• Jueves, 13 de Diciembre de 2018

MIGUEL ÁNGEL MARTÍNEZ, EXPERTO EN DIETA MEDITERRÁNEA Y AUTOR DE “SALUD A CIENCIA CIERTA”

“El peor error en la lucha contra la obesidad, es la connivencia que hay con la industria que la genera”

La lucha contra la obesidad y el sobrepeso que afecta al 70% de los españoles está fracasando por la connivencia de los estados con la industria azucarera, según denuncia el experto en dieta mediterránea Miguel Ángel Martínez, para quien estos intereses comerciales y los planteamientos culturales débiles están poniendo en riesgo nuestra salud. La solución, empoderar a los ciudadanos.

Miguel Angel Martínez-González (Foto: Nines Mínguez. Editorial Planeta).
Miguel Angel Martínez-González (Foto: Nines Mínguez. Editorial Planeta).

Miguel Ángel Martínez-González es catedrático de Salud Pública de la Universidad de Navarra, y desde junio de 2016 también catedrático visitante de Harvard, desde donde contribuyó a asesorar a Michelle Obama en su programa para la mejora de las políticas de salud pública y alimentación. Ha liderado el ensayo Predimed, el mayor estudio realizado hasta ahora sobre los efectos de la dieta mediterránea y hábitos de salud.

Acaba de publicar el libro Salud a ciencia cierta (Editorial Planeta), donde denuncia las presiones de la industria alimentaria sobre los estados, con la connivencia de parte de la comunidad científica para tapar la gran epidemia del s.XXI: la obesidad. Una situación que apunta Martínez, los ciudadanos estamos permitiendo, y contra la que debemos revelarnos, tomando las riendas de nuestra salud. 

-En el libro que acaba de publicar Salud a ciencia cierta, plantea un concepto más proactivo de los ciudadanos sobre la salud ¿Somos los únicos responsables?

La salud está determinada por las opciones libres de la conducta humana, que son la dieta y los estilos de vida, y no está determinada por fuerzas ajenas a nuestra libertad, como pueden ser unos genes misteriosos o unas tecnologías sanitarias, sino que depende fundamentalmente de las opciones que uno va tomando en la vida. Hay que empoderar a los ciudadanos, y ahí hablamos sobre todo de ser señores de uno mismo, de ese autocontrol y que hay fuerzas que hacen que nuestra sociedad de alguna manera esté enferma como son el relativismo, el hedonismo, el consumismo... que están muy presentes en nuestra sociedad y que hacen que los ciudadanos pierdan ese empoderamiento y ese señorío. Esto es aprovechado por algunas industrias, como por ejemplo la industria alimentaria, pero también la industria del tabaco y otras para vender sus productos que son insanos.

Nos exponemos a una serie de riesgos para nuestra salud que no son necesarios, y esas exposiciones vienen incentivadas tanto por los intereses comerciales de esas industrias, como por un planteamiento cultural débil.

“Cuando se habla de cómo combatir la obesidad, se habla de moléculas y de grasa blanca; y no de por qué, comemos más de la cuenta”

 

-Falta por tanto educación tanto en la ciudadanía, como en los profesionales de la sanidad, para tener un sentido más crítico sobre nuestra salud y todo lo que tiene que ver con ella.

Yo creo que aquí hay que hacer dos movimientos: uno, el de ser conscientes de hasta qué punto los mensajes sobre la salud que hay en la sociedad están condicionados por intereses comerciales y no por intereses de salud pública. Y segundo, hay que irse río arriba, aguas atrás para buscar los determinantes en la salud mucho antes de que ocurra la enfermedad.

Estos determinantes distales están en los estilos de vida, en los modos de alimentación, etcétera, en los roll models o modas socialmente aceptadas, todo esto condiciona mucho la salud de la población. Y de esto se habla muy poco en las facultades de medicina y en el ámbito sanitario. Por ejemplo, me llama mucho la atención que cuando se habla de obesidad y como combatirla, se habla de moléculas, de grasa blanca, de la metalodona, o la microbiota; y no se habla de algo tan simple como de por qué comemos más de la cuenta, por qué no se da el mensaje de comer menos, por qué hay ambientes y una cultura obesogénica, por qué hay esa perversión de que algunos investigadores o autores parece que están casi en nómina de industrias alimentarias que venden productos que ocasionan obesidad.

De todo esto no se habla, no se habla de los determinantes sociales, culturales, y económicos y se habla mucho de aspectos más moleculares y esto casi acapara la totalidad de la literatura biomédica sobre la obesidad. Es un ejemplo paradigmático y donde estamos fracasando precisamente porque no afrontamos los determinantes socioculturales.

-El gobierno ha dicho que va a crear un impuesto a las bebidas azucaradas ¿usted cómo ve este nuevo intento, como lo interpreta?

