• Jueves, 20 de Septiembre de 2018

La vejez ha sido tradicionalmente contemplada como una etapa de la vida en la que las necesidades sexuales estarían ausentes, en la que las personas ya no están interesadas ni tienen capacidades para llevar una vida sexual activa. Cuando pensamos en términos de deseo y atractivo sexual, por ejemplo, es la juventud y los cuerpos juveniles lo que nos viene a la mente. Los cuerpos mayores, la carne flácida y la piel arrugada, raramente nos los imaginamos como atractivos sexualmente, o siquiera como capaces de sentir deseo y placer.

Estos prejuicios afectan especialmente a las mujeres mayores debido a que tradicionalmente la belleza y lo juvenil ha tenido un peso mayor que en el caso de las mujeres que en de los hombres. Otros colectivos, como pueden ser las personas mayores LGTB o la personas mayores que presentan dependencia, enfermedades mentales o demencias, también han sido particularmente afectadas por esta negación de la sexualidad asociada a la vejez.

 

"Los cuerpos mayores, raramente nos lo imaginamos como atractivos sexualmente"

 

Es cierto que, desde el punto de vista corporal, envejecer afecta a la capacidad sexual de las personas. En el hombre supone en algunos casos una mayor dificultad en la erección y un incremento del periodo refractario, es decir, del tiempo que pasa desde que se tiene una erección hasta que se puede tener la siguiente. En las mujeres, la lubricación vaginal puede verse afectada y convertir en algunos casos la penetración en algo doloroso.

A pesar de esos cambios, y de las creencias que estigmatizan la sexualidad en la vejez, la investigación realizada en este ámbito sistemáticamente desmiente que las personas mayores no estén interesadas o no sean capaces de expresarse sexualmente. Los estudios realizados, en nuestro país y en otros, muestran que la mayoría de personas mayores, y especialmente aquellos que tienen pareja, pueden y siguen siendo sexualmente activos hasta edades muy avanzadas. Esta tendencia a seguir siendo sexualmente activo en la vejez probablemente se incrementará en el futuro, cuando las generaciones que crecieron en el ambiente sexualmente más libre de la transición y la democracia, lleguen a mayores.

Claves para disfrutar del sexo con los años

Las claves para seguir disfrutando de la sexualidad en la vejez son muchas. En primer lugar, hemos de dejar de pensar que los cambios corporales asociados a la vejez son barreras insalvables para expresarse sexualmente. Por suerte, hoy disponemos de alternativas para mitigar ciertas dificultades sexuales que en ocasiones se dan en los mayores. Fármacos como la viagra o la existencia de lubricantes pueden ser de ayuda para solucionar algunos de esos problemas. En todo caso, hemos de pensar que la existencia de dificultades sexuales no es algo irreversiblemente asociado a la vejez, y que cuando aparecen lo mejor es consultar con un especialista, porque podrían tener solución.

En segundo lugar, y más allá de los desafíos que nos plantea un cuerpo que envejece, hemos de liberarnos también de ciertas barreras mentales. Por ejemplo, hemos de dejar de vincular la sexualidad a un único comportamiento: el coito con penetración que acaba en orgasmo. La sexualidad, por suerte, es mucho más que eso, e incluye expresiones muy diversas, que en su mayoría de ellos no se ven afectadas por la edad. Optar por un modelo de sexualidad que en lugar de la potencia y el rendimiento físico priorice el intercambio emocional, la comunicación y la intimidad, más que la potencia y el rendimiento físico, permite mantener o incluso incrementar el disfrute y placer que se extrae de la relación sexual con independencia de la edad.

 

"Hay que dejar de vincular la sexualidad solo al coito. Priorizar el intercambio emocional frente al rendimiento físico"

 

Por último, también se ha de desdramatizar la sexualidad, que ha de dejar de ser un espacio en el que uno se juega su ego, donde el miedo a fallar está presente (especialmente los hombres), para pasar a ser un espacio lúdico, de goce y de libertad, donde todo está permitido si las personas implicadas lo aceptan y están de acuerdo. Un momento para gozar del y con el otro, o bien de uno mismo si se realiza en solitario.

En suma, la sexualidad es una dimensión vital que está presente en todas las etapas de la vida. Disfrutar una vida sexual acorde con nuestras preferencias y deseos es un elemento que contribuye de manera importante a la salud y calidad de vida, con independencia de la edad de la persona. La sexualidad es, además, un derecho reconocido por organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud, un derecho que obviamente ni caduca ni al que tengamos de renunciar cuando nos hacemos mayores.