• Miércoles, 12 de Diciembre de 2018

EXPOSICIÓN `ESPÍAS: SERVICIOS SECRETOS Y ESCRITURA CIFRADA EN LA MONARQUÍA HISPÁNICA´ HASTA JULIO 2019

Simancas nos acerca al origen del `James Bond´ español

Historias de espías, mensajes cifrados, instrucciones para algunas `misiones´, son algunas de las sorpresas que nos aguardan en la exposición que el Archivo de Simancas (Memoria del Mundo) ha organizado sobre los Servicios de Inteligencia en la Monarquía Hispánica. ¿Quieres saber quien fue el primer jefe oficial de los Servicios Secretos?

Sala Juan de Herrera del Archivo Histórico de Simancas.
Sala Juan de Herrera del Archivo Histórico de Simancas.

La carta que Juan Velázquez de Velasco envió a Felipe III (1599) para que le nombrara oficialmente jefe de los servicios de inteligencia de la Monarquía Hispánica es uno de los documentos `estrella´ de la exposición Espías: servicios secretos y escritura cifrada en la Monarquía Hispánica que el Archivo General de Simancas (AGS), dependiente del Ministerio de Cultura y Deporte, mantendrá  abierta hasta julio de 2019.

Velázquez que finalmente obtuvo el cargo de Superintendente General de las Inteligencias, oficio que acabaría denominándose Espía Mayor de la Corte, había sido Capitán General de Guipúzcoa y Alcaide de Fuenterrabía entre 1590-1598. Durante este período había adquirido una gran experiencia en el ámbito del espionaje, dirigiendo incluso destacadas misiones, como el intento de tomar la ciudad francesa de Bayona (1595).

Experiencia que le valdría para obtener un amplio conocimiento sobre el funcionamiento de los Servicios Secretos, e identificar los agujeros por donde se escapaba la Información. De ahí que junto con su nombramiento, en la misiva que envió al Rey propusiera algunas mejoras a realizar en el servicio, como más coordinación entre los distintos agentes, colocarlos bajo su único control y la centralización de toda la información obtenida por los espías.

Esto le garantizaba el acceso a toda la información, analizarla y preparar informes útiles para la toma de decisiones, dirigidos al Monarca, al Consejo de Estado y al Consejo de Guerra. Casi al final de la carta, Velázquez recordaba la importancia del espionaje para el buen funcionamiento del gobierno de la Monarquía Hispánica, indicando que “Esto es lo que se me ofrece sustancial para servir a Vuestra Majestad en el negocio de más importancia que hay en su real servicio, pues todas las acciones de sus Consejos de Vuestra Majestad penden de saber lo que hacen nuestros enemigos”.

Velázquez es considerado por muchos el primer antecesor remoto del director del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), dando actualmente nombre también al Instituto de Investigación en Inteligencia para la Seguridad y la Defensa que la Universidad Carlos III de Madrid, creó en colaboración con el CNI para fomentar la investigación interdisciplinar y la actividad docente sobre los fundamentos, los medios, los recursos y el marco de actuación de los servicios de inteligencia; y para conocer y prevenir los riesgos, peligros y amenazas a la seguridad nacional e internacional.

mayor_actual_expoSimancas_docu2y3Documentos de instrucciones y de cifras entregados a Juan Seguí para el `trabajo´ que debía realizar como espía en Constantinopla por encargo del Secretario de Estado Foto: AGS.

Junto con la misiva de Velázquez, la exposición dividida en tres ámbitos, recoge en este primero sobre `La organización del espionaje´, todas las cuestiones relativas a la infraestructura institucional, normativa reguladora, financiación, etc. de los servicios de inteligencia.

Tomando aquí también especial relevancia otros dos documentos, unas instrucciones y una cifra entregados por el Secretario de Estado al espía menorquín Juan Seguí, sobre un `trabajo´ que debía realizar en Constantinopla (Estambul) en 1586. La conservación de la documentación entregada a los agentes de los servicios secretos cuando se les encargaba una determinada misión, no era habitual ya que como estamos acostumbrados a ver en las películas de espías se destruía inmediatamente.

Seguí que había sido capturado muy joven junto a su familia por los turcos en Menorca, y conducidos a Constantinopla, logró escapar y regresar a la isla, pero su conocimiento del terreno le llevó a viajar de nuevo a la entonces capital del Imperio Otomano, donde realizó gestiones relativas al rescate de cautivos. Además sus problemas con la Inquisición, que le llevarían a prisión, y al destierro le devolverían a la actual Estambul, a la que iría en 1586 ya como miembro de los servicios de inteligencia de Felipe II.

Fue entonces cuando le entregaron los citados documentos, donde se le indicaban múltiples cuestiones, como con que agentes debía contactar al llegar a su destino; qué debía decir si los turcos le preguntaban a qué había ido (a gestionar el rescate de cautivos menorquines); su objetivo: obtener información de su hermano, José Seguí, que había renegado de la fe cristiana y llegado a ser capitán de galera; y cómo y a quién enviar la información conseguida.

