• Sábado, 24 de Febrero de 2018

ENTREVISTA A JOSÉ MARÍA CARRASCAL

"No tenemos una democracia, tenemos una partitocracia"

Acaba de publicar su último libro "Todavía puedo", y ya está pensando en el siguiente. Escribe La Tercera de ABC cada día y sigue viajando cuando puede a su casa de Nueva York. A los 87 años Jose María Carrascal afirma que envejecer bien es cuestión de actitud.

Jose María Carrascal.
Jose María Carrascal.

Para hablar con Carrascal es necesario serenarse y tomarse un tiempo. Es un conversador ágil que salpica de anécdotas y experiencia cada respuesta. Y tiene respuestas para casi todo.

-En su último libro, Todavía Puedo (Espasa), nos dice que para afrontar la vejez es importante la actitud, pensar más en lo que puedo hacer, que en lo que no. Pero usted es un caso especial porque hace casi de todo. Tiene una columna en ABC, hace ejercicio regularmente, sigue escribiendo un libro al año... ¿Cómo consigue mantenerse tan en forma a los 87?  

-Bueno, ya no puedo andar 10 kilómetros cada día como hacía antes con mi mujer, pero por fortuna mantengo un cierto ritmo físico. Además, cuántos de mis colegas querrían seguir colaborando en un periódico y tener un artículo diario, y tengo una editorial que me pide un libro cada año. Me siento muy afortunado por ello.

La actitud es fundamental. Uno debe convencerse de que todavía puede, pese a que ya no tiene la agilidad tanto física como mental. Aunque esto de la agilidad es relativo. Yo antes hacía una crónica en media hora. Hoy me cuesta dos o tres horas. Pero ¿es porque mi mente funciona mucho más lenta, o es porque soy más exigente con mis columnas? Cada vez pienso más de que es porque soy más exigente con mi trabajo. ¡Hasta que uno haga crak!

-Dígame solo una cosa que ya no puede hacer y que echa de menos especialmente.

-Ya no puedo hacer el ejercicio que hacía antes. Los enormes paseos que hacía antes con mi mujer, los echo mucho de menos. También la ingenuidad que tenía antes, cuando la última noticia me excitaba. Ahora me he vuelto uno mucho más crítico, no solo conmigo mismo, sino con todo lo que me rodea. Pero lo que más echo de menos es a la gente que se va. A los padres, el no haberles prestado más atención y haber estado más con ellos. Después los amigos que se mueren, esos amigos del alma, que van quedando cada vez menos. Esto acarrea soledad y hay que saber torear la soledad.

-En el libro nos habla de su preocupación por un posible conflicto entre las generaciones. ¿Cómo se puede evitar este conflicto?

-El conflicto de generaciones existió siempre, pero nunca se ha dado como ahora. Antes las generaciones eran cada 40 años. Ahora son cada 10. No es ya de padres a hijos, sino incluso entre hermanos. La aceleración en que vivimos a causa del aumento de la información es tal que se apelotonan las generaciones.

Antes se daba por descontado que la generación que venía iba a vivir mejor que sus padres. Y ahora resulta que no. Las perspectivas de los hijos son menores que la de los padres, en especial en Europa. Pero que nadie crea que la generación de los padres lo tuvo fácil, y los abuelos, menos. No obstante, las jóvenes generaciones tienen algo que no tenían sus mayores, que es la libertad. Libertad para hacer cosas, para viajar, para conocer y aprender de cualquier materia, etcétera. Esa dificultad para encontrar un trabajo estable donde ir creciendo y mejorando profesionalmente, se equilibra con la mayor libertad de ahora.

-Hay quien dice que el concepto de jubilación tiene que cambiar y que los jubilados del futuro deben tener más compromiso, más participación social, porque serán el 30% de la población. ¿Qué opina sobre esto?

