• Miércoles, 19 de Diciembre de 2018

LA COLABORACIÓN ENTRE INVESTIGADORES Y PROFESIONALES EMPIEZA A PERCIBIRSE COMO VITAL PARA EL SECTOR

Residencias de mayores ¿Nuevos centros de I+D+i?

Las residencias de personas mayores podrían convertirse en los próximos años en centros de I+D+i capaces de atraer talento y trasformar su papel en la sociedad. Algunas de ellas han empezado a dar pequeños pasos en esa dirección, y otras, como la Fundación Matía, se muestran como modelo a seguir en esa trasferencia de conocimiento que va de la `teoría a la práctica´, y viceversa.

El intercambio de conocimiento, resulta fundamental entre los investigadores y los profesionales de los centros residenciales.
El intercambio de conocimiento, resulta fundamental entre los investigadores y los profesionales de los centros residenciales.

Las residencias de personas mayores, se han convertido en los últimos años en centros de investigación, donde los profesionales que trabajan en ellas estudian, entre otras cosas, el impacto de las terapias que aplican para el tratamiento de enfermedades como el Alzheimer; el desarrollo de nuevos procesos y modelos en el cuidado; o la aplicación de la tecnología y la innovación, para paliar alguna de las necesidades que detectan en los residentes.

En esta línea por ejemplo el grupo Vitalia, que cuenta con un departamento de Investigación y Desarrollo (I+D), trabaja en el diseño de nuevas terapias, la última la Werium Senior, que consiste en la colocación de sensores Corporales para motivar el movimiento a través del video juego. O el grupo Vitalia Home, cuyo servicio de terapia ocupacional diseñó una férula capaz de adaptarse a cada paciente, lo que permitió que algunos de ellos afectados de artrosis u osteoartritis pudieran mover las manos.

En otros casos, los grupos residenciales actúan como colaboradores de centros de investigación, universidades, fundaciones, etcétera, que están desarrollando nuevos productos y/o servicios para el cuidado. Tal es el caso del grupo Amavir, que colaboró el pasado año, con una empresa especializada en innovación tecnológica y la Fundación para Investigaciones Neurológicas en el desarrollo de Mememtum, una aplicación móvil que permite medir el estado de pacientes con trastornos del movimiento.

La participación del grupo sirvió para validar la hipótesis de que la destreza motora de las manos está directamente relacionada con el estado neurológico de la persona, para lo cual se evaluaron los datos de residentes y centros de día de Amavir con deterioro cognitivo.

Crear alianzas 

Una triple alianza que en el proyecto Swalkers, que actualmente desarrolla el grupo residencial Albertia vuelve a repetirse. 

El objetivo de Swalkers es reducir el tiempo de rehabilitación de las fracturas de cadera en las personas mayores, combinando la suplementación nutricional con el apoyo mecánico de un andador inteligente; cuenta con un presupuesto de 376.296 €, de los que un 15% es autofinanciado, mientras que el 85% se contempla en forma de ayuda pública procedente del CDTI del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.

Y un proyecto de I+D+i en el que ha contado para su desarrollo tecnológico con Werium Assistive Solutions, una spin-off del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que ya ha presentado un prototipo del andador robótico, a la espera de pasar el Comité de Ética para poder empezar a trabajar con pacientes reales.

mayor_actual_andadorSwalkers_AlbertiaPrototipo del andador robótico desarrollado dentro del proyecto Swalkers impulsado por Albertia (Foto: Grupo Albertia).

Una colaboración que según el CEO de Werium Rafael Raya, es “el paradigma de cómo deberían hacerse las cosas, en el sentido de que una empresa que tiene una necesidad determinada y una ambición por innovar y por darle una solución a sus residentes, contacta a una empresa tecnológica, y nos contrata para crear algo y llevarlo al mercado y validarlo. Es un poco el paradigma o el modelo de lo que debería ser”.

Una inquietud, la de investigar, que según apunta Luis Perea, director médico del grupo Albertia, “es más común que surja en otros centros, como hospitales, pero creo que las residencias tenemos también mucho potencial. Tenemos mucha gente trabajando, la mayoría técnicos y hay que aprovechar la experiencia que adquieren del trabajo diario, con muchos mayores dependientes y con distintas patologías”.

