• Jueves, 13 de Diciembre de 2018

ENTREVISTA CON HELENA GARCÍA LLANA, DOCTORA EN PSICOLOGÍA CLÍNICA Y DE SALUD SOBRE LA MUERTE

“La muerte está saliendo del armario”

La muerte como proceso natural de la vida, es un hecho que debemos afrontar todos y que nos puede tocar en cualquier momento. Hablar sobre ello, es cada vez más frecuente, lo que sin duda, nos ayuda a tomar conciencia de nuestra vida. Pero ¿Quién, cuándo y cómo se le dice a alguien que se muere? Sobre todo esto, hablamos con la doctora García Llana.

Para la doctora García Llanas, la muerte es un proceso natural y universal, y no tiene sentido mirar a otro lado, por lo que apuesta por hablar de ello, tanto individual, como socialmente.
Para la doctora García Llanas, la muerte es un proceso natural y universal, y no tiene sentido mirar a otro lado, por lo que apuesta por hablar de ello, tanto individual, como socialmente.

En la semana que se celebra el 1 de noviembre, en la que la muerte toma presencia en nuestra sociedad, hablamos con Helena García Llana, Doctora en Psicología Clínica y de Salud por la UAM; y Psico-oncóloga por la UCM, y miembro del equipo del Hospital Universitario La Paz-IdiPAZ, sobre un proceso natural del que deberíamos tomar conciencia, para poder decidir sobre el mismo, al igual que lo hacemos sobre el resto de nuestra vida.

-¿Cuándo hay que decirle a alguien que se está muriendo?

Es una pregunta compleja que no tiene una respuesta sencilla. Esto depende mucho de la persona que tengas delante, de las preguntas que formule, de la información que vaya demandando. Generalmente, las personas quieren saber a lo que se enfrentan y lo habitual es que se pueda dar esa información dentro de los equipos asistenciales, sobre todo, en el ámbito de los cuidados paliativos, pero también hay personas que les ayuda no saberlo, para protegerse en los últimos momentos de la vida. Va un poco en función de las necesidades de la persona. Hay que explorar con cuidado para facilitar esa información de cara a promover el máximo bienestar al paciente y no añadir más sufrimiento. Ni terrorismo informativo, ni parálisis comunicativa.

-¿Y quién debe decírselo? ¿Los médicos, la familia?

Aquí normalmente las personas que asumen esta información son los equipos asistenciales, porque para hablar de muerte también tiene que haber un diagnóstico, y asumir un pronóstico que atenta contra la supervivencia, y normalmente las personas que asumen esa responsabilidad son los equipos médicos. La comunicación, es un acto médico y todos los que estamos apoyando ese acto desde los cuidados, también colaboramos en ello, como podemos ser psicólogos, personal de enfermería, hay una parte que tiene que ver con el cuidado a los niños que están en proceso de morir, pero solamente decir que en el caso de los niños sí que se contempla la figura de los padres como interlocutores también, como esa figura de apoyo en la comunicación. En éste área de la pediatría no tengo experiencia clínica directa y prefiero no entrar a fondo.

“Las personas en general, prefieren saber a qué se enfrentan y estar acompañadas”

 

-¿La familia debe saberlo antes que el enfermo o es el enfermo el primero que debe saberlo?

Aquí más que deber o no deber, a veces las cosas ocurren un poco en base a las sinergias de los equipos de cuidados. Es muy importante el tener claro que el paciente debe ser el primero en tener conocimiento de su enfermedad para poder decidir, para poder situarse, y para poder afrontar el momento más importante de su vida, que es la muerte. Pero, ¿Qué ocurre? Pues que tradicionalmente en nuestra cultura latina, mediterránea, hay mucha protección desde los propios sistemas sanitarios, y se ha ejercido un modelo paternalista donde, lo que se hacía era informar a la familia, antes que al paciente. Afortunadamente esto está cambiando y yo cada vez me encuentro menos cuadros del `pacto de silencio´ que es que la familia conoce la información y la oculta al paciente, cuando el paciente quiere saber. Pero, en líneas generales es el paciente desde luego, en el principio de autonomía está clarísimo que tiene que conocerlo, siempre que esto le ayude a enfrentarse a las fases finales y a tomar las decisiones pertinentes.

