• Martes, 11 de Diciembre de 2018

HISTORIAS PARA EL VERANO

Filek, el embaucador que colocó a Franco su gasolina de flores

“Filek: el estafador que engañó a Franco” (Seix Barral) es la última novela de Ignacio Martínez de Pisón, donde nos cuenta la historia de este austríaco que consiguió que Franco firmara un decreto declarando de interés nacional su gasolina sintética a base de flores y agua de río. Un relato que refleja el funcionamiento de aquella “España chapucera y sanguinaria”, donde nadie sabe cómo, ni por qué, Filek sobrevive pese al engaño.

Imagen de la portada del libro "Filek, el estafador que engañó a Franco".
Imagen de la portada del libro "Filek, el estafador que engañó a Franco".

El 7 de diciembre de 1939 un decreto firmado por Franco y el ministro de entonces de Industria y Comercio, Luis Alarcón de la Lastra, declaraba de interés nacional la fabricación del carburante del inventor Alberto Edler Filek. Ocho días más tarde, en el decreto que aparecería publicado en el BOE, se declararían urgentes las obras de instalación de la Fábrica de Carburante Nacional, donde debería producirse el invento con número de patente 136.724 y que supondría la expropiación de 23 fincas, en total dos millones de metros cuadrados, entre las localidades madrileñas de Coslada y Barajas.

mayor_actual_Consejo_Ministros_agosto1939_FrancoConsejo de Ministros de agosto de 1939 presidido por Franco, y del que formaba parte el ministro de de Industria y Comercio, Luis Alarcón de la Lastra.

El complejo industrial contaría con una destilería, depósitos subterráneos y una colonia de viviendas con su pequeña iglesia y campo de fútbol, donde vivirían sus 340 empleados y familias. 

Todo para producir gasolina sintética a base de flores y matas de campo, mezcladas con agua de río y un producto secreto que Filek sólo habría revelado al caudillo, según el relato novelado de Ignacio Martínez de Pisón Filek: el estafador que engañó a Franco (Seix Barral), donde cuenta las andanzas de este pícaro que logró introducirse en la Corte del dictador y vender `humo´ hasta convertirlo en interés nacional.

Pese a lo cual y sorprendentemente, tal y como señala Pisón, “el tipo que había puesto tan en ridículo a la Jefatura del Estado y al Gobierno no fue fusilado, sino que simplemente se limitaron a convertirlo en un preso gubernativo, lo metieran en una cárcel, y luego en un campo de concentración donde le tuvieron encerrado hasta el año 46. De hecho corrieron rumores por España en su momento de que o había huido o que tal vez incluso le hubieran eliminado. Pero no fue así. Buscando en los archivos vemos que efectivamente este tipo nunca fue juzgado, porque en un juicio habrían tenido que hablar los testigos, y habría habido pruebas y se habría podido reconstruir la historia”.

Entonces ¿por qué un tipo que había puesto en ridículo a la Jefatura del Estado no fue fusilado en la época más sanguinaria de Franco? “La duda que tengo es esa, que había alguien que le protegía, porque parte de la documentación se eliminó en su momento, procuraron no dejar rastro, pero es verdad que es muy difícil encontrar que complicidades tuvo dentro del Régimen. Sabemos que tuvo amistades que le abrieron puertas, como por ejemplo Serrano Suñer con el que había coincidido en la cárcel Modelo en Madrid; y que se ganó también el entusiasmo del otro cuñado, de Felipe Polo, pero no sabemos si había realmente complicidades de gente cercana a Franco, de gente del Régimen que no es que fuera engañada por ese mejunje de Filek, sino que fuera cómplice de esa gran estafa”, añade el autor.

mayor_actual_von FilekFotografía de Filek con sus colaboradores, publicada en 'El Día de Palencia' el 12 de marzo de 1940.

El invento pretendía convertirse en un éxito económico de Franco, que nos llevara “Hasta la autarquía nacional en materia de carburantes, produciéndose tres millones de litros diarios, lo que supondría un ahorro de 150 millones anuales en divisas”, tal y como contaban los periódicos de la época (La Vanguardia Española 8/02/1940).

Una vez más y viendo la fórmula de la gasolina, la pregunta que surge es ¿Cómo pudo Filek colársela al Gobierno y a todos los que había a su alrededor? “Ahí esta la cuestión –afirma Martínez de Pisón-. Se veía desde el principio que era todo una estafa y sin embargo cayó todo el Estado y todo el Gobierno. Pero esto se entiende también porque una vez engañado Franco estaban engañados todos, es un poco como la fábula de El traje nuevo del emperador, donde nadie se atrevía a llevarle la contraria a Franco. Si el decía, a lo mejor porque le había convencido su cuñado Felipe Polo, o el otro cuñado, que esa gasolina valía, a ver quien le decía que eso era una estafa. De hecho se hicieron dos análisis y en el primero nadie se atreve a decirle nada, solo en el segundo los científicos dicen que aquello es un engaño”.

¿Quién era Filek?