Esta última debía enviarse en cartas cifradas (de acuerdo con la cifra que había recibido) que debía remitir, por duplicado y a través de Venecia, al Virrey de Nápoles (Reino integrado en la Monarquía Hispánica), el cual a su vez haría llegar la información a la Corte de Felipe II; y debía ocultar la autoría de esas cartas, firmándolas con el nombre falso de `Pedro Abella´.

Los documentos incluyen también algunas recomendaciones y condiciones sobre su trabajo, como que no debía hablar con ninguna mujer turca; no podía comunicar a su hermano que era espía a no ser que tuviese la seguridad de que su hermano le iba mostrando su afecto progresivamente, sin fingir, pudiendo entonces confesarle que era un espía “en el modo y forma que se le ha dicho de palabra”; o el sueldo anual que debía recibir.

Precisamente la falta de abono del sueldo, es lo que hizo que se conserve el documento de instrucciones. En agosto de 1588 Seguí viajó a Nápoles para quejarse ante el Virrey, porque no recibía su sueldo, presentándole las instrucciones y la cifra que había recibido en 1586 cuando le contrataron sus servicios, y aquel reenvió esta documentación a Madrid, incorporándose al fondo documental del Consejo de Estado. Por ello se conservan estos documentos en el AGS.

Solventado de momento el tema salarial, Seguí regresó a Constantinopla a finales de 1588 y continuó trabajando para el servicio de inteligencia. En noviembre de 1597 se quejó de que le habían reducido el sueldo progresivamente, solicitando una subida de salario para que “pueda pasar mi vejez con algún poco descanso y pagar las deudas que he hecho”, en caso contrario se vería obligado a ir a la Corte a explicar al Rey su miserable situación: “otramente yo no puedo sustentarme con lo que se me provee agora y por necesidad ser forzado salirme de acá y andarme a presentar ante Su Majestad y de boca decirle de mi miseria”.

Cervantes y Quevedo, espías

La historia de Seguí bien podría incluirse en el segundo ámbito que conforma la exposición del Archivo de Simancas, y que bajo el título de `Los espías´, está orientado a ilustrar el mundo concreto de los agentes: sus métodos de espionaje y transmisión secreta de la información, las motivaciones y tipos de espías, el contraespionaje, doble espionaje, etc.

Muchos de estos temas y aspectos específicos del día a día de los servicios secretos salen a la luz en las biografías de múltiples agentes de los siglos XVI-XVIII, reflejadas en los testimonios documentales expuestos como la del vallisoletano Martín de Acuña, vinculado al contraespionaje y agentes dobles; el comunero Antonio Rincón, al servicio del Rey de Francia contra los intereses de Carlos V; el espía veneciano Andrea Moresin, empalado por los turcos en Alepo por ayudar al Emperador; el confidente judío de Benarax, informando de un posible ataque de Barbarroja contra Orán; el judío Astrume, presunto espía turco en Nápoles; el navarro Sebastián de Arbizu y la vascofrancesa Señora de Urtubia, agentes de la Monarquía Hispánica en Francia; etc. Tampoco faltan documentos relativos a personajes famosos, como los escritores Miguel de Cervantes y Francisco de Quevedo, o el pintor Pedro Pablo Rubens, que realizaron actividades de espionaje en algún momento de su vida.

mayor_actual_expoSimancas_docu4Plano del recinto fortificado de Bayona (Francia) Foto: AGS.

Tanto en este ámbito, como en el de `La organización del espionaje´ aparecen también varias representaciones gráficas (de los siglos XVI-XVIII) de espacios territoriales vinculados con el mundo del espionaje o con la vida de determinados agentes, e incluso mapas o planos realizados por los mismos espías. Es el caso, por ejemplo, de un plano del recinto fortificado de Bayona (Francia), realizado por un espía, posiblemente en 1542.

Documento que constituye un valioso testimonio de la actuación de los servicios secretos de la Monarquía Hispánica, orientada a obtener información valiosa sobre las estructuras defensivas de esta estratégica ciudad francesa, útil para preparar una empresa militar para su conquista.

En el plano están representados de manera detallada: las murallas y torres; las distintas puertas de entrada; el Adur (el río más ancho que desemboca en el Golfo de Vizcaya); el Nive (el río más estrecho que atraviesa el recinto amurallado para desembocar en el Adur); los dos accesos por este río al recinto, cada uno de ellos defendido por cadenas (para impedir la entrada de embarcaciones enemigas); el puente del Santo Espíritu, sobre el río Adur; el castillo viejo y el castillo nuevo; etc.

La escritura cifrada

El tercer ámbito, de esta exposición sobre `Espias y servicios secretos de la Monarquía hispánica´ está dedicado a `La escritura cifrada´, centrándose en el ámbito de la criptografía, muy vinculado a la diplomacia y servicios secretos.

En esta sección se exponen varias claves de los siglos XV-XVI destinadas al cifrado y descifrado, junto con algunos documentos que fueron encriptados de acuerdo con ellas.

mayor_actual_expoSimancas_docu5Cifrado que utilizaban en la correspondencia que utilizaban los RR.CC con el embajador en Inglaterra (Foto: AGS).