Esta inversión en I+D+i y de transferencia de conocimiento además de aportar soluciones reales, a problemas reales que mejoren la calidad de vida de las personas mayores, permitiría además atraer talento al sector y cambiar la imagen de las residencias: “tenemos que reivindicarnos y asumir la altura de nuestro quehacer. Introducir proyectos de investigación en los centros es una manera de dignificar el trabajo de todos los que estamos aquí, y de atraer más técnicos y auxiliares, más gente al sector”, añade Perea.

Del laboratorio al plato

Algo en lo que coincide Richardo Buchó, director de marketing del Grupo Orpea quien además pone en valor el trabajo de estudio que realiza a diario el personal de las residencias, validando las técnicas y las terapias de cuidado entre los residentes que tienen a su cargo, según su patología y nivel de dependencia.

Fruto de esa observación diaria, en el año 2009 un equipo de profesionales de la matriz francesa del Grupo, en colaboración con Partenaire Restaliance, propuso la adaptación de los platos (texturas), destinados sobre todo a las personas con problemas de deglución, masticación, dentición o pérdida de apetito y que solo se alimentaban de purés con insuficiente aporte proteico.

mayor_actual_comidatexturizada_OrpeaEl grupo Orpea creó la comida texturizada, tras detectar las deficiencias nutricionales que presentaban las personas que se alimentaban con purés.

El resultado, es la elaboración de comida texturizada que permite controlar el aporte proteico que reciben estas personas y hacer más atractiva visualmente la comida. La introducción de este tipo de técnica supuso además la formación del personal de cocina, que debió aprender la técnica de las texturas modificadas y el funcionamiento de la maquinaria específica, los texturizadores o robot cutter industriales, lo que supuso una motivación extra para estos profesionales,`aburridos´de elaborar purés.

Una técnica producto de la innovación de un grupo que podría trasladarse al resto si hubiera algún foro de intercambio de estos estudios e investigaciones. Una transferencia de conocimiento, que beneficiaría a todos y que impediría tal y como reconoce Buchó que se replicaran muchos estudios en los que trabajan prácticamente todos los grupos residenciales. “Quizá sería necesario la creación de foros donde se pusieran en común los avances en I+D que cada grupo hace. Foros que nos permitieran coordinarnos a todos y luchar en común contra, por ejemplo, el Alzheimer”.

Proceso inverso

Algunas organizaciones científicas entendieron la necesidad de llevar la teoría a la práctica, creándose paralelamente a estos centros de investigación, otros de atención directa como el Centro de Formación Unidad de Investigación Asistencial (CAFRS), que forma parte del “Proyecto Alzheimer”; y en el que conviven una Unidad de Investigación, dirigida por la Fundación CIEN (Centro de Investigación de Enfermedades Neurológicas) y gestionada a través del Instituto de Salud Carlos III. Un Centro de Formación especializado en demencias, y un Centro Asistencial formado por una residencia de estancia permanente de 156 plazas, un centro de día con 40 plazas, y un centro de respiro familiar para fines de semana con 20 plazas.

En esta misma línea se creó también el CRE Alzheimer de Salamanca, dependiente del Imserso, desde donde se trabaja en la investigación de terapias y tratamientos de la enfermedad y se ofrece formación a los profesionales, contando además con un área residencial, donde atiende tanto a las personas afectadas por la enfermedad como a sus cuidadores.

El caso Matía

mayor_actual_Pura_Diaz_FundacionMatia

La Fundación Matía nació en 1881, y siete años más tarde inauguró su primer centro de atención el Julián Rezola. Hoy a punto de cumplir casi 150 años es centro de referencia en atención sociosanitaria, gracias entre otras cosas, a la labor de investigación que realizan sus profesionales conjuntamente con los del Instituto de Investigación que creó en 2002.

La transferencia de conocimiento entre ambos centros es constante, no sólo en los procesos y modelos de atención, sino también en investigación clínica y médica, tal y como asegura Pura Díaz Veiga, directora científica del Instituto Matía: “En este momento tenemos cuatro o cinco equipos en los que se están desarrollando proyectos de mejora, algunos de ellos están generando herramientas que queremos validar, en los que estamos tanto investigadores como profesionales de la atención. En este sentido, somos bastante pioneros, porque generalmente los investigadores lo que solemos hacer es acudir a un lugar, recoger una información, analizarla, escribir un informe y devolverlo.

