• Lunes, 20 de Agosto de 2018

“Una inteligencia artificial predice la muerte”. Con este titular la revista Wired se hacía eco del trabajo Improving Palliative Care with Deep Learning, publicado por un equipo investigador de la Universidad de Stanford. Parece que las matemáticas toman el mando a la hora de adivinar el futuro. Como sucede con tanta frecuencia, el planteamiento de los investigadores resulta mucho más modesto y precavido que el de los divulgadores, necesitados de titulares llamativos para atraer lectores – y anunciantes – .

Una vez rebajadas las expectativas desmedidas originadas por Wired, vale la pena comentar la aportación del equipo de Stanford. Su texto arranca con un dato: el 80 % de los estadounidenses querrían pasar sus últimos días en casa, algo que solo logra el 20 % de la población. Casi dos tercios de los norteamericanos mueren en los hospitales, donde muchos de ellos reciben tratamientos agresivos, percibidos como molestos.

Software para pronosticar la muerte

Aumenta el número de departamentos de cuidados paliativos en los hospitales estadounidenses, lo que es una buena noticia, pero menos de la mitad de los ingresados, para los que estaría indicada esa atención, la reciben de hecho. Esta carencia se atribuye a la falta de personal especializado: hay muchas plazas sin cubrir. A su vez, en la raíz de la escasez de personal preparado está el déficit de formación en universidades y hospitales, que no han sabido ilusionar a los estudiantes por esta especialidad, humana y de alta categoría científica: crece más la necesidad de atención paliativa que la formación del personal sanitario necesario para atenderla. Además, en muchas ocasiones fallan los servicios de admisión de los hospitales, que no identifican a los pacientes que deberían recibir cuidados paliativos.

Para resolver ambos problemas, los investigadores de Stanford apuestan por un software que llevará a cabo pronósticos apoyados en los recursos de deep learning ydata mining. No es este el lugar apropiado para comentar los aspectos técnicos de la propuesta, que se basa en el análisis de grandes masas de datos. El algoritmo se aplicaría a todo nuevo paciente ingresado en el hospital cuando se obtenga una respuesta afirmativa a la pregunta: -¿Morirá el paciente en un plazo de doce meses?

¿Vamos hacia la deshumanización de la atención?

El eco y el debate suscitados por la investigación de Stanford han sido considerables. Los críticos han recordado que en Gran Bretaña se aplicó hace años un procedimiento similar, el Liverpool Care Pathway for the Dying (LCP). Ese programa se abandonó al comprobarse que el personal clínico tendía a descuidar la atención a los pacientes incluidos en él: se les consideraba sentenciados a muerte por los que no había gran cosa que hacer.

Big Data, inteligencia artificial, algoritmos, “minería de datos”, protocolos… Hardware y software cada vez más capaces y sofisticados se dan la mano para alumbrar entes como Watson, el superordenador de IBM, diseñado para ocupar el lugar de los médicos (y ganar dinero: IBM ha creado en 2015 una nueva unidad de negocio, IBM Watson Health, con 2.000 profesionales).

La práctica médica corre peligro de deshumanizarse, lo que sería particularmente nefasto en el caso de los cuidados paliativos. Afortunadamente, el sentido común no ha desparecido del todo. Lo recuerda Kenneth Jung, informático miembro del equipo de Stanford, al insistir en que la inteligencia artificial resulta útil si va unida al trabajo de los profesionales médicos: “We think that keeping a doctor in the loop and thinking of this as ‘machine learnig plus the doctor’ is the way to go, as opposed to blindly doing medical interventions based on algorithms… That puts us on firmer ground both ethically and safety-wise”.

Nota: El equipo ha tenido acceso a los datos de dos millones de pacientes –adultos y niños–, del Stanford Hospital y del Lucile Packard Children’s Hospital, tratados entre 1995 y 2014. Para su estudio han utilizado algo más de 200.000 casos.

Fuente: Blog Atlantes Cuidados Paliativos de la Universidad de Navarra.