-El mayor fracaso de nuestra sociedad es la educación. No se está educando a los hijos para el ritmo desaforado que lleva el progreso. Esto crea problemas de todo tipo. Antes sabíamos que íbamos a tener una pensión y de cuánto sería. Ahora puede que los jóvenes no la tengan. Esto es una responsabilidad de todos. Tiene que haber un pacto de generaciones. Esto no se consigue sólo a través de partidos políticos que dicten normas. Los partidos políticos solo piensan en las próximas elecciones, no miran más allá. Se preguntan dónde está el mayor número de votantes, y está en los mayores.

Hace falta un pacto en educación que enseñe ante todo la responsabilidad. No se enseña a los futuros ciudadanos que, en este mundo, todo lo que se hace hay que pagarlo.

-En la jubilación pasaremos un tercio de nuestra vida. ¿Se nos prepara para ello?

-No se nos prepara, y hay que preparar a los ciudadanos, sobre todo, para la realización de labores sociales.

Estados Unidos en el aspecto de protección social es deficiente. Muy deficiente. Pero sin embargo tiene una cosa, tal vez por obligación, que nos gana. Es en el trabajo social. Las personas mayores en norteamérica sienten casi como un deber, además de como una ocupación, tener una tarea social. Hay infinidad de actividades donde participan, en especial las mujeres.

Está muy extendido un programa de recogida de objetos y ropa de segunda mano que se adecentan y luego se venden en tiendas de segunda mano. Todos los beneficios revierten en obras sociales, en hospitales, en comedores sociales, en fondos para investigación... Un profesor de Sociología de la Universidad de Nueva York me decía que los Estados Unidos se vendrían abajo si no fuera por esta labor social voluntaria y silenciosa, porque no se habla mucho de ello. En España esto no ha cuajado. Aquí siempre esperamos que el Estado nos arregle los problemas. Y tendrá que llegar el momento en que en esta parte de la vida, los que puedan, tendrán que seguir trabajando en esta labor social.

-Hablemos de periodismo. ¿Cómo ve la profesión actualmente?

-La veo con tantas esperanzas como recelo. El principal recelo es que se ha vuelto un periodismo muy personalista. El "yoismo" empieza a dominar una profesión que debería ser como otra cualquiera. Un profesional es aquel que domina su tarea y que la ejercita. Pero en el periodismo se ha introducido el que el periodista expresa sus emociones cuando hay un suceso, y esto me parece un error.

El lado positivo es que el periodismo tiene asegurado el futuro pese a que ahora cualquiera se lanza a las redes a fantasear. El periodismo es absolutamente necesario para la democracia, para explicar qué ocurre y por qué ocurre, y el ciudadano siempre va a necesitar de esa reflexión de un periodismo serio y profesional.

-¿Qué consejo o recomendación le daría a un joven que quiere ser periodista?

-Primero que lea mucho a los grandes periodistas del pasado. A aquellos que se pueden leer hoy y parecen actuales, a Julio Camba, a Pla, de las crónicas parlamentarias de Wenceslao Fernández Florez... esos sí que iban al grano, esos sí que eran capaces en una frase de resumir una situación.

Lo segundo, estudiar idiomas. Ahora el mundo es una aldea global, y hay que mantenerse informado de lo que pasa también a través de medios extranjeros y de los grandes maestros del periodismo internacional, un James Reston en Estados Unidos, un Sebastian Haffner, en Alemania.

-Ha conocido a muchos líderes políticos. Qué dirigente internacional le ha llamado más la atención durante sus más de 50 años de carrera.

-De las grande crisis internacionales yo diría Adenauer. Un señor que llegó a la presidencia con más de 70 años en una Alemania derrotada, dividida y hecha escombros, y que tuvo la clarividencia de ver que la única forma de salir adelante era acabar con las viejas ansias imperialistas, y ponerse a trabajar en la industria de forma metódica.

También me impresionó Deng Xiaoping, que le dijo a Felipe González aquello de "gato negro o gato rojo lo importante es que coja ratones", fue un gran hombre con sentido práctico que supo alimentar a 1.000 millones de chinos.

-¿Y en España?

