sol
  • Situaciones de uso. Debemos saber qué momentos vamos a necesitar una protección adecuada de nuestra salud visual, por encima de modas y corrientes estéticas.
  • Filtro de protección.  Debemos conocer qué tipos de filtros llevan nuestras gafas de sol, según nuestras actividades. El filtro solar debe protegernos completamente de la radiación ultravioleta (UV), independientemente del color del cristal y adaptarse al uso que vayamos a hacer de las gafas de sol: deportes náuticos, paseo, senderismo de montaña…
  • Calidad de la lentes. Las lentes de baja calidad pueden dejar pasar la radiación solar a pesar de ser muy oscuras, pueden deformarse y causar aberraciones ópticas.
  • Calidad de las monturas. Es importante usar monturas que cubran los laterales del ojo, con el fin de no dejar pasar la radiación solar.
Intervenciones oculares. En personas intervenidas de cataratas, el uso de gafas de sol es absolutamente recomendado.