• Martes, 22 de Mayo de 2018

LA GRIPE ESPAÑOLA CAUSÓ MÁS DE 40 MILLONES DE MUERTOS EN TODO EL MUNDO

Cien años de la gripe más letal

Pocos se libraron. Mil millones de personas enfermaron por ella, y más de 40 millones murieron, produciendo incluso la desaparición de algunos pueblos inuit y amerindios. Una epidemia alimentada en las trincheras de la I Guerra Mundial, y que en la primavera de 1818 tuvo su epicentro en Madrid.

El 20 de diciembre de 1918, Pedro Muñoz Seca estrenaba en el teatro de la Comedia de Madrid, La venganza de don Mendo, con gran éxito de público aunque no tanto de crítica. Cerca de allí, en el teatro Español se representa de nuevo, El Trovador ante “un público numerosísimo” según las crónicas de la época.

Ese invierno parecía que la normalidad volvía a las calles de Madrid, tras una primavera que había situado a la capital en el epicentro de la pandemia de gripe que azotaba a todo el mundo, y que alcanzó su cénit el 31 de mayo, día en el que murieron por esta enfermedad, 114 personas. Aquella primera oleada, que afectó prácticamente solo a la capital de España, -entre mayo y julio de 1918, se calcula que en Madrid murieron 1 de cada 1.000 habitantes-, debió inmunizar a sus habitantes; ya que en ese otoño de 1918 la ciudad apenas se vio afectada frente al resto de provincias. Mientras, causaba la muerte de más de 15 personas por cada mil habitantes en provincias como Burgos, Zamora, Palencia o Almería. 

En España se estima que cerca de 8 millones de personas estuvieron infectadas en mayo de 1918, falleciendo alrededor de 300.000.

Un corresponsal de The Times en Madrid bautizó la enfermedad, como “the Spanish influenza” o gripe española. Una pandemia universal que afectó a 1.000 millones, de los 1.800 millones de habitantes que había entonces en el mundo, provocando la muerte de entre 40 y 50 millones.

Escolares japonesas durante la gripe españolaEscolares japonesas durante la gripe española.

“Fue una gripe que nada tiene que ver con la gripe estacional que sufrimos cada año, que causa de tres a cinco millones de enfermos y entre 250.000 y 500.000 muertes en todo el mundo, la mayoría en la población de riesgo. La gripe pandémica, en cambio, puede resultar mucho más devastadora: aparece en períodos más dilatados (de varios años), no presenta una secuencia determinada y provoca una mortalidad elevadísima, sobre todo en jóvenes”, señala el historiador Anton Erkoreka, experto en la gripe española y director del Museo Vasco de Historia de la Medicina y de las Ciencias.

La gripe española afectó principalmente a hombres y mujeres entre 15 y 44 años. Si las muertes asociadas con la gripe estacional de 1916, 1917 y 1921 en este grupo de edad, representaron entre un 19%, 12% y 21% de todas las muertes respectivamente, en los momentos más graves de la gripe o `Influenza´ española en 1918, alcanzó el 68% en París y 66% en Madrid.

Las razón por la que la pandemia afectó sobre todo a adultos jóvenes es según Erkoreka, por la “fuerte reacción de los organismos jóvenes ante el virus, lo que provoca este tipo de mortalidades. Algo que seguramente podría volver a ocurrir si apareciera un virus que tuviera las características del H1N1 del año 18, siendo de nuevo los mas afectados, los hombres y mujeres jóvenes de la década de los 20 y 30 años”.

¿Pero podríamos volver a sufrir una pandemia similar?

Erkoreka no lo descarta: “Las gripes pandémicas históricamente sabemos que se repiten cada 20 -25 años y posiblemente se repetirá. Es muy posible que el virus de la gripe mute y aparezca una cepa extremadamente virulenta y vuelva otra vez a provocar una pandemia como la que provocó en 1918”. 

De hecho entre 1889 y 1890 tuvo lugar la conocida como `gripe rusa´ que se originó en Asia Central, llegó a Rusia y, desde allí se extendió por toda Europa. El siguiente episodio fue la gripe española, y tras ella vinieron la pandemia de 1933-1935, la `gripe italiana´ de 1946-1947; la `asiática´ de 1957-1958, la de `Hong Kong´, 1968-1970, una nueva `gripe rusa´ entre 1977-1978 y la última de 2009, que se denominó `gripe A´, `gripe H1N1´ o `gripe porcina´.

mayor_actual_gripe 1Hospital de Arkansas, Estados Unidos, durante la pandemia.

¿Qué hizo tan fuerte a la gripe de 1918?

El mismo día que se estrenó La venganza de don Mendo, los periódicos publicaban los informes de Salud Pública, sobre la epidemia de gripe compartiendo espacio con otras noticias, como las manifestaciones en la Rambla de grupos a favor y en contra de la Autonomía; la huelga general en Zaragoza; las manifestaciones en Madrid por la escasez de carbón, pan, o leche; el triunfo de Sánchez-Mejía en la Monumental de Sevilla; las procesiones y romerías; o los estrenos teatrales y musicales.

