• Miércoles, 22 de Agosto de 2018

La portavoz de la Coordinadora Estatal en Defensa del Sistema Público de Pensiones, Victoria Portas, analiza la reunión con la ministra Magdalena Valerio del pasado martes 31 de julio.

Si hay una frase para describir la reunión con la Ministra de Trabajo y S. Social el pasado 31 de julio, esa sería “a los miembros de la coordinadora nos gustó la música, pero no nos convenció la letra”. Y no nos convenció la letra, simple y sencillamente porque no hubo letra, hubo eso sí promesas, pero en este país donde hace años está instalada en sus instituciones la política de corta mirada, con el ojo puesto en sus sillones y en ganar las próximas elecciones, ya se hace muy difícil creer en las promesas de un político aunque este se llame Magdalena Valerio, persona muy amable y accesible, que puede aguantar horas de reunión sin inmutarse.

La Coordinadora asistió a esta reunión a petición propia y de los cientos de miles de ciudadanos que le dan apoyo, con la idea de arrancar en septiembre con un grupo de trabajo, que pudiera ir dando solución a todo el documento que se entregó, con medidas a corto, medio y largo plazo, que pusiese solución a la situación actual de nuestro Sistema Público de Pensiones (en la actualidad hecho unos zorros), tanto para nosotros como para las generaciones futuras, mucho más sabiendo como sabemos que los problemas que tiene no son de gastos sino de ingresos.

Pero allí estaba el todopoderoso Secretario de Estado, sindicalista de toda la vida, mascando chicle como los duros vaqueros del Oeste Americano mascaban tabaco, para impedirlo. ¿Cómo se nos ocurría a nosotros mortales semejante tropelía? Para eso estaban los sindicatos mayoritarios. ¿Qué sería entonces del Dialogo Social y las prebendas que conlleva? De ninguna manera se podía permitir semejante blasfemia.

En esta tesitura, la Sra. Ministra no tuvo más remedio que recular y ofrecernos el chocolate del loro: poder reunirnos con Ella alguna vez, y hacer lo posible porque nuestra opinión se conociera en esa especie de fumador de María, que debe ser la Comisión del Pacto de Toledo, pues es más difícil saber de qué se habla y qué se decide allí, que poder leer los documentos secretos del Pentágono.

O sea, mucha música, poca letra.