-Creo que si nuestro gobierno sigue muy complaciente con la industria alimentaria, cierta industria (no toda) ejerce así su poder, pero algunas sí tienen unos intereses perversos y prefieren seguir ganando dinero aunque haga daño al gasto público, de forma que algunas de estas industrias estudian en connivencia con las acciones de gobierno y están muy representadas en los organismos que tendrían que regularlas. En el libro Salud a ciencia cierta, cuento ejemplos con mucho detalle de como precisamente personas que venían directamente de una de las industrias de refrescos azucarados más conocidas pasó a dirigir la Agencia Española de Seguridad Alimentaria. ¡Esto es un escándalo! y un ejemplo muy palpable de puertas giratorias que hacen que las medidas que se tomen sean siempre dirigidas a complacer a esas industrias, en vez de regularlas. Incluso medidas que parece que son una defensa de la salud pública, tienen gato encerrado, algo que hace que siempre al final ni sean suficientemente radicales, ni extensas, ni haya efectivamente un control fuerte, sino que se deja mucho a la autorregulación.

Todo esto hace que nuestras tasas de obesidad infantil por ejemplo, sean de las peores del mundo, y que nuestra tasa de sobrepeso en adultos esté llegando al 70%. Lo raro en España es estar en el peso normal. Y es un problema gravísimo que está poniendo en riesgo todo el sistema sanitario y que se debe a que no se afrontan con radicalidad y con pulso firme los determinantes fundamentales de esta epidemia.

“Las puertas giratorias hacen que las medidas que se toman están siempre dirigidas a complacer a la industria, incluso aquellas que parece que son una defensa de la salud pública, tienen gato encerrado”

 

-¿Por qué las puertas giratorias en la industria alimenticia no nos escandalizan tanto o más que en el sector eléctrico por ejemplo ¿por qué esta permisividad? ¿Por ignorancia? ¿Por la influencia de esta industria?

-Creo que estos hechos no son suficientemente conocidos porque existe miedo entre las personas que son expertas en estos temas, un miedo comprensible, porque no es fácil encontrar recursos para la investigación, a veces son muchos los investigadores que recurren a la industria para que les financie proyectos, les ayude a organizar un proyecto, sea sponsor de un Congreso, o que contribuyan económicamente para que una reunión científica pueda realizarse… y hay mucho miedo de hablar claramente.

A veces, nos pueden tildar de talibanes o exagerados a los que hablamos claramente, pero creo que cada vez somos más, especialmente en el ámbito de la epidemiología y la salud pública, los que no queremos callarnos ni mirar para otro lado y queremos decir con claridad, y aportando datos y evidencias científicas, que tenemos un problema. Yo en el libro digo que cuando se escriba la historia de esta explosión mundial de obesidad en el s.XXI, se dirá que el peor fracaso fue por la connivencia con industrias que vendían productos que producían obesidad. Este es el peor error que se está cometiendo, no puede haber esa connivencia. Al principio del uso del tabaco, de la epidemia del cáncer del pulmón hubo esa connivencia de investigadores con las industrias tabacaleras, también lo cuento en el libro, y esta fue una de las razones por la se tardaron décadas en poder reducir las tasas de tabaquismo en la población, cuando estaba matando a millones de personas cada año.

- ¿Debería especificarse en los estudios sobre salud, de los que mucha veces nos hacemos eco los medios de comunicación, quien los financia? 

-Pienso que sí, que cada vez es más necesario. Una de las grandes batallas que hemos ganado en salud pública, es que una de la base de datos médica más conocida que es Pubmed, donde aparecen los artículos científicos que se van publicando, ya aparece si hay conflicto de interés, y las revistas científicas serias ya exigen que los investigadores declaren que conflictos de interés tienen y quién ha financiado su estudio. Creo que en los medios de comunicación esto tendría que estar más claro. La variable que más influye por ejemplo en hacer que unos estudios nieguen que los refrescos azucarados lleven aumento de peso, es que si lo ha financiado la industria azucarera lo más probable es que nieguen esos efectos adversos. Esto está documentado, lo publicamos en un estudio muy extenso que hicimos en PLOS Medicine (revista médica) en el 2013, y luego se ha replicado en otro estudio que se ha hecho en Canadá más recientemente. Es muy exagerado, no hay ninguna otra variable que discrimine tan bien la heterogeneidad entre la dirección de unos estudios y otros, como la fuente de financiación. Luego, la fuente de financiación de los estudios es algo muy importante a tener en cuenta a la hora de juzgarlos.

“En EEUU ya hay predicciones que dicen que va a retroceder la expectativa de vida al nacimiento de las generaciones más jóvenes, que tienen una tasa de obesidad altísima”

 

-Actualmente la generación que vivió la guerra y la posguerra y que pasó en la mayoría de los casos, hambre, necesidad, ha alcanzado la mayor esperanza de vida de nuestra historia. ¿Puede darse la paradoja que precisamente las sucesivas generaciones con mejores condiciones de vida, tengan una menor esperanza de vida?

