• Miércoles, 23 de Enero de 2019

PROTAGONIZAN UN ENCUENTRO INTERGENERACIONAL PROMOVIDO POR EL TEATRO ESPAÑOL

Julieta Serrano y Macarena Sanz, diálogo entre dos generaciones de actrices

Julieta Serrano (85 años) y Macarena Sanz (28 años) han protagonizado el último "Diálogo entre dos generaciones", organizado por el Teatro Español, con el objetivo de que grandes maestros de la interpretación, compartan su experiencia con jóvenes actores/actrices ante el público, en un espacio como es el teatro, cimentado sobre la memoria, la de los textos, la de los autores, la de los intérpretes...

Julieta Serrano y Macarena Sanz en el Teatro Español (Foto: B.E.).
Julieta Serrano y Macarena Sanz en el Teatro Español (Foto: B.E.).

Julieta Serrano (85 años) y Macarena Sanz (28 años) han protagonizado el último Diálogo entre dos generaciones, entre actrices/actores organizado por el Teatro Español, dentro de las actividades paralelas que tiene programadas para esta temporada, bajo el tema general de la memoria.

Tal y como explica la directora del Teatro Español, Carme Portacelli “cada temporada la dedicamos a un tema transversal, y éste año ha sido la memoria en todas sus acepciones, desde la memoria física, la falta de memoria; emocional, hasta la memoria histórica en nuestro país”.

“El teatro es un lugar de memoria, y especialmente el Teatro Español. Aquí habló Lorca, la Xirgu, y tantos actores, y mucho antes, en los siglos XVII y XVIII. Desde aquí se han declamado millones de palabras, interpretado obras de cientos de autores, y creo que es importante conocer esa memoria para saber quiénes somos”, añade Portacelli.

mayor_actual_directoraCarme Portacelli, directora del Teatro Español (Foto: B.E.).

La iniciativa surge tras un encuentro fortuito con Gema Cuervo, donde la actriz le cuenta a Portacelli aventuras y anécdotas que había vivido durante la dictadura franquista; la suspensión de obras, las giras que había hecho... "Pensé en los textos que esta mujer y su compañía habían llevado adelante en esa España tremenda y difícil, ¡es que han traído gente que nunca se había hecho en este país! Y ¿Cómo no sabemos esto? A una persona joven de 25 años, no se lo ha enseñado nadie, primero no sabe ni quién es Gema Cuervo; segundo, no sabe lo que era hacer teatro en el franquismo, etcétera. Todo eso es importante saberlo y compartirlo entre la gente de teatro, y los que amamos el teatro y la cultura y con el resto de ciudadanos y ciudadanas”.

Este encuentro dio pie a la creación del ciclo Diálogo entre dos generaciones, en el que ya han participado la propia Gema Cuervo junto a su hija Cayetana Guillén Cuervo; Julieta Serrano junto a la actriz Macarena Sanz, quedando por celebrarse el de José Sacristán y Nacho Sánchez, previsto para el próximo 18 de febrero (inscripciones aquí).

"Un país que no respeta a sus mayores, precisamente por la falta de memoria y de cultura, es un país sin futuro" 

 

Un encuentro fundamental, para la directora del Teatro Español, quien no oculta su disgusto por el poco eco que ha tenido entre los medios de comunicación estos encuentros: “Si esto fuera un país normal estaría toda la prensa viniendo a grabarlos, porque es una maravilla. Un país que no respeta a sus mayores, precisamente por la falta de memoria y de cultura, es un país sin futuro. Un país que no reconoce lo que han hecho otras personas y que cree en el adanismo, en eso de que yo ahora vengo y “voy a inventar el agua caliente”, tiene un peligro muy grande en el futuro, porque no se construye nada”.

En concreto, sobre el papel de los mayores en el mundo del teatro, Portacelli insiste en la dificultad que hay también aquí de apreciar a “nuestros maestros”, especialmente en Cataluña de donde procede, y añade “hay gente que se ha dejado la vida y los higadillos haciendo este oficio con todas las dificultades que supone. Y creo que en Cataluña se valora mucho menos eso, de repente le tiran a uno a la basura, o pasada una edad, hay una valoración mucho más tremenda en ese sentido. Hay que valorar lo que viene, pero también lo que había, porque si no ¿de dónde viene lo que viene?, ¿se lo han inventado?”.

