• Miércoles, 23 de Mayo de 2018

LA MAYORÍA DE LOS ESPAÑOLES NO PREPARAMOS LA JUBILACIÓN

Las fases de la jubilación de Robert Atchley aplicadas a los españoles

En los años 70 el gerontólogo Robert Atchley desarrolló una teoría sobre la jubilación que presentaba el proceso en varias fases que todavía hoy se consideran acertadas. Un estudio de campo de la Universidad de Gerona aplicó esta teoría a los jubilados españoles.

Atchley estableció seis fases por las que una persona pasa en el proceso de adaptación a la jubilación. El autor reconoce que no todas las personas tienen una misma experiencia en su retiro de la vida laboral, pero el modelo permite una aproximación acertada al proceso de adaptación que experimenta la mayoría de la gente que afronta este periodo vital.

El estudio "La adaptación a la jubilación y sus fases: afectación de los niveles de satisfacción y duración del proceso adaptativo realizado por las investigadores María Aymerich Andreu, Montserrat Planes Pedra y María Eugenia Gras Pérez, del Instituto de Investigación sobre Calidad de Vida de la Universitat de Girona, aplicó las teorías de Atchley a personas recién jubiladas seleccionadas de los centros de mayores de Girona y estos fueron los resultados obtenidos.  

1. Prejubilación o pre-retiro

Es el tiempo previo a la jubilación. Puede durar algunos meses, o incluso años. La persona se prepara para este tiempo nuevo, haciendo planes. En esta fase se generan expectativas que pueden ser tanto muy negativas como idealizadas.

La etapa de prejubilación consta de dos subfases: la preparación activa para la finalización de la actividad laboral, y la espera que se produce una vez se han realizado los preparativos. Esta segunda subfase suele caracterizarse por una disminución en las horas de trabajo.

Según el trabajo de campo en Girona esta fase es experimentada en un 26.67% de los jubilados participantes. La mitad de ellos reconocía que las fantasías previas acerca de la jubilación que influyeron realmente en sus niveles de bienestar a medida que ésta se acercaba, lo hicieron de forma negativa. Concretamente, el 16.62% manifestaba que experimentó abiertamente ansiedad y miedo ante la llegada del retiro laboral, un 6.67% vivió anticipadamente su llegada con cierta ambivalencia y sólo un 3.38% percibió un aumento en sus niveles de satisfacción a medida que se acercaba la jubilación. El 73.33% declaró que simplemente no pensaba en ello o que podía hablar de su inminente jubilación “como un tema de conversación más” sin que ello realmente influyera en su estado de ánimo.

2. Jubilación

Atchley definió tres actitudes o patrones de conducta distintos ante el momento de la jubilación: “luna de miel”, “actividad continuada” y “descanso”.

Se habla de luna de miel cuando la jubilación se concibe como unas vacaciones indefinidas. En estos casos la persona procura cumplir todas las tareas que había dejado pendientes; entre estas destacan los viajes, muy populares en los años inmediatamente posteriores a la jubilación.

La actitud denominada “actividad continuada” consiste en sustituir la rutina laboral por otra distinta, que generalmente incluye actividades de ocio, además de otras cotidianas. Por último, Atchley categoriza como "descanso" los patrones caracterizados por la reducción en el nivel de actividad; esto es especialmente frecuente en personas que han trabajado mucho.

Entre los mayores de Girona la etapa de "luna de miel" sólo era reconocida por un 23.33% de los jubilados, mientras que la gran mayoría (76.67%) informaban haber experimentado inmediatamente las características propias de la fase de desencanto o de reorientación.

3. Desencanto y depresión

La tercera fase que establece Atchley es la de desencanto, donde aparecen con frecuencia sentimientos de tristeza, incertidumbre y decepción, particularmente si las expectativas con respecto a la jubilación eran muy optimistas.

La fase de desencanto fue vivida por menos de la mitad de los participantes en el estudio (40%) quienes declaraban haber experimentado una disminución importante en sus niveles previos de satisfacción. Para tres de cada diez participantes en el estudio, esta etapa se resolvió durante los 6 primeros meses después de la jubilación mientras que para uno de cada diez se superó entre los 6 y los 18 meses posteriores, siendo la mayoría de los casos los que no la experimentaron.

4. Reorientación

En la fase de reorientación, después de que se frustren las expectativas idealizadas sobre la jubilación, la persona reevalúa su situación de un modo más realista. Es cuando empiezan a explorarse actividades productivas o de ocio nuevas o se retoman otras que habían sido abandonadas. También empiezan a establecerse rutinas más satisfactorias.

Un 70% de los participantes en el estudio experimentaron esta fase cuya duración media era ligeramente superior a un año. En este sentido, la mayoría de las personas jubiladas invertían un período situado entre los seis meses y el año para superar la fase de reorientación (30%), siendo algunos menos los que necesitaban un tiempo inferior a los seis meses (20%) o superior al año (20%).

5. Estabilidad o rutina

En este periodo la persona se adapta de forma definitiva a la jubilación a través de la adopción de un estilo de vida rutinario. Quienes han alcanzado la etapa de estabilidad son conscientes de los patrones de conducta que les resultan más placenteros y que les permiten enfrentarse a los cambios y dificultades que van apareciendo.

En el estudio esta fase había sido lograda por un 80% de los participantes. El tiempo medio necesario para adaptarse a la jubilación se calcula en 9 meses. Más de la tercera parte de los jubilados de la muestra lograron adaptarse a la jubilación durante los primeros seis meses después de jubilarse. De seis meses a un año resultó ser el tiempo necesario para un 16.66% de los jubilados participantes, mientras que un 26.64% requirió más de un año.

Atchley incluyó una última fase que denominó finalización, esta fase en la que la persona deja de ser independiente y depende de otras personas por motivos de salud. El estudio no refleja esta fase, ya que la muestra era de personas jubiladas independientes.

El estudio concluye que la gran mayoría de los participantes declaran no haber pensado en su jubilación ni haber visto afectada anticipadamente su satisfacción al respeto. En este sentido se presenta como patrón predominante la inexistencia de la primera fase de prejubilación, descrita en el modelo de Atchley.

Para los que sí experimentan una fase previa marcada por las fantasías y las expectativas de su etapa futura como jubilados, predominan las percepciones de angustia y miedo. Estos resultados son similares a los obtenidos por otros estudios (Nuttman 2004) según el cual las entrevistas previas a la llegada de la jubilación muestran mayoritariamente la vivencia de un período de incertidumbre y crisis mientras que para una minoría supone una simple continuación con etapas previas o incluso cierta oportunidad para el cambio y la mejora.

"Sólo 2 de cada 10 experimentan la etapa de "luna de miel"

 

La etapa de "luna de miel" del modelo de Atchley son sólo experimentadas por dos de cada diez jubilados y que inmediatamente tras la finalización del período laboral ya hay casos que experimentan un descenso, en algunas ocasiones muy acusado, de sus niveles de satisfacción adentrándose directamente en la fase de desencanto. Ésta es experimentada por cuatro de cada diez casos y su duración es, por lo general, bastante breve.

La fase de reorientación es la que está más presente entre el grupo de jubilados estudiado, pues se observa en siete de cada diez casos, después de la fase de estabilidad que aparece en ocho de cada diez jubilados en el momento de la realización del estudio.