-Adolfo Suarez fue un gran hombre, aunque hizo la Transición con la letra que Fernández Miranda le había puesto. Una vez acabada, ya no supo qué hacer más, pero fue un hecho que le puso en la historia.

-En relación con Cataluña, ¿los políticos están a la altura del momento que vive el país?

-La única cosa que ha parado la política de hechos consumados de los independentistas ha sido la aplicación del 155, y se ha visto que la medicina funciona. Ahora quienes están totalmente frustrados y confundidos son los independentistas catalanes. Pero este problema viene desde la Transición, cuando se entrega a las autonomías una soberanía de facto. El único que ha tomado un decisión correcta ha sido Rajoy. Quienes hicieron que la coyuntura catalana sea hoy como es fueron Felipe González, Aznar y Zapatero, que no hicieron nada mientras el problema seguía creciendo.

-También hay una preocupación por el futuro de las pensiones, pero no hay ni se le espera un acuerdo en el Pacto de Toledo. ¿Por qué es tan difícil que nos pongamos de acuerdo en cosas tan esenciales?

-Es tan difícil ponernos de acuerdo en este y en otros temas esenciales porque nosotros no hemos montado una democracia, hemos montado una partitocracia, funesta para abordar temas a larga distancia. Los verdaderos dueños de España en los últimos años han sido los partidos políticos, especialmente los dos mayores, y los partidos políticos piensan en las próximas elecciones, y no van más lejos. Y no se van a poner de acuerdo, porque tendrían que ofender a uno de los grupos con más influencia de voto, o tendrían que desequilibrar el presupuesto.

-Ha vivido muchos años en EEUU. ¿Qué deberíamos aprender de los norteamericanos?

-Podemos aprender el valor del individuo dentro de la colectividad. Nosotros somos individualistas de manera egoísta. Nos preocupamos de la familia, los amigos y poco más. El norteamericano tiene un sentido de comunidad más grande. Por ejemplo, las escuelas se pagan a través de los impuestos que recauda la comunidad. Y en función del tipo de escuela que quieran, con más o menos alumnos por clase, con más o menos medios, pues se establecen los impuestos, por ejemplo, el catastral. Ese espíritu comunitario yo lo importaría a España.

También tienen un refrán que dice que la honestidad es la mejor forma de actuar. Allí quien la hace, la paga. Como te pillen en algo, vas listo. Los impuestos son sagrados y nadie burla la ley, porque si te cogen, puedes arruinar tu vida. Aquí el listo es el que burla la ley, y además alardea de ello.

-De todos los errores que uno comete en la vida, cual es el que borraría si pudiera.

-El que más me duele es el no haber estado más con mis padres. Después de que tus padres se han sacrificado por ti y te han dado todo, después uno se larga y hace su vida. Eso me duele y me dolerá hasta que me muera.

Después recuerdo que en el año 1960, yo estaba trabajando en Berlín y vino el Barcelona a jugar con el Hertha. Tras el partido me fui a cenar con los del Barcelona, y cuando entregué la crónica el redactor jefe me dijo que ya habían cerrado la edición. Eso me enseñó que primero está la obligación y luego la diversión.

-De qué se siente especialmente satisfecho.

Estoy satisfecho de no haberme dejado arrastrar con las tendencias de moda. Me pasó con el comunismo en el Berlín dividido, y con el ultranacionalismo español. Estoy satisfecho con esa tendencia mía a no detenerme sólo en la primera impresión y a mirar detrás.

-Por último, dígame una cosa que le ha enseñado la vida de la que tenga certeza absoluta y que pueda servir a los que vienen detrás.

-La vida me ha enseñado que no hay nada definitivo. La absoluta certeza es la vida, y la vida es cambiante también, pero dentro de ese cambio hay unas normas naturales, que son tanto físicas como  morales, que hay que respetar, porque si las violas, te pasan factura.

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En su último libro, Todavía puedo, José María Carrascal repasa los factores que considera claves para vivir más tiempo en las mejores condiciones posibles. Las anécdotas y experiencias de su vida se mezclan con recomendaciones y consejos de alguien que vive intensamente este periodo vital.