• Miércoles, 23 de Enero de 2019

ARTÍCULO PUBLICADO POR PABLO BOLAÑO EN VIDASANA.ORG

Decálogo para un consumo responsable y sostenible (también en Navidad)

El consumo de productos ecológicos y de cercanía ayuda al equilibrio de nuestro planeta y permite a las comunidades locales sobrevivir en sus entornos.

1.- El consumo de productos biológicos locales implica un ahorro más que notable en energías. Ello conlleva el ahorro en la emisión de gases de efecto invernadero y, por tanto, es una eficaz herramienta para luchar contra el calentamiento global, tal vez la amenaza más grande con la que se enfrenta la Humanidad en nuestra era. Si la población se alimenta de zonas muy cercanas en sus pueblos, se ahorra también energía al no tener que llevar los alimentos desde las zonas rurales a las megaurbes y/o de país a país y de mar a mar.

2.-Si nuestro consumo apuesta por el consumo de productos “bio” y locales estamos boicoteando, por un lado, a las grandes empresas fabricantes de pesticidas, herbicidas, fertilizantes químicos, transgénicos, hormonas, aditivos químicos… cuyos monopolios acentúan la desertización rural. Y, por otro, estamos cortando de raíz la dependencia de nuestra sociedad de los combustibles fósiles, combustibles tras los que se esconden guerras, invasiones, ejércitos, dictadores, especuladores y usureros… que provocan más desertización rural en sus lugares de origen.

3.- La adquisición de productos ecológicos de nuestra área de residencia crea redes de economía local. Esto contribuye a luchar contra la globalización económica de una forma precisa y efectiva. La globalización económica acelera el éxodo rural. Hay que pensar que detrás de las legislaciones de la Organización Mundial de Comercio y del Fondo Monetario Internacional se encuentran medidas que conllevan la desaparición de millones de puestos de trabajo locales en todo el planeta, especialmente en las zonas rurales, siempre a favor de las grandes corporaciones y los estados poderosos y en detrimento de las poblaciones autóctonas de todo el orbe.

“Si no hay producción y consumo local, no hay economía. Cuando desaparece la economía, desaparecen las sociedades. Estamos hablando del éxodo rural que asuela a los pueblos y zonas campesinas de todo el planeta”


4.- Una economía local fuerte y sólida es el mejor antídoto contra la desestructuración social y la desmembración familiar que causa estragos en todo el planeta y que hace a los pueblos más vulnerables aún. Los cayucos, las pateras, las migraciones masivas, el éxodo rural dentro de los estados, la desestructuración familiar y todo lo que de ello deriva… tiene su origen en la caída de las economías locales (además de otros factores). Cuando existe una red económica consistente en una zona… no es necesario emigrar y quedan protegidos los puestos de trabajo locales y las formas de producción que los garantizan.

5.- Si desaparecen los campesinos más arraigados a la tierra, los pastores, la vida en los pueblos, si nuestros jóvenes se van a las ciudades (del propio país o de otros estados), si no se puede vivir del campo, también desaparecen las semillas, las razas autóctonas de vegetales, las razas animales rústicas más adaptadas al clima local y a los ecosistemas, aumenta la virulencia de los incendios, desaparece la biodiversidad… Ello promueve un gran empobrecimiento de la agricultura, de la ganadería y de la propia gastronomía. Y significa, además, que tres o cuatro grandes agencias transnacionales expenden las mismas semillas a los campesinos de todo el mundo. El poder, en cada vez menos manos. La diversidad biológica, por los suelos. La agricultura ecológica, local, campesina… promueve la biodiversidad a través de la protección de especies vegetales y animales rústicas y adaptadas al clima y a las condiciones locales.

6.- Si no hay producción y consumo local, no hay economía. Cuando desaparece la economía, desaparecen las sociedades. Estamos hablando del éxodo rural que asuela a los pueblos y zonas campesinas de todo el planeta. Este éxodo significa la desaparición de costumbres, lenguas, formas de producción tradicional… Es decir, significa la extinción de culturas enteras. La eco-nomía local protege nuestros pueblos y la biodiversidad cultural. Para que tenga visos de futuro, tiene que ser ecológica, local, de calidad… La agricultura ecológica campesina y local, por sus características intrínsecas, fija población en las zonas rurales, les da un futuro económico y mantiene la fertilidad de la tierra y de los seres humanos frente a la esterilidad que provocan en las sociedad y en los ecosistemas los pesticidas químicos de la agricultura convencional, responsables, entre otras cosas, de la baja natalidad que padece todo Occidente y países como España, donde se practica la agricultura industrial.

