• Miércoles, 12 de Diciembre de 2018

JL MARTÍN, HUMORISTA GRÁFICO, FUNDADOR Y DIRECTOR DURANTE AÑOS DE "EL JUEVES"

"Nos hemos hecho mucho menos tolerantes"

JL Martín formó parte del grupo de dibujantes que fueron los primeros en desafiar a un régimen franquista en descomposición y a su poderosa censura. Ahora ha creado el museo del humor gráfico en España, Humoristán.

JL Martín ha creado Humoristán para recuperar la cultura del humor gráfico español en los últimos 150 años.
JL Martín ha creado Humoristán para recuperar la cultura del humor gráfico español en los últimos 150 años.

Jose Luis Martín es uno de los grandes maestros del humor gráfico en España. Lleva más de 40 años haciéndonos reír con sus viñetas, formó parte del equipo fundador de El Jueves, y es el creador de personajes y obras que forman parte de nuestras vidas como Dios Mío, Quico el progre o la Biblia contada a los pasotas, publicación que le valió una condena a prisión que cumplió pasando cuatro años en libertad provisional.

Ahora su personaje Quico ha envejecido, y sus preocupaciones pasan más por el cuidado de los nietos, la pelea con las nuevas tecnologías y las goteras que provocan los años en la salud. JL Martín reparte su tiempo entre los dibujos, los libros y el proyecto titánico de mantener y ampliar un museo nacional del humor gráfico que es una delicia y un lujo para todos aquellos que nos hemos criado entre las páginas de las revistas, los tebeos y los cómic.

-¿Qué es Humoristán?

-Humoristán es el museo digital del humor gráfico español que impulsamos desde la Fundación Gin con el objetivo de promocionar todo lo relativo al humor gráfico. La idea era reunir los 150 o 160 años de humor satírico español en un mismo lugar que se pueda visitar desde cualquier lugar del mundo, 24 horas al día y 375 días al año.

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Dios Mío, uno de los personajes más conocidos de JL Martín.

-¿Y ya están todos?

-No están todos todavía, pero tras cuatro años de trabajo intenso estamos más que satisfechos. Aunque cuantitativamente aún nos falta mucho material para incluir en el museo, cualitativamente tenemos un 80%. Prácticamente todas las revistas importantes, todos los dibujantes principales y todos los personajes más populares ya están en la colección del museo que se va incrementando paulatinamente. Tenemos más de 6.000 dibujos que cubren la mayor parte del humor satírico español.

-¿Valoramos como se merece esta tradición de humoristas gráficos en España?

-Pues no. Nosotros no hemos recibido ayudas de ningún tipo para hacer este museo digital, y en ocasiones con argumentos humillantes, como que esto no es una iniciativa cultural y cosas por el estilo.

La tradición de revistas satíricas en nuestro país, desde finales del XIX ha sido muy importante, desde La Flaca a las revistas del primer tercio del siglo XX, que eran muy potentes porque no había ni radio ni televisión, entonces este tipo de revistas eran un medio esencial de hacer política y opinión entre la gente. Eran revistas de grandes tiradas y mucha influencia, lo que permitía que grandes artistas se pudieran dedicar a esto y tuviéramos unos dibujantes de una categoría sideral.

Ahora todo eso se está olvidando, porque en la era digital todo lo que es papel va quedando como muy antiguo y muy superado. Los periódicos y las revistas en papel viven una crisis que no superarán, porque ha cambiado el mundo, pero las revistas satíricas y los tebeos infantiles han sido importantísimos para la gente. Nos pareció que tenía que haber alguien que reuniera todo eso y lo dejara en la red para quien le interesara. Generacionalmente son los mayores de 50 o 60 años los que más nos visitan, pero también los estudiantes para que sepan que ha vivido gente como Mingote, Chumi Chumez, Sileno, Opisso o Cornet... dibujantes en su época muy importantes, muy populares y muy influyentes. Humoristán nos permite tener todo ese material clasificado, ordenado y muy fácilmente accesible.

-El humor gráfico se conserva muy bien y hay dibujos de hace 100 años que están de plena actualidad ¿Por qué?

-Los problemas genéricos de las personas son similares. El humor gráfico tiene esa virtud de la síntesis que hace que trascienda mucho en el tiempo. Si te fijas, en twitter se hinchan a poner dibujos de la transición, y de eso hace ya 45 años. Los chistes de aquella época tienen mucha vigencia porque al final los problemas son muy parecidos.

-Los dibujantes tuvieron un protagonismo importante durante la Transición.

-Era un momento muy divertido. Ahora se denosta mucho aquello de la Transición, se dice que estuvo muy mal hecho y que fue una bajada de pantalones. Yo que lo he vivido creo que es absolutamente falso. La España del tardofranquismo estaba en una disyuntiva tremenda. Por una parte la dictadura no podía seguir si queríamos estar en Europa, y teníamos que estar en Europa; y por otra, el régimen era poderosísimo.

