• Sábado, 24 de Febrero de 2018

URUEÑA, VALLADOLID

Bienvenidos a la Reserva de la Cultura Tradicional

Este pueblo vallisoletano de apenas 120 habitantes reúne dentro de su recinto amurallado dos museos de música, uno de gramófonos, uno de campanas, además de 10 librerías, y un museo del cuento. Os proponemos un viaje donde los protagonistas son los que han hecho de Urueña, una reserva de la cultura tradicional.  

Hace ya algunas semanas que estuve en Urueña, pero hasta hoy no había encontrado el momento para ponerme a escribir sobre este pueblo vallisoletano. Así que pongo de fondo a Ella Fitzgerald y Norah Jones, mientras ordeno las ideas y relajo el ánimo, hasta encontrar las palabras que reflejen el ambiente de paz y sosiego necesarios para emprender este viaje.

Ya aviso que este no es un trayecto para los que tengan prisa, para los coleccionistas de sitios y que gusten de ver desde la ventanilla del coche el paisaje. Si eres así, no sigas leyendo, bájate de este post. Pero si por el contrario, si no te importa pasear, pararte a escuchar, hablar bajo y mirar, Urueña será para ti un buen destino.

Llegar a Urueña es como la ceremonia del té en Japón, donde los invitados, antes de acceder a la casa, esperan en el jardín y caminan a través de un sendero llamado roji, rociado previamente con agua para limpiarse y deshacerse de sus líos mentales. Para algo así, para olvidarnos del ruido y de las prisas, debe servir la estrecha carretera que tomamos en el desvío de la A-6, y que nos conduce hasta la villa.

                               En primer plano la ermita de La Anunciada, al fondo las murallas de la Villa.

Antes de llegar, lo primero que uno ve cuando se acerca es la ermita de la Anunciada a su izquierda, parada obligatoria y desde donde tenemos una espectacular vista del pueblo subido sobre una loma  y rodeado de las murallas. Aprovechamos y echamos un primer vistazo al exterior de la única ermita de estilo románico-lombardo que hay en Castilla y León, las visitas al interior hay que concertarlas con la oficina de turismo.

Cuando llego arriba son las 10,00 y tengo que darme prisa para encontrarme con la persona que me ha traído hasta Urueña. Como es lunes, no hay nadie aparte de algún lugareño entregado a sus tareas. Aparco cerca de la Puerta del Azogue, puerta principal de la villa y me dirijo hasta la Fundación Joaquín Díaz, donde he quedado con el propio Joaquín Díaz (Zamora, 1947), a quien sin duda Urueña le debe el haberse convertido en algo más que en `Uno de los Pueblos más bonitos de España´, y ser en la actualidad uno de los centros de la cultura tradicional más importantes del mundo.

                               Joaquín Díaz, con uno de los álbumes de fotografías antiguas que se guardan en el archivo de la Fundación que lleva su nombre.

Este músico, etnógrafo e investigador, a mediados de los años 60 abandonó su puesto de profesor de la Universidad de Valladolid para trasladarse hasta Urueña, donde en una Casona propiedad de la diputación conocida como `La Mayorazga´ (s.XVIII), empezó a trabajar en la creación de archivos sonoros, escritos y gráficos relativos a la cultura tradicional.

Estamos ante la gran migración del campo a la ciudad, donde muchos pueblos empezaron a vaciarse, y solo se llenaban en las `fiestas de agosto´, y donde solo los más mayores quedaron para contar y cantar sus tradiciones. Y es entonces cuando Joaquín, inicia su recorrido pueblo a pueblo, casa por casa hasta llegar a crear el gran archivo que alberga hoy la Fundación: Una biblioteca con más de 25.000 títulos; una fonoteca con más de 14.000 soportes sonoros, de los que un millar son precisamente las casettes con las grabaciones realizadas por Joaquín y su equipo en los pueblos de Castilla y León, y otras CCAA. También de forma virtual puede visitarse una parte importante del archivo fotográfico que tiene la fundación, así como los fondos de la Colección de Instrumentos Musicales, y de los Museos de las Campanas, los Gramófonos y el de Papel.

