• Sábado, 15 de Diciembre de 2018

DOLORS COMAS, DIRECTORA DEL PROYECTO “EL COMPROMISO DE LOS HOMBRES CON LOS CUIDADOS DE LARGA DURACIÓN”

"En los cuidados hay una gran injusticia de género y una gran injusticia social"

Para Dolors Comas, catedrática de la Universidad Rovira i Virgili, el modelo tradicional de cuidados ya no sirve y los hombres tendrán que incorporarse sí o sí. Algo que ya han empezado a hacer los de edad más avanzada, que deben cuidar a su pareja, lo que demuestra según Comas, “que cuidar no es una cuestión natural, que nos sale por instinto a las mujeres, sino que se aprende”.

Dolors Comas, en el Foro Internacional sobre la Soledad, la Salud y los Cuidados organizado por el Ayuntamiento de Madrid (Foto: MayorActual).
Dolors Comas, en el Foro Internacional sobre la Soledad, la Salud y los Cuidados organizado por el Ayuntamiento de Madrid (Foto: MayorActual).

Dolors Comas es catedrática de la Universidad Rovira i Virgili, y miembro del Departamento de Antropología, Filosofía y Trabajo Social, desde el que dirige el proyecto de investigación “El compromiso de los hombres con los cuidados de larga duración. Género, generaciones y culturas de cuidado”. Sobre la implicación de los hombres en los cuidados, especialmente en el ámbito familiar, y la situación de aislamiento, y exclusión social a la que están expuestas las cuidadoras, hablamos con ella en esta entrevista.  

-Usted cuando habla de cuidados habla de economía del afecto ¿Qué quiere decir con esto?

-Utilizo el término economía en diversos sentidos: por un lado me refiero al afecto o la obligación moral; porque a veces cuidamos sin tener afecto a la persona, al marido o a los hijos, porque a veces el afecto se pierde, pero se tiene una obligación moral. Hablo en el doble sentido, en como esas maneras de cuidar que no son remuneradas, que hacemos por obligación moral, o por afecto, economizan gasto público. Todo lo que hacemos gratis no entra en los presupuestos del Estado, de las instituciones…

Y por otro lado, economía del afecto porque sabemos que estos trabajos de los cuidados que se hacen en los hogares tienen un valor económico, y esto es así cuando el mercado hace los servicios del cuidado o cuando han de entrar en los presupuestos públicos, y es en este sentido cuando hablo de economía de los afectos.

“Los cuidados de larga duración requieren una intensidad muy fuerte en trabajo y en tiempo, y por tanto esclaviza a las personas que los dan”

 

-¿Cree que la Prestación Económica de Cuidados en el Entorno Familiar, concedida mayoritariamente por las Administraciones, frente a otros servicios y prestaciones está pervirtiendo el espíritu de la Ley de Dependencia?

-Sí. La Ley de Dependencia preveía la remuneración o las prestaciones a los cuidadores no profesionales como una excepción, y en cambio se priorizaría frente a la creación de servicios, sobre todo de ayuda a domicilio, pero también de residencias, y otros, como teleasistencia, servicios sociosanitarios. Pero ¿Qué sucedió? Cuando la Ley se puso en marcha en el año 2017 íbamos tan retrasados, hubo tal colapso de demandas, que era más fácil dar prestaciones que crear servicios.

Por otro lado, hay un aspecto cultural muy importante que también intervino, que son las familias, las propias personas que necesitaban asistencia preferían envejecer en el hogar, y esto no lo solucionaban determinados servicios, y por tanto, pedían prestaciones.

Pero sí ha sido una perversión de la Ley, porque con los recortes y las políticas de austeridad tan fuertes aplicadas por el PP, especialmente, lo más fácil de recortar han sido las prestaciones, y así se ha hecho.

-¿En el caso de los cuidadores de Dependientes de grado II y III, esto supone vivir casi en régimen de semi esclavitud, ya que suple el trabajo de al menos dos profesionales?

-Sí, aunque esta semi esclavitud sea a través de la propia persona emparentada que está cuidando a su padre, a su madre o a su esposa, porque finalmente las horas que exigen los cuidados de larga duración son muy fuertes, requieren una intensidad muy fuerte en trabajo y en tiempo, y por tanto esclaviza a las personas que están dedicando a los cuidados.

“El cuidador sufre un problema de exclusión desde el punto de vista económico y de recursos, y también de aislamiento social”

 

-Pero además la Prestación Económica nunca corresponde con el sueldo de un profesional, y menos de dos o tres, por lo que si un familiar ha dejado su empleo para cuidar ¿Esto no supone una pérdida de derechos y le expone a la exclusión social, al quedarse sin ningún ingreso y fuera del mercado laboral una vez fallezca el familiar?

-Sí, esto es así, pero yo además quiero añadir otra cosa: la soledad de las personas cuidadoras. En los cuidados de larga duración, en el caso de una persona con Alzheimer puede vivir 10, 12, 14 años, y los últimos años requiere una intensidad de cuidados muy fuerte. La persona cuidadora acaba teniendo un aislamiento social, porque deja de tener aquellos momentos que la permitían relacionarse y reactivar las relaciones sociales: dejas de ir a cenas, al teatro, a donde te encontrabas con los amigos, y se va produciendo este aislamiento social. Por tanto, hay un problema de exclusión desde el punto de vista económico y de recursos, y también hay un problema de desorientación vital, porque también te aíslas del entorno.

