• Jueves, 20 de Septiembre de 2018

INVESTIGACIÓN PUBLICADA EN "COMMUNICATIONS BIOLOGY"

Pasar hambre alarga la vida

Una restricción calórica crónica aumenta considerablemente la longevidad, según ha comprobado una investigación realizada durante 10 años con un pequeño primate conocido como lémur ratón (Microcebus). Los resultados se publican en Communications Biology.

Dos lemures de 9 años. El de la izquierda ha sido alimentado con una dieta "normal", tiene cataratas y piel blanquecina. El de la derecha ha sido alimentado con un 30% menos de calorías (RC). Tiene características de un animal más joven.
Dos lemures de 9 años. El de la izquierda ha sido alimentado con una dieta "normal", tiene cataratas y piel blanquecina. El de la derecha ha sido alimentado con un 30% menos de calorías (RC). Tiene características de un animal más joven.

La restricción calórica crónica consistió en comer una ración reducida pero equilibrada a partir de la edad adulta y a lo largo de la vida. Su efecto benéfico sobre la longevidad se había establecido con anterioridad en otras especies de corta vida, como moscas y ratones, pero ha sido controvertido en primates y humanos. 

Trabajos anteriores, realizados especialmente en macacos, que viven una media de 40 años, ya habían demostrado el efecto benéfico de la restricción calórica en las enfermedades asociadas al envejecimiento. Sin embargo, su efecto positivo en primates nunca había sido constatado. 

Esta investigación lo ha confirmado con el lémur ratón, que tiene una edad media de doce años, y es considerado como un buen modelo para el estudio del envejecimiento, particularmente porque este primate comparte muchas similitudes con los humanos. 

Reducir las calorías

Los científicos sometieron a un grupo de lémures ratón a una restricción crónica moderada desde que fueron adultos y hasta el fin de sus días. Esa restricción calórica consistió en reducir un 30% las calorías de la dieta, en relación con la dieta normal de estos primates. 

A continuación observaron los índices de supervivencia, así como las eventuales alteraciones vinculadas a la edad. Después de 10 años, los resultados fueron categóricos: en relación con los otros lémures ratón, los del experimento aumentaron su esperanza de vida casi un 50%. 

Su edad media se situó en los 9,6 años, frente a los 6,4 años de los otros lémures ratón. Además, por primera vez los científicos observaron el aumento de la longevidad máxima en un primate: más de una tercera parte de ellos siguen vivos todavía, después de la muerte del último animal controlado a la edad de 11,3 años. 

Este efecto benéfico de la restricción calórica moderada se aprecia asimismo en la conservación de las capacidades motoras y cognitivas, así como en una reducción de las patologías asociadas al envejecimiento, como el cáncer o la diabetes.

El lémur ratón con restricción calórica muestra además unas características morfológicas de un animal más joven, señalan los investigadores en un comunicado. La imagen de sus cerebros tomada a edades avanzadas muestra sin embargo una ligera pérdida de materia gris, el tejido neuronal que es uno de los principales componentes del Sistema Nervioso Central. 

Por el contrario, estos primates muestran a la vez un retraso sensible en la atrofia de la materia blanca, la parte del sistema nervioso encargada de transmitir la información entre diferentes áreas del cerebro. 

Según los investigadores, la restricción calórica crónica se desvela como el medio más eficaz para alargar la vida y retrasar el envejecimiento en un primate no humano. 

La siguiente etapa de esta investigación consistirá en vincular la longevidad también al ejercicio físico, con la finalidad de extender aún más los límites de la longevidad. 

Esta investigación puede ayudar a clarificar el papel de la alimentación en la longevidad humana. Actualmente se cree que la dieta es responsable en un 30% de una larga y sana vida humana.

Referencia 
Caloric restriction increases lifespan but affects brain integrity in grey mouse lemur primates. Pifferi F, Terrien J, Marchal J, Dal-Pan A, et al. Communications Biology. DOI: 10.1038/s42003-018-0024-8