-¿Por qué hay que decírselo y por qué no?

Pues esto no hay una ley general, no hay un principio que valga para todos, depende mucho del proceso de adaptación que tenga cada persona que está con una enfermedad en una situación terminal.

¿Por qué hay que decírselo? Porque a lo mejor este familiar está preguntando, está en un momento de mucha incertidumbre, está con un control de síntomas que no es suficiente, y no entiende que le está ocurriendo, y entonces el tener conocimiento de la realidad te permite elegir como relacionarte con ella. Hay muchas variables que nos indican dentro de los procesos de adaptación que hay que dar información para que el sufrimiento disminuya, pero también  hay otras personas que prefieren no saberlo, personas que durante toda su vida a lo mejor no han tenido mucha información sobre sus procesos de enfermedad, o han delegado las decisiones importantes en otras personas, o en personas que puedan tener mucha angustia de muerte en los momentos cercanos. Esto te lo va a decir el paciente si exploras y escuchas, las respuestas las tiene el paciente siempre. Hay indicadores que nos acercan a progresar la información pronostica y otros que nos dicen que hay que esperar, y generalmente la negación se va rompiendo sola si no interferimos con ella.

Pero en mi experiencia las personas, en general, prefieren saber a qué se enfrentan y quieren estar acompañadas.

“La conciencia de la muerte te ayuda a apreciar el hecho de que estás vivo”

 

-¿Es necesario prepararnos para morir?

-Pues yo creo que no es que sea necesario, sino que creo que es urgente. La vida y la muerte están juntas, es imposible separarlas, creo que no puedes estar vivo de verdad sino tomas conciencia de la muerte, y la muerte no es algo que nos espere al final de un largo camino, sino que está siempre contigo, es una maestra que está oculta en cada momento de la vida y nos ayuda a descubrir lo que más te importa. Creo que la sabiduría de la muerte, es muy importante el cogerla desde este mismo instante y no esperar a tener una enfermedad avanzada, o a tener determinada edad.

La conciencia de la muerte te ayuda a apreciar el hecho de que estás vivo y te ayuda también a encontrar significado, a moverte en el terreno, tiene relevancia el prepararse para la muerte no solo cuando alguien esté agonizando, o cuando estés cuidando a alguien que esté agonizando. Puede ayudar a lidiar con pérdidas y con la falta de control que en esta vida es tan habitual.

Centros de Escucha, tablas de salvación cuando el dolor te supera

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Los Centros Escucha nacieron en el 2009 de la mano del director asistencial de `Los Camilos´, Juan Carlos Bermejo, para atender a una mujer rota de dolor tras el fallecimiento de su hijo. Un proceso, el del duelo, que puede llevar hasta dos años aceptarlo y superarlo. Cuando no podemos hacerlo de manera natural y personal, lo mejor es pedir ayuda.

 

-¿Cree que la forma de enfrentarnos a la muerte está cambiando? ¿Cuánto influye la cultura en la forma de enfrentarnos a ella?

Afortunadamente sí creo que está cambiando un poco, y la muerte está “saliendo del armario” te diría. Porque es verdad que el contexto cultural determina mucho, no solo en el proceso del morir, sino en otros muchos procesos, en otras crisis vitales. En nuestra cultura europea, latina, la muerte en base a la tradición judeo-cristiana se ha personificado en esa mujer en esqueleto que viene con la guadaña a buscarte, con mucha sombra, con mucho miedo, mucho castigo y mucha culpa también. Pero te vas a México y la muerte es una fiesta, se personifica como un encuentro, y por ejemplo en la India, la muerte forma parte de procesos más circulares, no hay tanta linealidad, y allí la muerte se personifica como una mujer muy bella y muy seductora que viene a recogerte. Entonces la muerte cada vez está más visible, cada vez hay más libros sobre la muerte, conferencias, más personas que muestran inquietud, y que quieren saber cómo poder acompañar y también esta entrevista es una muestra de ello.