Sí. Hay proyecciones que nos dan ese círculo sombrío, de que las ganancias seculares en expectativas de vida se pierdan precisamente por la epidemia de obesidad. Esto ya está pasando en EEUU, donde ya hay predicciones que apuntan a que va a retroceder la esperanza de vida al nacimiento de las generaciones más jóvenes, porque se han criado en la comida rápida, la comida basura, las porciones inmensas y con una tasa de obesidad altísima.

-¿Cuando decimos que nuestros hijos van a vivir peor que sus padres, también van a tener peor salud?

-Tenemos un problema grave y efectivamente en España se ve que cuanto más joven es la población, menos sigue la dieta mediterránea tradicional, y este libro es como abrirle los ojos a la población sobre los graves peligros que tenemos y hacerles conscientes de lo importante que es cuidar la salud. El libro no solo informa, sino que también motiva, es muy persuasivo y hace que uno mire su alimentación y estilo de vida y esto es muy necesario que lo aprendan las generaciones jóvenes.

En esta epidemia de obesidad tan grande que tenemos, vamos a tener muchísima diabetes, que es la principal causa de que la gente pierda la vista, de que haya que hacer amputaciones de miembros inferiores; de la insuficiencia renal y por tanto de la diálisis; la diabetes también es una causa de enfermedades cardiovasculares, no se sabe lo que es sufrir un ictus hasta que uno se queda hemipléjico, y eso se podía haber evitado con un estilo de vida correcto, y una dieta sana… Y el libro da todas las pistas y todas las indicaciones para prevenir esto: las insuficiencias renales, los cánceres, hay 15 cánceres en los que hay evidencias suficientes de que se producen por obesidad.

Tenemos casi el 70% de la población española con sobrepeso-obesidad, es una bomba de relojería, no hay sistema sanitario que lo aguante. 

“Las pruebas diagnósticas no es café para todos, la edad y el sexo justifican hacerlas o no”

-¿Existen super alimentos?

-Creo que hay más mito que realidad, porque lo importante no es un alimento singular, sino el patrón alimenticio en su conjunto. Desde luego que hay alimentos que tienen muchas papeletas para estar en un patrón nutricional de alta calidad, como son el aceite de oliva virgen extra, los frutos secos, las legumbres, las frutas, las verduras; pero es todo el conjunto en combinación, porque ejerce un efecto sinérgico y porque sería utópico pensar que un solo alimento va a tener un efecto muy fuerte sobre la salud. Es mucho más realista pensar que la acción sinérgica de muchos alimentos es beneficiosa, como los es el patrón de dieta mediterránea clásico, tradicional de los años 50 o 60 del siglo pasado, porque ese patrón en su conjunto es lo que logra un efecto beneficioso en prevención de enfermedades.

-En el libro habla también sobre la realización o no de pruebas diagnósticas sobre todo a partir de cierta edad ¿Por qué no son recomendables?  

-Esto es lo que se llama prevención secundaria, que es el diagnóstico y el tratamiento precoz de enfermedades antes de que se manifiesten clínicamente. Hay una tendencia actual a ser muy restrictivos en la realización de estas pruebas.

En general esto acaba haciendo más daño que bien, el libro va entrando en cada prueba y da unas pautas claras de lo que hay que hacerse a cada edad, esto no es café para todos, cada edad y según el sexo hay unas pruebas que están justificadas y otras que si se las hicieran a toda la población, se acabaría haciendo más daño. Por una parte porque hay mucho falso positivo, y eso genera ansiedad, genera la necesidad de hacerse más pruebas, algunas pruebas de confirmación producen efectos secundarios porque hay que hacer biopsias, y se producen infecciones, hemorragias, molestias.

Muchas veces se operan cánceres que nunca darían la cara clínicamente, porque son de evolución muy lenta, es lo que se llama el sobre diagnóstico y sobre tratamiento, que son problemas que cada vez preocupan más a la comunidad científica. En general, hay que estar muy seguro de que una prueba va a ser útil, y va a producir más beneficio que daño al hacerla.

-Sobre esto ¿Hay una línea de actuación, o depende del criterio de cada médico?

Creo que los médicos, sobre todo los más jóvenes que han hecho la asignatura de medicina preventiva, están mejor formados en estos temas del cribado en despistaje y tienden a ser más cautos.

Y desde luego, nos encontramos con el problema de los conflictos de intereses. En muchas sociedades científicas hay cierto conflicto de interés porque tienen vínculos con distribuidores que venden dispositivos para hacer este despistaje, o pruebas de diagnóstico precoz, y por eso son más complacientes con extender estas pruebas a un segmento más amplio de la población. Pero creo que el paciente tiene una característica, que se llama autonomía, y lo que pretendo es que los ciudadanos de a pie sepan lo que es una salud a ciencia cierta, y sean capaces de negarse a hacer una prueba, y si uno no quiere hacérsela el médico no se la va a imponer. Tenemos que saber que la salud también está en nuestras manos.