Pero desde hace nueve años tratamos de hacer las cosas desde una perspectiva colaborativa; por ejemplo en este momento tenemos en el Instituto investigadores que, además, son profesionales de la atención, y es un asunto muy interesante, que personas que están prestando atención a personas con demencia generen, por ejemplo, un estudio sobre el impacto de la utilización de gafas virtuales entre estas personas”.

Un proyecto que según Díaz, surgió de la colaboración entre el director de comunicación de la entidad, y una psicóloga de uno de los centros, lo que evidencia que la combinación entre perfiles de investigadores y de atención identifican opciones y posibilidades que si no, serían difícilmente identificables.

“Nosotros trabajamos en esta trayectoria bastante compleja, porque el lenguaje y los intereses de los investigadores, a veces no coinciden con los de la persona que trabaja en la atención. Pero tratamos de solventar esto y establecer unos intereses comunes, un código compartido que nos ayude a hacer un trabajo lo más colaborativo posible”.

 

-¿Cree que este modelo de trasferencia de conocimiento debería trasladarse a más residencias? ¿O incluso que se creara un cluster de investigación entre grupos para intercambiar conocimiento?

-Si, creo que hay que darle valor al conocimiento y a la investigación en la atención. Y este paso es muy importante. Hay mucha investigación en Gerontología y en las implicaciones que tiene el contexto social y físico en el bienestar de las personas y cuanto más frágiles, más. Lo que ocurre es que esto no se trasfiere. Y habría que hacer un esfuerzo en este sentido, porque si no, la atención es muy rutinaria. Se hace siempre lo mismo, y el hecho de tener equipos que reflexionen, estudien o creen conocimiento y lo transfieran me parece muy necesario en este sector, mucho.

Por ejemplo, ahora todo el mundo habla de la Atención Centrada en la Persona (ACP), y la pregunta es ¿sabemos todos que es eso?, ¿en qué consiste y cómo se desarrolla?, ¿qué implicaciones tiene?, ¿cómo se están desarrollando prácticas y entornos que promuevan la autonomía?, ¿estamos ayudando a participar a las personas con demencia?, eso es muy complicado.

El esfuerzo es dotar de conocimiento y que los profesionales que atienden apliquen y trasfieran lo que ya se sabe. Nosotros tenemos una situación realmente privilegiada porque podemos confluir investigadores y profesionales de la atención, en el que estamos todos al mismo nivel, pero no ha sido sencillo hacer ese recorrido.

Creo que sí sería interesante para el sector en general despertar esa inquietud en otros centros.

-¿Apostar por la innovación y el conocimiento atraería talento al sector?

-Claro, porque los profesionales tendrían la perspectiva de hacer una carrera profesional. En nuestra Fundación esto lo tienes. Puedes plantear ideas, innovar esto es muy atractivo para el curriculum profesional de todo el mundo, sería bueno para todos y colocaría este sector en otro sitio socialmente. Sería estupendo que la gente viera este sector como una oportunidad de innovación, desarrollo y de mejora.

Necesitamos prestigiar este sector para que la gente quiera venir a trabajar aquí.

-¿Qué pasos hay que dar para ver este sector como estratégico en I+D+i?

-Hay cosas que dependen de los profesionales, que tenemos la obligación de trabajar de forma rigurosa y tener una trayectoria profesional que no termine cuando tienes un puesto de trabajo. Creo que esa cultura debe existir, en el sector de la sanidad es habitual, y en el sector social debe serlo también.

Las personas que estamos ahí, las organizaciones, debemos darle mucho valor al conocimiento, y a la trasferencia del conocimiento. Si esto se hace así, desde las organizaciones y sus líderes, empezarán a cambiar las cosas. La investigación tendrá valor y será ajustada al ámbito en el que estamos trabajando.

Es un cambio cultural, cuando hablamos de un modelo de ACP siempre hablamos de que es un cambio importante en la forma de atender y creo que esto nos tiene que llevar también, a una perspectiva en la que el conocimiento y la actualización permanente de los profesionales nos lleve a colaborar con equipos de investigación.