-Ustedes han hecho un estudio sobre la incorporación de los hombres a los cuidados. ¿Todo esto cambiaría si los que se dedicaran a los cuidados mayoritariamente fueran hombres?

-No lo sé. Lo que sí sé es que los hombres ahora son pocos, más de los que nos parecen, pero se tendrán que incorporar porque la necesidad de cuidados está creciendo exponencialmente, y las familias son más reducidas, pequeñas, diversas que hace unos años. El papel de las mujeres, que entonces se dedicaban todo el tiempo a cuidar de los demás, ya está obsoleto y por tanto, el modelo tradicional de cuidados ya no nos sirve y los hombres tendrán que incorporarse sí o sí.

Ya lo están haciendo, por ejemplo en las edades avanzadas cuando se envejece en pareja, se sabe que progresivamente hay cada vez más hombres que cuidan a sus mujeres y que llega un punto que hay más hombres cuidando que mujeres. Esto se da sobre todo a partir de los 80 años. Porque enfermedades como el Alzheimer o de demencia senil, que requieren un cuidado intensivo, las padecen más las mujeres. Y en estos momentos uno de los colectivos más invisibles son estos esposos que cuidan a sus cónyuges, cosa que antes hacían las hijas, pero hoy las hijas no pueden, y ellos mismos no quieren pedir ayuda “no queremos depender de los hijos”, dicen;  otra cosa es que la reciban muy gustosamente. Esto nos indica que la presencia de estos cónyuges antes no estaba, los propios médicos nos lo explican. Antes, cuando una mujer mayor estaba enferma, venía acompañada de su hija al consultorio, ahora viene con su marido, porque las hijas están trabajando. Por tanto, ya hay hombres que se están incorporando.

“Que los hombres se incorporen a los cuidados no es solo cuestión de igualdad de género, sino también de necesidad social”

 

También por otro lado, estamos en una sociedad que hemos tenido muy pocos hijos, el fenómeno del hijo único es muy fuerte en España, ha habido una reducción muy fuerte en la natalidad por tanto, si hablamos en términos de lo que hacemos en las familias, le tocara al hombre, como le ha tocado a las mujeres, porque no hay más. Sí que vemos que hay hijos que se están responsabilizando, porque también esto pasa como en las parejas, se negocia tú que haces, yo que hago. Ahora también hay negociaciones entre hermanos y hermanas que se plantean, nuestros padres están mal, están mayores y necesitan cuidados ¿Cómo lo hacemos? Esto antes se resolvía muy fácilmente, las mujeres cuidaban y los hombres aportaban materialmente, ahora ya no es tanto.

-Antes las mujeres eran las que tomaban la iniciativa del cuidado y decidían ¿esto sigue siendo así?

Siguen arrogándose esta iniciativa o la siguen tomando, porque son las primeras, pero sí que se da esa situación. Como otra situación, las nueras antes cuidaban a sus padres o a los del marido, hoy no (no digo que no exista) pero es muy minoritario.

Las familias han cambiado mucho, España en estos momentos es el país de Europa con la tasa más elevada de divorcios, por tanto, las segundas, terceras cónyuges no se sienten tan comprometidas con los padres de la pareja y es más frecuente que digan “oye son tus padres”. Pero insisto, se ha reducido considerablemente por los cambios que ha habido en la propia conyugalidad, en la manera de entender los compromisos y por el hecho de que las mujeres están haciendo tantas cosas que hay que repartir, y esto también.

-Hablaba de la edad avanzada en la que los hombres se ocupan del cuidado de sus mujeres ¿Qué calidad de cuidados puede proporcionar una persona a esa edad?

-Pues se hace lo que se puede. Tenemos unos servicios públicos limitados y los servicios de mercado son caros, excepto cuando se explota a las mujeres migrantes, con salarios muy bajos que son las que tenemos mayoritariamente en los hogares ¿no? Pero efectivamente, los hombres y mujeres que cuidan a edades avanzadas necesitan ellos mismos de cuidados. Lo que me parece importante destacar, en todo caso, es que esta realidad existe, y que las instituciones públicas deberían saber identificar y dar apoyo a estas situaciones. Creo que no está suficientemente identificado, al menos así nos ha salido en nuestro estudio, y por tanto dar un apoyo especial a estas situaciones.