Diálogo entre Julieta Serrano y Macarena Sanz 

mayor_actual_julietaFoto: B.E.

Julieta Serrano, acaba de recibir el Premio Nacional de Teatro, coincidiendo con sus 60 años de carrera, que comenzó profesionalmente en el teatro de la mano de los directores Miguel Narros y José Luis Alonso, aunque fue su salto a la gran pantalla, de la mano de Pedro Almodóvar en películas como Mujeres al borde de un ataque de nervios y Entre tinieblas, lo que le dio la fama. Precisamente esta semana presenta Dolor y gloria, la última cinta del director manchego en el que interpreta a la madre de Antonio Banderas.

Macarena Sanz comenzó su carrera en el teatro en 2011 con Münchhausen sobre las tablas del Centro Dramático Nacional, de donde prácticamente no se ha bajado. Ha participado también en tres películas, la última Asesinato en la Universidad, estrenada en septiembre de este año; y en dos series de televisión.

Pocos minutos antes de comenzar Conversaciones entre dos generaciones ante el público, Mayor Actual estuvo con las dos actrices, en una entrevista que no dudaron en calificar entre risas como de “ensayo general”, a lo largo de la cual han hablado de censura, de sus comienzos, y de su relación con el teatro, entre otros temas. 

-Durante el franquismo sufrió la censura en múltiples ocasiones, especialmente conocido es el episodio de la obra Las criadas ¿Qué puede contarnos de aquella época?

-Julieta: cuando hice Las Criadas en la compañía de Nuria Espert llevaba bastantes años haciendo teatro y sufriendo la censura, porque esto fue en el 69 y yo empecé en el 57. Yo he pasado la guerra, la posguerra, épocas casi de plomo, donde la censura era normal, pero lo de Las Criadas, fue algo terrible por todo lo que suscitó, por aquella situación tan terrible que nos ocurrió. Nos cerraron el teatro por orden gubernativa y nos echaron a la calle. La censura de repente leía el libro, te lo permitía (si es que te lo permitía) y después de posiblemente tachar muchas cosas que seguro que no le gustaban, cuando llegabas a los ensayos generales a punto de estrenar, venía el censor a ratificar que aquello era exactamente lo que había permitido. Pero a veces, después de todo veían la función y no te permitían cosas que ya estaban aprobadas, porque la puesta en escena no les parecía apropiada. Era una época muy dura. La censura anulaba el impulso creador, y nosotros tratábamos de salvarnos por las esquinitas, y tratábamos de trabajar y sacarlo adelante, era una anulación del acto creativo y libre.

Julieta: "En nuestra profesión, tienes que estar siempre en vilo, en marcha, con la energía puesta para conseguir aquello que te has propuesto"

 

-¿Creen que actualmente hay algo que frene ese acto creativo?

-Macarena: yo creo que a otro nivel, y por supuesto creo que saber toda esta historia es importante, hay que hacer memoria siempre, es imprescindible para no caer en lo mismo. Creo que ahora sí que se están viendo varios casos en los que alguien habla, y de repente “esto no se puede decir”, con eso de si es libertad de expresión o enaltecimiento de terrorismo. Ahora mismo con Internet se están abriendo mucho las fronteras sobre qué es censurable o no, qué es humor negro o no, y por ejemplo nos encontramos el caso de los titiriteros que estaban haciendo una función sobre ETA y de repente todo el mogollón que se montó. Creo que la memoria es imprescindible para saber cómo actuar en el presente.

Ahora también te puede cortar el tema económico, hay propuestas interesantes pero no pueden hacerse por falta de dinero, compañías muy buenas dentro del teatro off que tienen que pagar para actuar, pero también forma parte de la profesión, en la que de repente puede que te vaya bien unos meses y luego no.

