• Lunes, 22 de Octubre de 2018

UN PROGRAMA DE TV QUE REVELA LOS BENEFICIOS DE LOS PROGRAMAS INTERGENERACIONALES

"Cosas de la edad", mucho más que un experimento televisivo

La televisión de pago Movistar ha estrenado un programa donde mayores habitantes de una residencia y niños de 4 años interactúan y se relacionan mostrando cómo el encuentro les enriquece mutuamente.

Movistar ha estrenado en su canal #0 Cosas de la edad, un programa donde un grupo de 10 personas mayores de la residencia Amavir Alcorcón y 10 niños de 4 años se relacionan durante seis semanas compartiendo distintas actividades.

Esta producción es una adaptación de 'Old People´s Home for 4 years old', un formato de Channel 4 que ha funcionado bien en Reino Unido donde se está rodando ya una segunda temporada.

Asesorados por un grupo de expertos, mayores y niños realizan actividades conjuntas que permiten un encuentro y un conocimiento mutuo, así como posibilitan que nazca una relación entre los participantes, y que estas relaciones vayan creciendo y creando complicidades y vínculos entre unos y otros.

Aunque solo se ha emitido el primer capítulo, ya son evidentes los beneficios que estos encuentros producen en el comportamiento de los mayores, y también entre los niños.

Una experiencia placentera y emocionante

Mariano Sánchez es sociólogo y especialista en relaciones intergeneracionales, y ha participado como asesor en la realización del programa. Para Sánchez, "las personas mayores se han sorprendido a sí mismas, unas menos y otras más, porque se han enfrentado a algo nuevo y han aprendido. Creo que han sentido placer, y aunque han existido altibajos, en general el tono ha sido satisfactorio en lo que supone como experiencia humana".

"Además, continúa Sánchez, ha sido muy emocionante. Yo he visto semana tras semana entre los mayores la emoción de la espera para el encuentro. Además, a lo largo del proceso los niños han servido de puente para establecer contacto y relaciones entre los mayores, y la experiencia ha servido para ampliar y mejorar la comunicación entre personas que vivían juntas, pero que no tenían apenas relación. Los espacios residenciales no son espacios de hacer amigos, el establecimiento de lazos nuevos, de amistades nuevas, ocurre muy poco, y este es un tema para reflexionar", explica el sociólogo.

Mejoría física, anímica y social

De igual opinión es Lidia Sánchez, la directora de la residencia Amavir Alcorcón donde se ha desarrollado el programa. "Entre los participantes se ha creado un vínculo que no existía al principio del programa y que no es habitual. En las residencias crear nuevas relaciones sociales es muy difícil y no suele darse. Han mejorado en relaciones sociales y también anímicamente. Los fines de semana estaban expectantes para que llegara el lunes y volver a ver a los niños. Los lunes eran un día especial", comenta Lidia.

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La directora del centro ha constatado la mejora que la experiencia ha supuesto para los participantes. "La mejoría anímica y física en los mayores ha sido brutal. Gente que no quería caminar ha caminado, una persona que no era capaz de coger un lápiz para pintar, acaba pintando. Hay un detalle muy revelador -explica Lidia- que es que durante el tiempo que estuvieron grabando apenas fueron al médico, y cuando acaba el programa vuelven otra vez al médico. El que estuvieran allí los niños suponía no pensar tanto en sus enfermedades y en sus problemas. Ha sido como un tiempo de felicidad".

Mariano Sánchez profundiza en los resultados de la experiencia "algunos de los mayores participantes han reverdecido un poco, y ese brote verde, si lo cuidamos, puede dar de sí muchas cosas. También es interesante ver cómo los niños han ido "eligiendo" y creando afinidades que se han convertido en vínculos afectivos fuertes con estas personas. Para los niños, la familiaridad de trato con personas mayores influye en su formación y en la creación de imágenes sobre la vejez, y si mantenemos esos contactos, yo creo que veríamos a unos adolescentes, a unos jóvenes y unos adultos mucho más comprensivos, empáticos y cercanos al envejecimiento y a las edades avanzadas".

¿Por qué no hay más?

Si estos encuentros son tan beneficiosos, tanto para los jóvenes como para los mayores ¿porqué son tan excepcionales? Para Mariano Sánchez la respuesta es clara, "no se hace más porque no hay lugares donde verlo y aprender cómo se hace, por eso para mí el valor más importante de este programa está en poder tener por fin un relato en imágenes de calidad para que la gente lo vea. Tienes que verlo".

Lidia Sánchez cree que la dificultad de traer a niños a la residencia está en los prejuicios existentes. "Yo creo que hay un estereotipo sobre las residencias y los mayores que viven en ellas que hace que los padres "protejan" de alguna manera a sus hijos para que no vean lo que creen que hay en las residencias, enfermedades, y gente que está mal... por eso creo que los padres tienen muchas reticencias a traer niños a las residencias, y por eso es más difícil que se hagan estos programas. Existe una imagen de las residencias que no se ajusta a la realidad".

Las ventajas de los proyectos intergeneracionales saltan a la vista, pero también existen inconvenientes. La grabación del programa ha supuesto seis semanas de encuentros regulares y la creación de vínculos afectivos entre los participantes. Pero qué pasa en la semana siete, en la ocho, en la nueve... ¿Cómo afectan a los participantes la finalización de estas relaciones?

Mariano Sánchez lo compara con las amistades vacacionales. "Si tu ves que esa relación que se ha establecido no tiene continuidad, hay algo que se quiebra y te crea una sensación de desasosiego, de pérdida".

Los expertos en experiencias intergeneracionales inciden en la necesidad del compromiso, de la continuidad de las relaciones en condiciones naturales, de evitar las rupturas bruscas, unilaterales... y en este caso se ha conseguido.

Una semilla de futuro

Tras la grabación de los programas, la residencia y la escuela infantil Los Pinos se pusieron a trabajar para poner en marcha un programa de encuentros entre los mayores y otros niños de la escuela. Empezaron justo cuando acabó el programa, y este curso retoman la experiencia. Este año serán unos 60 niños los que participarán del programa, con lo que los mayores que podrán disfrutar del intercambio y de la relación serán muchos más de los 10 que participaron en el programa de televisión.

Azuzena Gutiérrez es la directora de la Escuela Infantil de la Comunidad de Madrid Los Pinos de Alcorcón. "Este es un proyecto que a nivel emocional nos toca y nos sana a todos. Los niños se han volcado mucho a nivel emocional y afectivo. Nos sorprendía cómo desde las primeras sesiones a los niños les salía directamente darles besos a los ancianos. Incluso a los que estaban en silla de ruedas los niños hacían por treparles las piernas y darles besos. Estamos hablando de niños de 2 y 3 años. Esas personas desconocidas les despertaban mucha ternura de manera natural", nos cuenta Azucena, que destaca los beneficios que ven en los niños.

"Hemos notado que el encuentro tranquilizaba a los niños, y que estaban muy sensibles, trataban con mucho cuidado a los mayores, y procuraban ayudarles con el bastón, o para andar... había mucha empatía. Y también los mayores les transmiten seguridad y fuerza de espíritu, también mucha paciencia y tenían todo el tiempo del mundo para dedicar a los niños, y esto los pequeños lo agradecían también".

Los programas intergeneracionales bien diseñados y realizados, con controles de seguimiento, evaluaciones continuas y mejoras progresivas resultan muy enriquecedores primero para las personas mayores, pero también para la formación y educación de los niños. Pero en nuestro país este tipo de experiencias son todavía muy escasas. Azucena tiene esperanza "yo espero que poco a poco se vayan animando más centros y creo que se van a animar".