7.- Consumir productos biológicos y locales es caminar hacia una sociedad verdaderamente sostenible. No es todo, sino un primer paso. Es el primer eslabón de una sociedad en armonía con la Tierra, con los ritmos de la Naturaleza, con nuestros ecosistemas, una sociedad que energéticamente no despilfarra y que utiliza energías renovables, una sociedad en la que se toman las decisiones que afectan a la tierra y a los recursos en la zona de esa tierra y de esos recursos, una sociedad relocalizada que protege lo suyo mirando siempre a las generaciones que están por venir. La agricultura ecológica local es más democrática y justa porque reparte mejor la riqueza, garantiza más puestos de trabajo, es asimétrica, descentralizada… Otorga poder y democracia real a las poblaciones, especialmente en las zonas rurales.

8.- Cuando compramos productos locales y biológicos… estamos actuando conscientemente. Esta actitud, que para algunos será “ingenua”, tiene muchas virtudes desde el punto de vista emocional y, por ende, desde nuestra propia salud. Proteger aquello que nos protege y que protege a los nuestros nos hace crecer en todos los ámbitos. Proteger nuestras economías, nuestros ecosistemas, nuestras familias, nuestros pueblos… nos une a la tierra, a lo local, y, por ello, a todo el universo. Todo es Uno y Uno es Todo. Esta sensación de pertenencia (ojo, no confundir con patriotismos patológicos o nacionalismos exclusivistas, vengan de donde vengan) es satisfactoria tanto para nosotros como para la tierra. El desarraigo y la desestructuración social conllevan muchos problemas, entre ellos problemas de índole mental y emocional, y, también, problemas que tienen que ver con la destrucción medioambiental y la miseria. La no consciencia acaba afectándonos a nosotros mismos, tarde o temprano. Si vives en un pueblo y quieres seguir viviendo en él, protege su economía. Si no la proteges, tarde o temprano será víctima después de verdugo.

9.- Aun en el caso de que nuestro puesto de trabajo o nuestra forma de vida no dependa directamente de la economía local, también es nuestro deber proteger la economía de la zona de nuestra residencia y consumir productos “bio” y lo más localizados posible. ¿Por qué? No sólo por razones altruistas, sino también por motivaciones egoístas. Porque nuestro sueldo dependerá, aunque sea indirectamente, de que el tejido social en esa zona se mantenga vivo. Si desaparece, también desaparecerá nuestro puesto de trabajo. Si los diferentes agentes sociales no pueden pagar sus impuestos, nos quedaremos “fuera de cobertura”.

10.- Durante millones de años, los seres humanos y sus predecesores se alimentaron siempre con alimentos biológicos y locales. Como demuestran los investigadores Emily Martin y Richard A. Cone, en un muy ilustrativo artículo en “The Ecologist” (número 5, “Inmunidad e impunidad”), los alimentos biológicos y locales son a lo que están adaptados nuestros organismos. Alimentarse con productos no locales significa comer alimentos de ecosistemas muy diferentes al que vivimos. Cuando comemos productos locales, según los citados científicos, estamos consumiendo “pequeñas vacunas”, ya que nos nutrimos con vegetales o animales sometidos a nuestro mismo ecosistema y, por tanto, son organismos vivos que ya han creado defensas para protegerse de los problemas a los que nosotros mismos también estamos sometidos/expuestos.

Según Martin y Cone, muchas enfermedades relacionadas con el sistema inmune, en la actualidad, como las altas tasas de asma y alergias, tienen que ver, entre otras cosas, con sistemas inmunitarios muy debilitados, y ello también tiene  una relación con dietas (la del occidental medio de nuestra era) que no incluyen, salvo raras excepciones, los alimentos locales. Si no vives en un pueblo, consume alimentos del pueblo más cercano. Esto hará que tu sistema inmunitario se mantenga fuerte. Si no hay agricultura periurbana, comemos alimentos lejanos. Ello repercutirá negativamente en nuestra salud.