-Julieta: Es una profesión muy insegura, esto produce una inestabilidad que al mismo tiempo te indica que no te puedes acomodar, tienes que estar siempre en vilo, en marcha, con la energía puesta para conseguir aquello que te has propuesto. Efectivamente ahora hay muchísima libertad, no está la censura a esos niveles ni muchísimo menos, no hay un dictador, ni una tiranía, pero siempre hay conflictos. En una expresión artística que desea y exige la mayor libertad, pues surgen como ha dicho Macarena conflictos que de algún modo se tienen que ir solucionando sobre la marcha.

-Macarena: Totalmente, y creo que una de las funciones del teatro, de esta profesión, es también poner sobre la mesa ciertos temas que son un poco peliagudos y que suscitan el debate y que hay que hablar sobre ellos, buscando siempre temas que están en la vida.

-Julieta: Y temas que pueden crear conflictos. Para que a través de la expresión artística el público reflexione sobre lo que le están proponiendo, es un alimento para el alma, para la vida, y eso es el arte, alimento del alma.

Julieta:  "A mí me atrae muchísimo la gente joven, lo que piensa, lo que siente, cómo ha empezado, por qué, cuáles son sus dificultades, porque yo conozco las mías, pero quiero conocer las suyas"

 

-¿Cómo son las relaciones entre los actores de distintas generaciones? ¿Hay celos? ¿Cuándo un/a joven interpreta un papel que ha hecho otro cae en la comparación?

-Julieta: Trabajamos con gente de todas las edades, y hombres mujeres, niños, perros… (risas) Quiero decir, a mí me atraen muchísimo las propuestas, la gente joven, lo que piensa, lo que siente, como ha empezado, por qué, cuáles son sus dificultades; porque yo conozco las mías, pero quiero conocer las suyas y la edad te da otro punto de vista. Me parece muy interesante esta relación, la tuve cuando era joven con gente mayor que siempre me ayudó, yo siempre cito a Berta Riaza (91 años) y Alicia Hermida (86 años), que fueron como dos hermanas, dos madres para mí, porque yo cuando llego a Madrid no conozco absolutamente a nadie y las dos me acogieron en su casa, en su familia, y hemos sido amigas de toda la vida. Y tenían mi edad, y siempre me he sentido acogida, nunca he sentido en ninguna ocasión que hubiera “mal rollo” como se dice, entre gente mayor hacia mi, cuando era más joven, y yo siento hacia los jóvenes un gran interés.

Y en cuanto a si he visto una obra que yo he hecho antes, he visto Las criadas dirigidas por Mario Gas y hechas por Aitana Sánchez Gijón y Emma Suárez y no tenía nada que ver con lo que hicimos nosotros, y me pareció fantástico ver otra lectura de la misma obra, tiene que estar muy mal hecha o no tener suficiente talento para sentir una crítica negativa. Al contrario, recuerdo lo importante que fue para mí esa obra, y todo lo que ocurrió, y verla después completamente distinta y gustarme muchísimo, porque eso es lo que tiene el teatro, que puede expresarse de distintas maneras.

-Macarena: La misma obra se puede hacer de mil formas diferentes, depende de quien la dirija, o actúe y eso es fascinante. En cuanto a la relación con actrices y actores mayores siempre ha sido una relación de amor muy grande, igual que con la gente de mi edad. Hay una relación de mucha generosidad, por ejemplo en Münchhausen que fue la primera obra que hice, la actriz que hacía de mi abuela era Teresa Lozano (74 años) y era un apoyo brutal, porque yo no sabía lo que estaba haciendo (risas). Yo estaba estudiando en la escuela, pero era la primera vez que ensayaba una función para hacerla, y recuerdo que me decía “Macarena tranquila está todo bien, este es el proceso de ensayo”. Y me decía en relación a esos pensamientos parásitos que nos entran en medio de una función “yo a lo largo de mi carrera me he dado cuenta de que eso no se pasa nunca, pero hago algo que cuando están ahí hago fu, fu fu (agitando las manos)”, y a mí eso se me ha quedado. Todos los consejos, toda la vivencia que había de ella, lo hablábamos las dos y eso ha sido así, con todas las obras.