La Fundación ha sido desde su creación un polo de atracción para investigadores de todo el mundo; así como el propio Joaquín, quien logró que Luis Delgado trajera hasta Urueña su colección de instrumentos musicales de todo el mundo, o que Jesús Martínez actual propietario de la librería Alcaraván, viniera hasta aquí para montar en 1993 la primera librería del pueblo. Hoy con 120 habitantes cuenta con diez librerías, lo que le valió que en el año 2007 se convirtiera en la primera Villa del Libro de España; además de un Museo del Cuento, un taller de grabados, y una empresa editora de libros.

                               El músico Luis Delgado, al fondo algunos de los instrumentos que se pueden ver en el Museo de la Música.

Después me dirijo hasta el Museo de la Música para ver a Luis Delgado. De camino voy pensando en Joaquín, en que a pesar de su amplia trayectoria musical y su importante labor etnográfica, reconocida internacionalmente, aquí en España no es conocido por el gran público, teniendo la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes (2002), el Premio de la Academia de la Música `A toda una vida´ (2008), y grabados más de 70 discos.

Precisamente uno de ellos, Canciones Españolas en el sudoeste de los Estados Unidos, me hace pensar, no sé por qué, en Johnny Cash `el hombre de negro´, en Willie Nelson, en Alan Jackson o en Kenny Rogers, todos representantes de la música country americana que han alcanzado fama mundial.

Pese a la corta distancia que separa a ambos Museos, no es raro que me pierda una vez más, y acabe recorriendo el adarve de la muralla (s.XII-XIII). El día es claro y me encaramo a una de sus torres accesibles desde donde se divisa el valle en el que se enclava la ermita de la Encarnación; los palomares y las ruinas del antiguo monasterio benedictino del Bueso. La otra parte del recorrido transcurre desde la Puerta de la Villa y el mirador del Cubo Nuevo, desde donde se divisa Tierra de Campos y en días claros la Sierra de la Culebra y los Montes de León.

                               Desde `el Roto´de la muralla pueden aplaudirse los atardeceres.

Vuelvo sobre mis pasos hasta `el Roto´ de la muralla, una pequeña puerta que permite asomarse al paisaje. Desde allí, sentados en una roca podemos observar casi a su misma altura el vuelo de las rapaces. Para los que sean aficionados a aplaudir las puestas de sol, algo habitual en algunas playas del sur de España, apúntese este lugar porque son espectaculares. Y para los que les guste estar a la última en tendencias, sin duda si siguen la del turismo `slow´ deben señalarlo en su GPS.

Precisamente allí, acude con frecuencia Luis Delgado para descansar y buscar inspiración. Nacido en el castizo barrio de Chamberí de Madrid, Delgado llegó a Urueña de la mano de Joaquín Díaz, cuando buscaba un lugar donde exponer su colección de instrumentos musicales, formada por un total de 1.200, de las que medio millar están actualmente expuestos al público. Precisamente con algunos de los que conforman esta colección, como el Saz, el Bawu Chino, la Sinfonía Medieval, la Fujara Eslovaca, el Oud Árabe, la Gaita de Centeno, o las Arpas de Boca, grabó Viajes Sonoros, uno de sus 20 discos, y el último para el Museo Vivo de Al-Andalus, que alberga la Torre de la Calahorra de Córdoba hace apenas un par de meses.

                               Detalle de la colección de instrumentos de Luis Delgado.

A pesar de su `retiro´a tierras vallisoletanas, Delgado sigue manteniendo una importante actividad musical, tanto como creador de músicas para espacios expositivos, como el Planetario de Madrid, Pamplona, A Coruña o Nueva York; como compositor y productor de varias bandas sonoras de series de televisión, y de la música para ballet y obras de teatro. Miembro y fundador del "Quarteto Medieval de Urueña", colabora habitualmente con otros músicos como el grupo francés de música medieval "Le Tre Fontane" o acompañando con sus instrumentos a Amancio Prada o Cuco Pérez en directo. Siempre acompañado de alguno de sus instrumentos musicales. Una trayectoria por la que ha recibido numerosos premios, entre ellos ser miembro honorario del Grand Ole Opry, la máxima entidad de la música tradicional americana.