Una de las claves más interesantes expuestas es una cifra de 1495 o 1496, aplicable al cifrado de la correspondencia que mantenían los Reyes Católicos con Rodrigo González de la Puebla, conocido como Doctor Puebla, su Embajador en Inglaterra entre 1487-1508.

Puebla, considerado el primer Embajador permanente en Inglaterra, fue enviado a Londres para dirigir la negociación del matrimonio de la Infanta Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos que por entonces tenía tres años; con Arturo Tudor, Príncipe de Gales e hijo de Enrique VII, Rey de Inglaterra. Se casaron en 1501, un matrimonio breve de apenas cinco meses por la muerte prematura de Arturo. Catalina se casaría con su hermano y sucesor, el Rey Enrique VIII, quien la sustituiría, por Ana Bolena.

El Embajador Puebla mantuvo una amplia correspondencia cifrada con los Reyes Católicos. Una de las claves más antiguas, aplicadas a esas cartas, es la cifra mencionada, de finales del siglo XV. Se trata de un documento de 71 hojas donde se relacionan 2400 cifras (números romanos) de múltiples palabras y expresiones, las cuales figuran agrupadas alfabéticamente conformando un voluminoso diccionario criptográfico, empleando un sistema de sustitución. Por ejemplo, en el epígrafe de la letra E figuran las cifras (números romanos) que debían reemplazar a diferentes expresiones, tal y como se muestra a continuación:

«E

El Papa...................................... DCCCLXX [870]

El Rey de los Romanos.............   DCCCLXXI [871]

El Rey e la Reina de España.....  DCCCLXXII [872]

El Rey de España......................  DCCCLXXIII [873]

La Reina de España..................  DCCCLXXIIII [874]

Vuestras Altezas........................  DCCCLXXV [875]

El Príncipe de España............... DCCCLXXVI [876]

Las Infantas de Castilla............. DCCCLXXVII [877]

El Reino de Castilla................... DCCCLXXVIII [878]

El Reino de Aragón...................  DCCCLXXIX [879]

El Reino de Sicilia...................... DCCCLXXX [880]

El Rey de Francia...................... DCCCLXXXI [881]

La Reina de Francia.................. DCCCLXXXII [882]

El Delfín su hijo..........................     DCCCLXXXIII [883]

El Reino de Francia................... DCCCLXXXIIII [884]

El Duque de Orleáns.................  DCCCLXXXV [885]

El Duque de Borbón..................  DCCCLXXXVI [886]

Madame de Borbón su mujer....  DCCCLXXXVII [887]

[...]»

Esto es solo una parte del apasionante viaje que propone esta exposición del Archivo de Simancas al siempre sorprendente y misterioso mundo de los servicios de inteligencia en los siglos XVI-XVII. El espionaje constituyó un instrumento esencial de los estados modernos, estrechamente ligado al surgimiento de la monarquía autoritaria, la diplomacia permanente y las teorías políticas que lo avalan, como el maquiavelismo y el concepto de `Razón de Estado´ de Giovanni Botero.

Además de los documentos mencionados, la exposición la forman más de 70, la mayoría procedente del fondo documental generado por el Consejo de Estado entre los siglos XVI-XVII, organismo presidido por el mismo Rey, cuyas competencias estuvieron centradas, fundamentalmente, en los asuntos más relevantes del ámbito de la política exterior como negociación de guerras, paces y tratados internacionales; nombramiento de embajadores y agentes en el extranjero; obtención de información a partir de ellos; etc.

Por ello, el fondo documental de este Consejo, conservado en el Archivo de Simancas, atesora un inmenso arsenal informativo que en su día fue imprescindible para la toma de decisiones al máximo nivel, y que fue progresivamente suministrado por virreyes, gobernadores, embajadores y otros agentes al servicio de la Monarquía Hispánica, muchos de los cuales disponían de su propia red de espionaje que les facilitaba información.

Por motivos de seguridad, muchos de estos informes, llamados avisos, fueron escritos, total o parcialmente, en lenguaje cifrado, siguiendo métodos criptográficos.

Simancas, Memoria del Mundo

El Archivo General de Simancas, está inscrito en el Registro de la Memoria del Mundo de la UNESCO, lo que supone el reconocimiento internacional de esta institución archivística, tanto por los fondos documentales que custodia como por su relevancia en el gobierno y la administración de los territorios de la Monarquía Hispánica durante el Antiguo Régimen.

Junto al Archivo de Simancas están incluidos también los archivos de Santiago Ramón y Cajal; la Escuela española de Neurohistología y al Códice Calixtino de la Catedral de Santiago de Compostela y otras copias medievales del Liber Sancti Jacobi, como bien del Patrimonio Documental Español y está inscrito en el Registro Internacional de la Memoria del Mundo de la UNESCO.

Exposición `Espías: servicios secretos y escritura cifrada en la monarquía hispánica´. Archivo General de Simancas, Simancas (Valladolid) hasta julio 2019. Horario de apertura: de lunes a domingo de 10:00 a 14:00 h. y de 17:00 a 21:00 h. Entrada gratuita.
Más información: Tfno: 983 59 00 03.
Información facilitada por el Departamento de Difusión del AGS.