Macarena Sanz, en su estreno sobre los escenarios con Münchhausen.

-¿Por qué se hicieron actrices?

-Macarena: Soy la pequeña de cuatro hermanas y jugábamos todas mucho, y de alguna manera nos hemos potenciado entre nosotras. Me dijeron que me apuntara a teatro, pero yo no unía el juego del teatro con una posible profesión, no me preguntes porqué, esa unión tan evidente, no estaba entre mis neuronas (risas). Y un día en la Escuela Municipal de Teatro preguntaron ¿quién se quiere dedicar profesionalmente a esto? Y yo veía que algunos compañeros levantaban la mano y pensé “Ah claro! que te puedes dedicar profesionalmente a esto” (risas), me dije: creo que puedo hacer esto, y así fue. 

-Julieta: Yo tengo antecedentes actorales en mi familia, porque mis abuelos fueron actores, aunque cuando digo esto la gente cree que tengo un árbol genealógico, como los Gutiérrez Caba (risas). Pero mis abuelos fueron actores, aunque cuando nací ya estaban retirados, no trabajaban, mi abuelo murió cuando yo tenía tres años; mi abuela vivió muchos años y tenía también unas tías que cantaban en Argentina, pero murieron con la gripe española. Pero en casa había ropa de teatro, fotografías y un gran amor por el teatro. Ya había desaparecido ese mundo, pero de alguna manera viví ese gran amor que tenía mi abuela por el teatro, al que iba con ella muchas veces, incluso en mi casa se celebraba el fin de año en el teatro, nos daban una bolsita con uvas y un botellín de semi seco.

Pero mis circunstancias eran totalmente negativas, en el sentido de que en Barcelona no existía nada, todo venía de Madrid, nos volvíamos locos por ver las compañías de Madrid. Sí había mucho teatro de centros de barrio. A veces en Barcelona se dice que nos gusta mucho el teatro pero no pagar para verlo. Entonces había muchos centros de aficionados en los barrios, donde hice mi primera función que dirigió mi padre, que como tenía esa relación familiar con el teatro, le pidieron que la dirigiera. También íbamos mucho al cine, y aparte de ese ambiente que había en mi casa, yo quería ser artista de cine, pero tenía un carácter que lo hacía prácticamente imposible. Era una persona callada, tímida, muy seria, introvertida, muy miedosa, yo creo que estaba asustada por la guerra, y mi padre me decía “como me gustaría que pudieras ser actriz, pero aquí no hay, y con ese carácter”, era un sueño imposible.

-Tenía entonces el viento a favor de su familia, algo muy raro en su caso Julieta, ya que entonces el ser artista no estaba muy bien visto

-El viento a favor total. De hecho el primer grupo que era del Orfeón de Sants que tenían un cuadro escénico de aficionados me lo buscó mi padre, para que yo lo pudiera disfrutar. Las circunstancias eran totalmente negativas, así que dejé colgado el sueño en una nube, aunque seguí haciendo teatro. Con 17 años me surgió hacer infantiles en el Teatro Romea, y de repente unos chicos montaron allí una cosa que se llamaba Teatro de Cámara y Ensayo y que hacían Antonio del Cabo y Rafael Richard, consiguiendo que la censura les permitiera hacer solo una vez, una obra que estaba prohibida, trataban de crear una sociedad, con unos abonados que fueran a ver esas funciones. Hice un poco de radio, doblaje…

-Macarena: Yo también he tenido todo el mundo muy a favor, y muy ilusionados porque eso es lo que quería hacer.

-¿En cuanto a la formación también ha sido muy diferente?

-Julieta: Mi formación fue la práctica. En ese momento no tenía conciencia de que me estaba formando, pero todo aquel teatro de aficionados fue mi formación. Luego tuve la suerte de llegar al teatro profesional de la mano de Miguel Narros y José Luis Alonso, dos grandes maestros del teatro.