En la información publicada por los periódicos de aquellos días, y filtrada por la agencia de noticias Cifra (fundada por Serrano Suñer, cuñado de Franco en enero de 1939) aparecía también una breve biografía del inventor Filek, lo que permite saber su nacionalidad: “austríaco de nacimiento, pero español de corazón, que ha sufrido martirio y persecuciones en las checas y en las cárceles de Madrid”; su edad: 50 años, y la fecha de su llegada a España: en marzo de 1931. El texto añade también la fecha de su detención, 10 de agosto de 1936 en Madrid “por auxilio a la rebelión”, y las cárceles por las que pasó, “siendo conocidos por todos los ex cautivos de estas prisiones los golpes y contestaciones de yon Filek, «Otto» para los milicianos, y sus famosas discusiones con Ramos, el jefe político de Porlier, y con Mariano `El Balas´, a los que saludaba con el brazo en alto, y decía que era más fascista que Mussolini”.

mayor_actual_carcelmodeloMadrid_Filek

Puerta de la cárcel Modelo de Madrid, donde Filek pudo coincidir con Serrano Súñer, cuñado de Franco, contacto que sin duda le serviría para llegar hasta el dictador.

Las crónicas dejaron patente la capacidad de engaño de este personaje, que Martínez Pisón persigue desde su Austria natal en una biografía novelada, donde la realidad y la ficción se confunden continuamente en esta tragicomedia del absurdo.

Filek, sí era austríaco, sí estuvo en la cárcel pero llegó por los numerosos “delitos de derecho común por los que era buscado en España: las estafas cometidas con diferentes nombres, el hurto con fraude comunicado por la policía vienesa,…”; y sí parece que se libró de alguna de las sacas, entre otras de la de Paracuellos del Jarama comandada por Santiago Carrillo. Y por último el Ministerio de la Guerra de la República pasó a considerarle “espía austríaco, sobrino del jefe de espionaje austríaco en la Gran Guerra”, manteniéndole en prisión hasta el 12 de abril de 1939, día de la entrada de las tropas nacionales en Madrid.  

Pero Filek era sobre todo “un estafador clásico que va engañando a la gente, que a su vez se quiere aprovechar de él”, que incluso cae bien por haber engañado al dictador con un mejunje; pero acaba demostrando su falta de escrúpulos cuando estafa a un judío francés con la excusa de rescatar a su hijo de un campo de concentración de la Francia ocupada por los nazis. Un hombre que iba a lo suyo, y que pese a los acontecimientos históricos que le tocó vivir, nada le frenó, él sólo pensaba en estafar y robar.

El libro de Filek, permite también descubrir algunos de los personajes más influyentes de la primera época de la Dictadura, como Felipe Polo el otro cuñado del dictador, y el funcionamiento de las instituciones, “reflejando aquella España chapucera, dirigida bajo criterios cuarteleros y es verdad que aquello era una especie de empresa familiar, donde todo lo llevaba Franco con dos cuñados; por un lado Serrano Suñer, el cuñadísimo; y por el otro Felipe Polo que además era su secretario personal. Si hay algo de esa España chapucera; por un lado muy sanguinaria y por otro muy zarrapastroso. El hecho de que Filek consiguiera colarse ante la Jefatura del Estado y consiguiera el apoyo del BOE en 1939, con su empresa que no estaba constituida, y con su patente que era una segunda solicitud de patente que había sido revocada; era todo tan absurdo y sin embargo consiguió ese apoyo tan firme del gobierno. Era todo esperpéntico, y realmente al Gobierno de Franco se la metieron bien metida”, señala Martínez de Pisón.

 

Filek quiso huir a Argentina, según el testimonio recogido por Pisón después de la publicación del libro, pero acabó en la prisión de Nanclares de Oca y posteriormente en el campo de concentración de Miranda de Ebro

 

Una época, que añade Pisón, no ha despertado mucho interés entre los novelistas, pero que encierra episodios tragicómicos como éste de Filek, cuyo final habría sido distinto si el estafador hubiera podido cumplir con su plan de huir a Argentina, tal y como confirmó recientemente el autor del libro por un testimonio indirecto: “Laureano Salvador era uno de los estafados por Fileck, y mantenía cierta amistad con él, y era el abuelo del propietario de la librería Diógenes de Alcalá de Henares. Con él y con su padre, el hijo del estafado, estuve hablando y me contó que Filek en la primavera del 40, se acercó a despedirse al taller mecánico que tenía este señor para decirle que se iba a Argentina. Realmente yo sospechaba que la idea de este hombre era la de escapar de España en algún momento con el botín, pero que las salidas se le cerraron y se quedó aquí”.

Un final que le hubiera gustado más a Filek, que de haberlo logrado, quien sabe las historias que este estafador nos habría regalado en su aventura americana.

Filek: el estafador que engañó a Franco (Seix Barral) de Ignacio Martínez de Pisón (Zaragoza, 1960).  Autor de más de 15 libros entre otros Carreteras secundarias (1996), La buena reputación (2014), por el que recibió el Premio Nacional de Narrativa; o El día de Mañana (2001), Premio de la Crítica, Premio Ciutat de Barcelona y Premio de las Letras Aragonesas. Además es guionista de películas como Las 13 Rosas (Emilio Gutiérrez Lázaro, 2007) y de la serie basada en su novela El día de Mañana y que actualmente se emite en MoviStar +.