Cinco minutos después de la Transición parecía que todo el mundo era demócrata, pero es absolutamente falso. Aquí la mayoría de la gente miraba para otro lado. Hay un momento en el que se empieza a resquebrajar la dictadura, se empieza a romper la censura y esto lo hace el humor gráfico. Los primeros que clavaron una bandera de libertad de expresión fueron los de Barrabás, que era una revista de humor deportivo que se atrevieron a satirizar al régimen abiertamente a través del deporte. En el fondo era el régimen el que nombraba al director general de Deporte, y criticar a Bernabeu o al presidente de la Federación Española de Fútbol Pablo Porta, era la primera manera que hubo de criticar al régimen.  

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Primer número de la revista El Jueves.

En ese momento hubo una verdadera eclosión de revistas satíricas. Además de Barrabás sale Hermano Lobo, sale Por favor, El Papus... y en cuanto el régimen sufre la primera grieta, por ahí entran todos los humoristas y luego también los periodistas. Cuando nace El Jueves (1977) es un momento de absoluta ebullición. Franco ha muerto, los franquistas están haciéndose el Hara Kiri en las Cortes preocupados porque no les corten el cuello si llega la democracia... es todo un momento de confusión, de lío... pero también de muchísima ilusión porque estaba claro que aquello no aguantaba. Yo siempre lo comparo con un partido de fútbol en el que nos enfrentábamos a los fachas, y que podían hacerte una entrada dura y lesionarte, pero el partido se iba a ganar seguro. Con esa sensación de victoria te atrevías a todo. Hacer una revista de humor entonces era super divertido. Nadie pensaba ni cuánto iba a durar la revista, ni cuánto te iban a pagar... éramos muy jóvenes, éramos muy gamberros, teníamos muchas ganas de que todo eso acabara y una manera de acabarlo era reírse de ello. Además, no teníamos ningunas perspectivas. Empezamos en mayo del 77 y nuestras aspiraciones eran pasar el verano, y luego pues ya se vería.

-Pero luego sólo quedó El Jueves.

-Las primeras revistas de la Transición, Hermano Lobo, Por Favor, El Papus... eran revistas muy en clave política. El Jueves era un poco postransición en el sentido de que ya nos propusimos hacer no sólo política, sino hacer humor de la vida, es decir, hacer un poco de todo, también sexo, religión, costumbres... y esta fórmula nos permitió resistir un poco cuando vino el desencanto, porque pocos años después todo eso era una mierda. Ya sabemos cómo somos los españoles que nos cansamos de todo, y cerraron casi todas.

El Jueves nos quedamos como el coche escoba y fuimos recogiendo a Forges, Perich, Oscar, Gin, Ventura y Nieto y acabamos haciendo una especie de Dream Team del humor gráfico, cosa absolutamente imprevisible dos años antes cuando hicimos en primer número. Fueron momentos profesionalmente excitantes porque había muchas oportunidades.

-¿Cuesta más ser transgresor ahora?

-El problema es que nos hemos hecho mucho menos tolerantes, no solo la parte más conservadora de la sociedad, sino también la parte presuntamente más progresista, y nos hemos inventado esto del delito de odio que es un lío importante. Cualquier cosa puede ser delito de odio, ahí cabe todo, y eso es un problema. El humor tiene el límite de las leyes. En todo caso hay que cambiar la ley. A veces nos cabreamos mucho con los jueces, pero los jueces aplican la ley.

Antes se ofendían los llamados poderes fácticos, el ejército, la monarquía, la Iglesia... pero es que ahora se ofende todo el mundo. Tu haces un tuit y el colectivo gay, o el colectivo feminista, o el colectivo mediopensionista cree que es un comentario inadecuado y te montan un pollo de narices.

-¿Se hace ahora humor sobre el tema catalán?

-Sobre el tema catalán es absolutamente conveniente hacer humor y afortunadamente hay mucha gente que lo hace, aunque es cierto que ahora mismo aquí (Barcelona) es un poco más difícil. No es que se tiene que hacer, es que el humor está para eso, para relativizar las cosas, para buscar el sentido del ridículo. Lo que no puede ser el humor es sectario, pero tiene que ser lo más corrosivo posible.

-Ahora Quico es jubilata. ¿En quién se inspira?

-Yo soy abuelo y tengo cuatro nietos. A mí me gusta mucho el humor costumbrista, de las pequeñas cosas, y soy admirador del humor anglosajón que dedican mucho espacio a criticar las cosa cotidianas. Lo que tienes que hacer es andar con los ojos abiertos e ir mirando a tu alrededor. Muchas de las tiras del Jubilata vienen de la experiencia, porque hemos entrado en el capítulo de las pastillas, de los dolores en las articulaciones, ya tienes amigos que han tenido enfermedades serias, el médico te prohíbe comer no se qué cosas, la gente tiene colesterol, todos tenemos nietos y vemos cómo los educan nuestros hijos y nos parece una cosa disparatada... es decir, lo que se llama hacerse mayor que de repente todo te parece más absurdo y todo lo harías de otra manera, cuando en realidad estamos siendo arrollados por un nuevo mundo que es lo que toca.