-Macarena: Efectivamente, y a mi es algo que me encanta de la profesión, que no necesariamente tienes que pasar por una escuela para ejercerla. Por ejemplo, en la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid, RESAD, tienes que pasar una serie de pruebas; a la primera no entré, entré a la segunda y puede que no hubiera entrado, porque hay mucha gente, muy buena y también hay una cuestión de suerte en esas pruebas, es una cuestión de un momentito. Si pasas la teórica, vas a la práctica, pero en ésta hay muchos factores que intervienen. Y siempre está bien la formación, pero puede que no tengas que entrar en la RESAD, o pagar una escuela para interpretar…

-Los cambios tecnológicos también han llegado al teatro, al cine o a la televisión. ¿Alguno de ellos no os ha gustado porque de alguna manera influye en la interpretación?

-Julieta: En el fondo es todo lo mismo, es hacerlo de verdad, con sentimiento, con corazón, estar conectado, ser orgánico… los medios son diferentes maneras de expresarse, pero la base es la misma. Cuando surgió la televisión, los vídeos, de algún modo se habló que el teatro se iba a acabar, y no ha ocurrido. Yo lo dije y presumo de haberlo dicho hace mucho tiempo, “el teatro nunca acabará porque el ser humano se aburrirá, necesitará el contacto humano”, y bueno fui un poco Casandra con mis amigos (dice entre risas). Además el teatro tiene la suerte de ser efímero, que muchos piensan que es un hándicap, pero yo pienso que es una suerte porque o lo pillas, o ya nunca más. Y luego encontrarte con la gente allí, en un ambiente con un encanto especial, donde hay una expresión artística emocional, de querer conectar con el público, de comunicarse, es un acto de amor. Y por tanto creo que nunca va a acabar, aunque vayan surgiendo más medios técnicos y puedas ver una película mientras vas en el tren, pero el teatro es algo especial… ¡en las cavernas se hacía teatro!.

-Macarena: Es que es un acto de amor, totalmente, es muy especial. A mí me gusta mucho el momento este de antes de salir al escenario donde después de calentar, te agarras a tus compañeros y nos decimos cosas que nos reafirman antes de salir al escenario y nos decimos “Vamos a hacerlos para ellos”, es un acto de amor hacia ellos, vamos a contar esta historia y vamos a poner todo nuestro cuerpo, nuestra alma, todas nuestras herramientas para contar esta historia a estas personas... Es total como se crea esa atmósfera tan potente.

 

-Julieta acaba de participar en la versión operística de La casa de Bernarda Alba, en el que sería su cuarto papel de la misma obra ¿pero cuál ha sido el papel que a lo largo de su carrera más la ha gustado interpretar?

-Julieta: Este último de la Bernarda, porque ya hice Adela cuando se estrenó en España por primera vez en el año 64, hice la Martirio en la compañía de Mª José Goyanes y Manuel Collado en el 76; hice la Poncia en una coproducción con Focus y el Centro Dramático Nacional, y no me quedaba más que hacer que la viejecita, y yo adoro ese personaje. ¡He disfrutado tanto!, y me ha venido como un regalo tan grande. A mi edad no pienso en ningún papel, muchos los he hecho y otros no puedo hacerlos porque por la edad ya ni se me ocurre pensar en ellos, ya se me ha pasado el arroz de alguno de ellos, pero este personaje le tenía ahí en el alero “como me gustaría cerrar ese círculo de la Bernarda interpretando a la Mª Josefa”, y me ha llegado este año, lo he disfrutado mucho.

-Y Macarena ¿Cuál es el papel que le gustaría hacer, quizás la Adela de Bernarda Alba?

-Macarena: La verdad es que un Lorca, cualquier personaje de Lorca me parece fascinante, pero ahora no tengo ningún papel en la cabeza que dijera éste. Al leer las obras de teatro de alguna manera vas simpatizando con tantos personajes, que Adela sería muy bonito, pero ahora no podría decirte ninguno en concreto.

 

Próxima Conversación entre dos generaciones: José Sacristán y Nacho Sánchez, el próximo 18 de febrero (inscripciones aquí).