Las cosas poco a poco van cambiando, pero hay mucho miedo como es lógico, nadie conoce exactamente lo que es la muerte, más allá de las religiones y las creencias de cada uno.

“La preparación para la muerte, es la preparación para la vida también”

 

-¿Y el funeral deberíamos prepararlo?

Bueno, eso va a gusto del consumidor. No hay leyes generales en esto. Es muy importante no generalizar y resistirse a esta tendencia de establecer dogmas. Pero creo que a la mayoría de las personas les gusta tener control sobre sus propios procesos de salud y de enfermedad, entonces en líneas generales sí que te diría que no es mala idea prepararse para ello, pero va a haber gente que no lo quiera abordar y es legítimo también.

Lo que te da esa apertura, yo no diría tanto la preparación para el funeral, que es un hecho muy concreto y puede tener cierto interés, pero prepararte para el proceso de morir. El funeral es un momento puntual con mucho simbolismo, con un componente de colectividad y de despedida y de honrar a la persona que se ha ido, que es muy importante. Pero creo que lo que hay que prepararse es para todo el proceso, y hacerlo de manera consciente y dar ese espacio a las personas y al ciudadano, para que pueda hablar de lo que quiere, igual que uno elige en la medida de lo posible lo más importante durante la vida, pues poder elegir también durante el proceso de muerte.

-Cuándo hablamos del miedo a morir, ¿es más al proceso? ¿A decir adiós a la vida?

Está muy estudiado ese tema, sobre todo por los científicos de la psicología social. Hay varios miedos asociados a la muerte: puede haber miedos sobre cómo se va a quedar mi gente, mi familia, si hay hijos pequeños, si hay un proyecto vital que está muy abierto; puede haber personas que lo que manifiestan es un miedo mayor a la descomposición, ¿qué va a ser de mi cuerpo? ¿Dónde voy a ir? A la desintegración del cuerpo. Puede haber otros miedos que tengan que ver más a ser castigado, que tiene que ver más con determinadas religiones, a ser juzgado; miedos a no haberse sentido realizado, a no haber utilizado la vida de una manera consciente, a no haber vivido una vida plena. Por eso la preparación para la muerte, es la preparación para la vida también. Y esos miedos que solemos tener todos, y cada uno tiene sus miedos más focalizados en unos u otros, tienen que ver también con los miedos que tú tienes en la vida, en general, es un poco un espejo.

Creo que en todo esto lo más importante que podemos hacer los que acompañamos, es explorarlo, y estar presente. No huir del sufrimiento del otro.

-En el ámbito rural antes se vivía la muerte de forma más natural, incluso para los niños que acudían a los velatorios. ¿La urbanización de la sociedad ha cambiado esto también?

Asistir a ese proceso, además permitía aprender de las lecciones que da la muerte. Pero ahora en las ciudades además hay un problema muy serio, que es el de la soledad no deseada, donde la gente no solo vive sola, sino que muere sola. Es necesario crear redes de vecinos, un espacio colectivo que acompañe a esta gente. En este sentido junto a varios compañeros hemos creado hace apenas dos meses, la Asociación ACM112, destinada a acompañar en el proceso de morir a personas sin recursos y que no tienen ninguna red de apoyo.

Hay que generar esta cultura de hablar en la comunidad de la muerte, y los profesionales tenemos la responsabilidad de desbloquearlo. Morir es algo muy íntimo, universal y natural. Va más allá de un hecho médico. Probablemente la única certeza de la que disponemos en esta vida. No tiene sentido mirar a otro lado.