• Miércoles, 23 de Enero de 2019

¿SIEMBRAS O COSECHAS?

La familia en Navidad

Los encuentros con la familia en Navidad, pueden resultar más o menos satisfactorios, dependiendo de la relación que hayamos sembrado durante el año, y si hemos sido capaces o no, de resolver los conflictos que hayan ido surgiendo, lo que determinará sin duda, la calidad de las relaciones que cosechemos estos días.

Cuando me invitaron a escribir sobre la Navidad y cómo afectan estas fechas a las familias en términos de tensiones o conflictos en la mesa me dio pereza, he de reconocerlo. Las redes sociales estos días están inundadas de artículos que reparten consejos a diestro y siniestro para lidiar con suegras difíciles, nueras poco facilitadoras o cuñ[email protected] [email protected] o impertinentes que te dan la noche.

Normalmente cuando la apatía se acurruca a mi lado, la miro como a un animal de compañía y mientras la “observo” me pregunto: ¿Por qué acudes a mi aquí y ahora? Mientras reflexiono, pienso que lo que me disuade es la idea de hablar de “típicos tópicos” y que jamás daría un consejo a nadie sobre estas cuestiones, a fin de cuentas, la Navidad se me antoja como estos petardos cargados de confetis de miles de colores que cuando estallan cubren el espacio sin orden ni control... solo que, en vez de colores, lo que salpica son un montón de emociones diferentes.

Así, estas fechas nos conectan con la familia, los [email protected] y los seres queridos. Esto nos lleva a la alegría, si tenemos la suerte de poder tenerlos cerca, tocarlos y abrazarlos; a la tristeza, si [email protected] ya no está entre nosotros o se halla muy lejos; a la soledad, si no tenemos a nadie con quien compartir nuestros momentos; o el enfado o la frustración, cuando comprobamos año tras año que los conflictos que se arrastran como latas atadas al parachoques de un coche, no desaparecen por ciencia infusa este año tampoco.

Las Navidades también son fechas de mirar atrás en el tiempo y hacer balance del año... y eso nos puede generar satisfacción, si las metas han sido alcanzadas, o frustración en el caso contrario. No podemos olvidar que en estas fechas también miramos al futuro, de hecho, construimos un sinfín de buenos propósitos e ilusiones, y eso nos puede proporcionar esperanza, pero también angustia si nuestra situación vital se haya en una edad muy avanzada o hay enfermedades crónicas degenerativas asociadas.

Y si... cada [email protected] de [email protected] arrastramos un ramillete de emociones que se sientan el mismo día, a la misma hora, alrededor de la misma mesa.

Más que “trucos” para lidiar el momento del conflicto, o remedios que te aseguren ganar la batalla -estas aseveraciones me han hecho siempre mucha gracia- a mí me gusta preguntar: ¿tú en estas fechas...siembras o cosechas?

La cosecha en el campo tiene lugar al final de un largo camino desde el momento inicial de la siembra. Si bien es cierto, que la madre tierra y la climatología hacen su trabajo, el agricultor observa día a día tanto el cielo como la tierra para detectar cualquier déficit o exceso y poder compensarlos para culminar el proceso de forma exitosa. Así el agua, los fertilizantes, nutrientes extras y anti plagas se convierten en grandes aliados frente a la adversidad. Llegada la fecha en la que el fruto alcanza su madurez se procede a la cosecha. Por supuesto el mimo y cuidado no garantizan el éxito de la misma al 100%, pero créanme, que la ausencia de los mismos, son predictores de fracaso casi asegurado.

La siembra, es el momento mágico en el que una ilusión, un deseo, una semilla…posa su cabeza sobre el lecho de la nada y se acurruca durante un tiempo para germinar en un algo maravilloso que se recogerá en la cosecha y será motivo de celebración o bonanza.

¿Y que tiene esto que ver con las fechas Navideñas? Mi manera particular de ver el conflicto me lleva a este silogismo de sembrar o cosechar, porque la mesa en navidad, puede representar ese punto de partida o de llegada según uno se lo plantee.

Si durante todo el año, he intentado tener un contacto regular, he buscado o generado encuentros con los seres queridos, y cuando los conflictos que han ido surgiendo he tratado de clarificarlos o solventarlos con el mayor de los mimos…puede que la cosecha sea “buena”, en el sentido de que no habrá un exceso de tensiones sin resolver.

Del mismo modo, si lo anterior no ha tenido lugar y en la mesa surgen los conflictos, tal vez sea momento de “sembrar”, con cuidado, la idea de posponer dichas tensiones a otros encuentros en los que clarificar los malentendidos, y no “alimentar” las tiranteces “entrando al trapo”. En este caso la siembra significa el firme propósito de querer acercarme poco a poco, durante el próximo año a la persona con la que rozo y clarificar los motivos de tensión.

Muchos pacientes me dicen: “¡Estoy [email protected] de ser siempre yo quien se esfuerce por solventar el conflicto, y que la otra persona no haga nada!”. Cuando lo escucho asiento y sostengo dicha argumentación, aunque clarifico que esta conclusión es la que alimenta y sostiene la ciclicidad del malestar y nos lleva a una tercera opción que valorar: el “barbecho”. Esto quiere decir, no hacer nada, que a diferencia del mundo agrícola donde esta opción aporta cierto beneficio al dotar de descanso a la tierra para afrontar futuras siembras de forma más rica, en la vida real “no hacer nada”, supone paradójicamente hacer algo, que viene a ser arrastrar los conflictos sin entrar a resolverlos o aclararlos propiciando un clima más hostil en el siguiente encuentro.

La realidad es que no siempre las cosechas son buenas, es más, algunas son catastróficas en términos económicos, pero ese será el momento de valorar si merece la pena seguir luchando o si uno “tira la toalla” con la tranquilad de haber intentado todo y…aceptar (con mucha pena), que no tiene sentido seguir, ya que la pérdida es mayor que el beneficio.

En el contexto que nos toca, esto se traduce a valorar si la relación con ciertas personas - por mucho que las queramos o nos propongamos que así sea -, es positiva o si resulta lesiva.

El duelo implica aceptar al nivel de relación al que voy a poder optar sin forzar ni exigir, y tener en nuestras manos las opciones del perdón, la reconciliación sin sentir que perdemos la batalla o nos humillamos, o la ruptura para poder seguir mi camino.

Puede que para muchas personas llegar a este punto les genere tristeza, pero me gustaría que miraran las palmas de sus manos y se preguntaran con franqueza… ¿este año estoy [email protected] a sembrar?

¡Felices fiestas!

Esther Ortega García. Psicóloga General Sanitaria. Directora del Centro de Psicología PsicoAnimum