En este clima social, donde se producía una elevada concentración de personas, la gripe se extendió en nuestro país con toda facilidad, sin tomarse medidas como “anular las fiestas, cerrar los teatros, prohibir todo tipo de reuniones publicas o los entierros que seguían haciéndose en las iglesias, donde se llevaba al propio enfermo contagioso y se reunían cientos de personas. Hubo un montón de medidas que en aquel momento no se tuvieron en cuenta y que deberían tenerse, si volviera una situación de este tipo”, señala Erkoreka.

Además, “En aquel momento se pensaba que lo que provocaba la gripe era una bacteria, a la que le pusieron el nombre de bacilo de Pfeiffer o Bacillus influenzae. En los años 30 se vio que el responsable era un virus. Algunos entonces sospechaban que podía ser un virus, pero en aquel momento se pensó que se estaba actuando contra una bacteria y realmente no hubo tratamientos adecuados, ni hoy tampoco los hay contra los virus”.

La I Guerra Mundial ayudó al contagio

Los periódicos de aquellos días llevaban en portada el encuentro del entonces jefe de gobierno Conde de Romanones en París con el presidente Wilson (EEUU), Clemenceau (Francia) y el Rey Víctor Manuel (Italia), para hablar entre otros asuntos sobre la puesta en marcha de una Sociedad de Naciones que estableciera la paz y reconstruyera las relaciones internacionales tras el final de la I Guerra Mundial, apenas un mes antes (11 de noviembre de 1918), cuando Alemania firmó el armisticio. 

Una guerra que había durado cuatro años, tres meses y 14 días, y provocado 10 millones de muertos, 21 millones de heridos y durante la que se movilizó a más de 42 millones de soldados por todo el mundo. De Terranova, al reino de Nepal, Siam, Unión Sudafricana, Japón, o por todo el territorio europeo.

Una guerra de trincheras, donde la gripe española tuvo su origen y donde encontró territorio abonado para desarrollarse. Así, las primeras infecciones respiratorias agudas se registraron entre 1916 y 1917 en la base militar británica de Étaples (al noroeste de Francia); luego llegaron los brotes de la llamada `neumonía de los annamitas´, que afectó a tropas `indígenas´ de la Indochina francesa entre 1916 y 1918; en febrero de 1918, la epidemia de gripe de Nueva York y, finalmente, a partir de marzo, la que afectó a miles de soldados y reclutas americanos en Camp Funston (Kansas) y otros campos militares.

Aquel otoño de 1918 la gripe española provocó más muertes que el propio conflicto, alcanzando altas tasas de mortalidad en Estados, México, Chile, Brasil, Inglaterra; Francia, Italia, España, Filipinas, o Sudáfrica.

Los territorios más castigados fueron la India, con una tasa de mortalidad de 40 por mil (aunque algunos estudios elevan el índice hasta el 160 por mil), así como ciertas islas del Pacífico Sur, en las que se registraron tasas que llegaron al 200 por mil. Algunas pequeñas comunidades de inuits y amerindios del Canadá, prácticamente desaparecieron. En el caso de la India, como en el de otras comunidades como los maoríes de Nueva Zelanda con una tasa de mortalidad del 22 por mil; o el de la comunidad negra de la Unión Sudafricana, se vieron especialmente afectados por las malas condiciones higiénico-sanitarias y el hacinamiento en el que vivían, frente a los neocelandeses de origen europeo o los blancos del apartheid.

¿Pero fue la guerra, las malas condiciones higiénicas, y el hambre las que alimentaron a este virus mortal?

Al margen de estos factores externos, que influyeron eso sí en su expansión, con el tiempo los investigadores trataron de establecer por qué una enfermedad `benigna´ había acabado con la vida de más de 40 millones de personas.

Precisamente el ADN procedente del pulmón de una joven mujer Inuit, permitió a los investigadores establecer sutiles alteraciones en un virus que afectaba a las aves (`gripe aviar´) y que le permitieron unirse a las células humanas mientras mantenía muchas de las propiedades básicas del microorganismo del cual había evolucionado.

Para el norteamericano Don Wiley y el británico sir John Skehel, jefes de los grupos que participaron en la investigación publicada por Science (6 de febrero de 2002), la clave de ese salto inesperado se encontraba en una proteína, la hemaglutinina, que pudo ser la  culpable de una de las pandemias más devastadoras de la historia de la humanidad.

Entre los millones de víctimas de la gripe española hay muchos nombres conocidos, como Woodrow Wilson presidente de Estados Unidos; Louis Botha, primer ministro de Sudáfrica; el príncipe Erik de Suecia y Noruega; el economista político y sociólogo alemán Max Weber; el autor de Cyrano de Bergerac, Edmond Rostand; los hermanos Francisco y Jacinta Marto, a quienes se les apareciera la Virgen de Fátima; el poeta francés Guillome Apollinaire; el pintor austriaco Gustav Klimt; o el hijo de Amadeo de Saboya, Humberto.

Fuentes: Erkoreka A. The Spanish influenza pandemic in occidental Europe (1918–1920) and victim age. Influenza Other Respir Viruses. 2010; 4(2): 81–89.

Erkoreka A, Y se le llamó gripe española. Investigación y Ciencia, junio 2017, 52-53.