Por cierto no se pierdan la Star´s Guitar (solo existe otra igual en el mundo), que forma parte de la colección del museo, aunque según apunta el propio Delgado lo importante no es solo un instrumento o dos, sino la colección completa. “Cada instrumento tiene un valor, tanto por su propia historia, como ha llegado hasta aquí, como por el instrumento en sí”. Una colección que se ha ido construyendo por distintas vías: en los numerosos viajes que Delgado ha realizado alrededor del mundo, comprándolos por Internet (los menos); o las reproducciones únicas de instrumentos medievales realizadas por Luthiers a partir de la documentación original o de las imágenes de los pórticos de la Catedral de Santiago, o la Colegiata de Toro ofreciendo una oportunidad única de ver estos instrumentos.

Seguimos la charla fuera del museo, alrededor de una mesa camilla donde hablamos de su vida en Urueña, que ha encontrado aquí, si echa de menos Madrid y sobre sus últimas creaciones. Creo que dos citas que me dijo resumen muy bien lo que ha encontrado aquí: una de Amancio Prada en la que dice que “para vivir hace falta espacio, luz y silencio” y otra del arquitecto francés Le Corbusier “el ser humano necesita ver el horizonte para vivir”.

                               Jesús Martínez, abrió la primera librería de Urueña, que desde el 2007, ostenta el título de Villa del Libro.

Nos despedimos, y dirijo mis pasos hacia la librería Alcaraván, donde me encuentro con otro madrileño, Jesús Martínez, quien después de trabajar en distintas librerías de la capital, decidió venirse a Urueña, animado también por Joaquín Díaz, del que primero fue fan y más tarde amigo. “Mi ilusión de siempre fue vivir en el campo. Así que cuando vine aquí a visitar a Joaquín y animado por el tipo de público que venía a ver la Fundación, me animé y abrí mi primera librería en la calle Real. Entonces en el año 93, Urueña se convirtió en el pueblo más pequeño de España con librería que entonces tenía 260 habitantes. Más tarde vinieron encuadernadores, Luis Delgado,… creándose un movimiento cultural que unía los libros y la música”.

Precisamente con Delgado, comparte el gusto por asomarse `al Roto´ de la muralla, para observar el paisaje, y sobre todo los pájaros, como buen aficionado a la ornitología: el verderón o el verdecillo, y numerosas rapaces como el esmerejón, águilas, e incluso buitres, son algunas de las que enumera.

Martínez cumple sus 25 años en el pueblo y lo hace como concejal de Cultura con numerosos proyectos que intentan complementar el turismo cultural con el de naturaleza con la próxima apertura de dos rutas senderistas: una de 5 km que transcurre desde el pueblo y por el valle de la ermita; y otro de 9 Km hasta el Monasterio de la Santa Espina.

Y con una inquietud “que la gente que venga aprecie la historia, la naturaleza y la cultura que tiene Urueña”.

Con ese deseo me despido de Jesús, y salgo al encuentro de Juan Hormaechea, por las desiertas calles de Urueña, donde reina el silencio, roto por un momento por el claxon del panadero que viene repartiendo el pan.

Fotógrafo de naturaleza y coleccionista de imprentas antiguas que guarda en un almacén, solo visitable para quien tenga verdadero interés en ello, con Hormaechea recorro las calles del pueblo. El descubrimiento de una placa con la leyenda “Aquí murió la joven Luisa Ramos Sánchez, el día 8 de octubre de 1927 a las 8 de la tarde, de mano hairada a los 18 años de edad, una oración por su alma”, conduce la conversación hacia las leyendas sobre crímenes y demás hechos luctuosos, sucedidos en el pueblo, sobre los que Juan parece estar haciendo una recopilación. El crimen del tío Gilito, o la muerte de dos niños en una fría noche de Navidad, son algunas de las que me anticipa.

La jornada llega a su fin, y mi paseo por Urueña también. Pienso en todas las veces que he venido, y lo poco que había visto, y sí, hoy sí me voy con la sensación de que conozco algo más este pueblo.

Creo que cuando pase el tiempo, y se estudie la historia de Urueña, cuando se construyeron sus murallas, o su ermita, o la iglesia, deberán también figurar con letras de oro el año que se abrió la Fundación Joaquín Díaz, o Luis Delgado decidió establecer aquí su museo.