Y refiriéndome a estos hombres mayores que cuidan a sus esposas, quiero señalar algo más, son hombres que no están preparados para cuidar, que lo han de aprender todo, que lo hacen algunos voluntariamente, otros porque no les queda otro remedio y algunos muy bien, por tanto aquello que hemos insistido tanto las mujeres, que es una cuestión natural, que nos sale por instinto a las mujeres, no es así. Cuando hay necesidad y los hombres se han de poner, lo hacen, y el mejor ejemplo es el de estos hombres que jamás en su vida habían hecho nada con lo que llamamos cuidado, que jamás en su vida se habían puesto a limpiar la cocina, o habían pensado que tendrían que vestir a su mujer y ponerle las medias y peinarla, y lo hacen. Por tanto, no hay nada natural, los hombres han de estar, los necesitamos, no es solo una cuestión de igualdad de género, que lo es, sino también una cuestión de necesidad social. Los hombres deben estar presentes en los cuidados familiares y en los cuidados remunerados, este es un ámbito ocupacional en expansión y también deben estar ahí.

“En los cuidados profesionales se proyectan los estereotipos de que las mujeres lo saben hacer, por tanto, esta poco profesionalizado y mal remunerado, porque claro si lo sabes hacer ¿Qué mérito tiene que lo hagas, verdad?”

 

-¿Se están incorporando ya al ámbito profesional?

-Sí, muy poco, porque en el ámbito profesional, se trata de trabajos precarios muy mal pagados, donde hay poca presencia de hombres, porque pesa todavía aquello de que su identidad, su existencia está muy vinculada a aquellos que pueden aportar materialmente a las familias, por tanto difícilmente aceptan este tipo de trabajos.

En estos momentos las valoración es que hay un 5% aproximadamente en servicios de ayuda a domicilio de los ayuntamientos y más o menos un 8-10% en residencias geriátricas. Hay un poco más de presencia en las instituciones de salud mental por temas de contención, pero es un ámbito ocupacional donde los hombres tienen muy poca presencia, está extraordinariamente feminizado, y la razón es que de alguna manera se proyecta en este ámbito, los estereotipos de que las mujeres lo saben hacer, por tanto, esta poco profesionalizado y mal remunerado, porque claro si lo sabes hacer ¿Qué mérito tiene que lo hagas, verdad?

-¿Si se incorporaran más hombres al sector mejorarían la calidad del empleo, y su prestigio social? ¿Pasaría como en la cocina, donde ellos son chefs y las mujeres cocineras?

-Sí, esto ha pasado en las profesiones femeninas a las que se han incorporado hombres, funciona lo que llamamos la escalera de cristal, una metáfora que se corresponde con la del techo de cristal. Las mujeres tenemos un techo de cristal y los hombres una escalera de cristal y efectivamente, pasan a ocupar las mejores posiciones. A este elemento contribuye, aunque me sepa muy mal decirlo, esa percepción de que “si hay hombres, ha de ser más importante”. Lo que quiero decir, es que en estos momentos los trabajos remunerados de cuidados del ámbito social son muy precarios, las condiciones laborales son muy duras, y en este sentido la escalera de cristal tiene muy poco recorrido, es precario para hombres y para mujeres, y deberíamos dignificarlo. Si resulta que la familia no puede con todo, y tenemos que recurrir a servicios públicos o privados, tanto las mujeres como hombres que trabajan en ellos, qué menos que tener una buena capacitación, unas condiciones dignas, porque están cuidando de nuestros mayores, de nosotros mismos en el futuro.

“Hay que reformar la Ley de Dependencia para que no sirva, como ha estado sirviendo, para reproducir la división sexual del trabajo”

 

-La Ley de Dependencia ¿Ha fracasado? ¿Hay que reformarla?

-La Ley de Dependencia ha fracasado especialmente por la aplicación, y porque la gente depositó muchas esperanzas, y los recortes, que han sido brutales, han afectado tanto a las prestaciones, a los servicios, como incluso a las valoraciones de la Dependencia que se han reducido, o se han aplazado. Hay que ponerla en marcha nuevamente y habría que hacer otras reformas para que la Ley de Dependencia no sirva, como ha estado sirviendo, para reproducir la división sexual del trabajo, y que solo sean las mujeres prácticamente las que estén cuidando, sea como familiar, como empleada que está contratada, o en los servicios públicos mal pagados.

Pero no solo división sexual, sino también la explotación que se oculta en el hogar, y de clases sociales, porque la gente más pobre tiene también más problemas de salud, son más graves y más difíciles de atender; y son aquellas situaciones en las que las mujeres dejan los trabajos porque si no tienen servicios públicos suficientes, no pueden comprar servicios en el mercado. Hay una gran injusticia de género y una gran injusticia social.

-¿Debería incluirse cómo cuida una sociedad, en los indicadores de calidad de vida y de bienestar de un país?

-Hay que dar visibilidad al cuidado y reconocimiento al cuidado, y hay que construir sociedades cuidadoras. Hemos empezado con ayuntamientos que hacen lo que pueden, pero es más que esto, es una cuestión de mentalidad. Cuidar es reconocer las necesidades de los demás, y esto hace cambiar el chip porque va en contra de los valores individualistas del neoliberalismo y del patriarcado. Por tanto, decimos cuidar es revolucionario, en el sentido que implica un cambio en los valores que pones por delante, y un primer paso es el reconocimiento de la necesidad del cuidado, también incluso de la centralidad del cuidado, porque no habría sociedad si no reproducimos la vida, si no cuidamos de esta vida, y si no cuidamos de las personas que necesitan que en determinado momento, otras personas las ayuden.